ISEGORIA: ¿Hacia la izquierda?

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Sergio Gómez Montero*
Sorprendentes, en algunos sentidos, los resultados electorales recientes de Europa –la resistencia del centrismo en el Parlamento Europeo, el triunfo de los laboristas en Inglaterra y en particular la victoria del izquierdismo en Francia– que, en lo inmediato, hablan de un cansancio evidente de la población ante las políticas neoliberales que los gobiernos de derecha impusieron durante más de veinte años en toda aquella región. Pero, ¿y más allá de eso qué? Es pronto para contestarlo, pero de que habrá cambios, los habrá.
Lo primero e indudable, son las modificaciones en políticas gubernamentales que se registrarán en aquellos países, que no aguantaban ya las restricciones económicas que para la mayoría de la población implica el neoliberalismo. Poco, pero sin duda, habrá políticas económicas más flexibles y menos atosigantes. Por ejemplo, la población migrante de los países de aquella región de seguro no será ya objeto de persecuciones racistas y xenófobas.
Pero, en donde en realidad comienzan las interrogantes –que son las que más interesan para el país– es si, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones en Estados Unidos, habrá cambios en términos de relaciones internacionales, que pongan freno al capitalismo rapaz que ha sido el acompañante infaltable del neoliberalismo durante los años últimos. ¿Se podrán, por ejemplo, entre otras cosas, frenar los efectos destructivos para el planeta del cambio climático; se podrá avanzar en la lucha feminista y por la igualdad de géneros y, sobre todo, se modificarán las relaciones capital-trabajo? Si eso llegara a suceder es evidente que se modificarían, aunque fuera un poco, las relaciones intercontinentales, pues habría mayor identificación entre los gobiernos de Europa y los de América Latina para lograr avances mutuos.
No es pues sólo echar vivas por los triunfos electorales recientes registrados en Europa. Ello requiere ver con objetividad cómo tal cosa puede influir positivamente para ir modificando poco a poco, de manera pacífica, las relaciones de poder que hoy movilizan al mundo en su conjunto y que han impulsado desde tiempo atrás, con el neoliberalismo, las reglas absurdas y atosigantes de un capitalismo salvaje que se niega a ver como posibilidad la existencia de un mundo en donde prevalezcan reglas de intercambio justo y de cooperación para preservar las sanas relaciones entre hombre y naturaleza.
Puede que sea un optimismo desbordado el hasta aquí expresado. Pero en términos de política internacional los panoramas a la vez que cambiantes le hacen a uno, siempre, verlos con optimismo pues existe una gran confianza en que las masas son las que, también siempre, son las que determinan el destino final de las naciones, al margen de lo que, en un determinado momento, acuerden los gobiernos.
Por hoy, bien por los recientes resultados electorales registrados en Inglaterra y en Francia.
*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada

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