ISEGORÍA: La guerra de las esperanzas

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Sergio Gómez Montero*

Por allá estará el mar
 el que voy a comprarme
que veré para siempre

I. Villarino: “Por allá estará el mar”

 

Cada quien por su lado, pero nadie pierde las esperanza y por eso la guerra se mantiene. Unos fincan sus esperanzas en que ahora sí, al fin, suceda un milagro y las fuerzas del fraude ahora sí se rindan ante la ley. ¿Será? Otros, claro, le apuestan todo al fraude y esperan que éste vuelva a operar igual que hace seis años y hace doce. En eso fincan su esperanza.

¿Las oraciones de quiénes finalmente triunfarán? De momento es difícil saberlo y por eso la batalla se mantiene en todo su fragor. Nadie cede un paso en lo que se considera son los momentos finales de la contienda, en donde lo que sigue predominando, como es común en cuestiones políticas en México, es la especulación, y en donde por eso no le cuesta trabajo a Jorge Castañeda, El Güero, afirmar sin que le tiemble la voz, de la existencia del pacto Peña Nieto-AMLO para llevar la fiesta en paz los últimos días de la campaña, lo que, desde luego, causa mucha inquietud entre quienes participan en esa fiesta de truenos y estallidos por todas partes. Paz y amor con los empresarios y tengan ustedes la seguridad que nada fuera de lo normal va a pasar cuando él tome posesión.

¿Nada realmente va a pasar cuando él tome posesión? ¿Quién?

Es decir, habría que retomar entonces lo que desde tiempo atrás se ha planteado el Consejo Nacional Indígena y el EZLN: un proceso electoral burgués lo único a lo que conduce es a una ficción de cambio, en donde lo único que llega a suceder es un fraude mayúsculo o promesas incumplidas siempre de que todo va a cambiar. Es amargo el que las esperanzas de sectores muy amplios de la población se frustren así, al verse esas esperanzas rotas, bien sea porque ellas no se pueden concretar debido al fraude, bien lo sea porque ellas sufren el engaño del cambio. Hoy, paulatinamente, los indicios del fraude son cada vez mayores: desde modificaciones en la papelería hasta la compra cínica y burda casi del voto, mientras que AMLO declara la continuidad sin cambios del régimen social. Así pues, más que guerra de esperanzas lo que hoy existe es sólo un intercambio inútil de promesas en donde, el predominio de un candidato a lo largo de las encuestas, ya lo dijo el INE, nada indica, pues el fraude, de último momento, le puede dar la victoria, si quiere, al que se mantuvo en el último lugar de las encuestas durante toda la campaña.

De ese tamaño puede ser el engaño de un proceso electoral burgués.

Más como sea, fincar la lucha electoral sólo en la esperanza y no en la victoria implica, debe considerarse, en conformarse con la mediación que a nada conduce, pues el ganancioso de antemano es siempre el Estado, pues él es, desde el principio, el encargado de organizar y conducir todo el proceso electoral.

Fincar la lucha en la esperanza es sólo morir engañado desde el principio. O se lucha para ganar o mejor no se lucha.

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

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