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Sergio Gómez Montero*

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo

M. Ana: ·Mi corazón es patio”

 

Una de las características de los países al sur de Estados Unidos en nuestro continente es que, por lo común, su economía y sus gobiernos, hasta hoy, han estado sometidos al capitalismo liderado por Estados Unidos y ello ha impedido que hasta la actualidad una región planetaria que tiene antecedentes ambientales e históricos comunes pueda alcanzar la unión que fortalecería su influencia planetaria.

Como sea, pero hoy me encuentro triste y contento a la vez por dos hechos aparentemente desconectados pero que se refieren ambos a lo que mencionaba en el párrafo anterior: Brasil y México caminando hoy de manera paralela y rompiendo así la posibilidad de fortalecer una posible alianza regional que consolidase los interese de todos los países al sur de la frontera de Estados Unidos. Si esa hegemonía se lograse, mucho se avanzaría en la construcción de un nuevo orden planetario. Pero hoy, el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil no sólo dificulta sino que fortalece la presencia de las fuerzas más oscuras del gobierno de Estados Unidos en Latinoamérica, pues la presencia del neofascismo en ese país no sólo apretará el cinturón de la pobreza, sino –para mí lo más grave– reducirá en mucho las libertades civiles que el Partido del Trabajo de Lula y Dilma habían conquistado durante su mandato. Explicarse qué fue lo que pasó hoy en Brasil tendría mucho que ver con el clima de violencia que allí prevalece y el temor de los habitantes de ese país a que ese clima se incremente, por lo que optaron por la opción de fuerza y represión que representa Bolsonaro.

Por el contrario –ya lo expresó claro y contundente el mismo López Obrador–  en México se comienza a recorrer el camino de una democracia popular base del fin de la corrupción que particularmente los años últimos nos tenía, en el país, atosigados, empobrecidos, sometidos a los señores del dinero, quienes carentes de freno podían expoliar sin medida al país. Quizá la consulta popular, que marca un cambio radical (de raíz) de rumbo en la forma de gobernar a México, moleste a los 16 supermillonarios y sus adláteres, pues ello implica romper definitivamente con las reglas que predominaron los años últimos para acumular riqueza en el país, pero a partir del primero de diciembre del año actual, con la predominancia de dos poderes, el Legislativo y el Ejecutivo, una nueva forma de gobierno del país entrará en juego.

Pero cuidado, hay que estar preparados: se avecina, como nunca, una andanada de ataques aviesos en contra del gobierno que ya pronto se viene, porque la hegemonía (habría que volver con Gramsci) que hoy con dificultades se construye será objeto de complots (siguiendo el vocabulario de AMLO) de todo tipo, muy parecidos a los que, en el caso de otros gobiernos sudamericanos, ya han sufrido. Hay que estar preparados, necesitamos, ya, una América Latina fortalecida y actuante para que así ella se convierta en un muro que no permita que se expanda el poder del capitalismo norteamericano.

Si, se vienen años de luchar juntos arduamente para defender y fortalecer a la democracia popular que impulsa López Obrador.

Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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