ISEGORÍA: La lucha por el poder

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Sergio Gómez Montero*
La política, en esencia, es la lucha por el poder, pues pugnar por la organización de una comunidad no es sino pugnar por tener el control social de esa comunidad en la que se habita. Largo y tendido se puede hablar de esto y no siempre se puede llegar a las mismas conclusiones. Así hoy, por ejemplo, esa lucha por el poder se expresa de manera muy diferenciada en dos países cuya vida social impacta a la nuestra. Por un lado Bolivia, en donde su Presidente Luis Arce afirma que ante la debilidad de las izquierdas (las pugnas entre él y Evo Morales) fue que se crearon las condiciones que generaron el fallido golpe Estado de hace unos días. Por otro lado, el derrumbe físico del anciano Biden le abrió una supercarretera al super derechista Trump para que éste llegue triunfante a la Presidencia del país vecino el diciembre próximo.
Ello marca diferencias muy sensibles con el México contemporáneo, en donde si bien asimismo se está disputando el poder de manera intensa, esta lucha se encamina por senderos mucho más amistosos, que en apariencia parecen borrar las diferencias tan intensas que, en otros países, se dan entre dos bloques: uno, que se inclina por un ultra derechismo capitalista a ultranza; en tanto que en otros la tendencia es clara hacia diferentes variantes socialistas, caminando cada uno de esos bloques por senderos que hasta ahora no se cruzan. El dilema social allí implícito es qué tanto aquellos países como México, que parecen no inclinarse abiertamente por ninguna de las dos posiciones extremas (socialismo o ultra derechismo capitalista) podrán continuar por la senda actual, sin verse contaminado por esas posiciones extremas. Por ejemplo, la oposición conservadora que compitió en las elecciones últimas se inclinaba abiertamente por inscribir al país si no en un ultra derechismo abierto, sí pugnaba por un retorno del neoliberalismo que, vía la corrupción, tanto favoreció a ciertos grupos empresariales y políticos del país los años inmediatos anteriores.
La lucha por el poder en el México de nuestros días es, pues, relativamente confusa, porque no hay una definición clara de hacia dónde se camina: hacia las ideas de Adam Smith de un capitalismo benefactor, totalmente idealista, o hacia un verdadero sistema social que de manera más sistemática proteja los intereses sociales hasta hoy desprotegidos de las grandes mayorías sociales. Caminar así, en base a esa utopía, tarde que temprano va a conducir a la ruptura de la coyuntura, y las fuerzas expectantes de la ultra derecha, en la primera oportunidad (sea electoral o no), intentarán tomar el poder.
¿Qué tan conscientes estarán de ello los nuevos gobernantes del país? Acá, desde la tribuna periodística, a uno sólo le queda hacer la pregunta y la sugerencia de mantenerse atentos y ojo avizor. Ojalá y lo antedicho no caiga en saco roto.
*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada

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