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Sergio Gómez Montero*
Moriré de caballos, de pedradas azules,
con la patria en mis ojos y la flor enmohecida de todos los fracasos
H. F. Rivella: “Moriré de caballos”

¿Por qué lo electoral lo echa todo a perder? Leo, hoy, estupefacto, que en Baja California el 84% de la membresía de Morena fue antes militante del PRI, a la vez que el presidente municipal de Tijuana se queja de las amenazas y sabotajes en su contra y su ayuntamiento por parte del actual gobernador del estado, Jaime Bonilla Valdez. ¿Todo por qué? Sí, porque en el 21 habrá elecciones estatales y la lucha preelectoral está a todo lo que da: generando verdaderos y caudalosos ríos de podredumbre humana. Insisto: ¿ése es hoy el sello distintivo de la política?

Es característico de los pensamientos actuales (de los filósofos actuales) insistir en la desesperanza y la desilusión, como si los humanos hubiéramos llegado a un punto en donde todo lo hecho hasta hoy por nosotros, los humanos, debiera vaciarse en el tambo dela basura, porque virtualmente de ello nada se puede salvar. Nada, porque todo lo realizado del siglo XVII en adelante lo hemos hecho, en efecto, bajo el amparo de un sistema social, el capitalismo, que todo lo echa a perder y no hay posibilidad ninguna de salvarlo mientras tal sistema continúe dominando socialmente: ni en el terreno de la economía (la polarización de la riqueza ha llegado a cifras espeluznantes, basta leer los informes de Oxfam) ni en lo que se refiere a los valores morales que rigen la vida humana, comenzando precisamente por la política, que ha perdido su carácter de controlar, de manera pacífica, las disputas por el poder entre los diferentes grupos sociales. En ambos terrenos la desigualdad es manifiesta.

Se puede argumentar válidamente que tal es una tarea hercúlea (cambiar), pero ello no debiera impedir la necesidad de ese cambio. Pero, ¿realmente qué hemos hecho al respecto por ejemplo aquí en México, en donde después de 18 años de insistir por fin se pudo que un grupo de militantes políticos acumularan 30 millones de votos para lograr así apoderarse del gobierno de un país destruido, devastado después de 38 años de neoliberalismo? Pero los daños causados por el neoliberalismo apenas se comienzan a visualizar: más de 50 millones de pobres (la mitad de la población total), un tejido social totalmente destruido por la violencia criminal, un machismo arraigado y una clase media no muy extensa pero sí muy escandalosa a la que utiliza a su antojo la burguesía del país, haciéndole añorar de manera continua los “beneficios” que el consumo les prodigaba, según ellos, a todos.

Por eso existe, en el país, una población anhelante (aproximadamente 80 millones de habitantes), unos, los pobres, a los que les urge, con justa razón, salir de la pobreza; en tanto que otros, la cada vez más minoritaria clase media, que claman (y se dejan engañar por el empresariado y sus intelectuales orgánicos que tienen copados aún los medios de difusión) por regresar al consumo sin sentido que tan dura pero certeramente ha sido analizado, entre otros, por Lipovetsky.

Atrapados en ese hoyo negro, no queda sino preguntarse si acaso existe esperanza de dejar atrás al capitalismo, pero más que nada a su hija malformada de la democracia electoral.
Una tarea política de dimensiones mayúsculas.

*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada
gomeboka@yahoo.com.mx

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