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Sergio Gómez Montero*

En memoria de Minerva Margarita Villarreal
y Arnulfo Cerón Soriano

Alguien guarda monedas fuera de circulación,
una vulgaridad contra las tablas de la Ley
y allí está el plan divino

J. García Gayo: “El plan divino”

La vida, para el gobierno, rara transcurre en calma. Son muchos los altibajos que registra cotidianamente, porque son muchas las acciones a las que tiene que hacer frente. Atender interrogantes, dudas, inquietudes de todos y a todas dar respuestas. Allí sí, el gobierno no se puede hacer de ladito para tratar de evadir esa responsabilidad, y es allí precisamente en donde el gobierno se da cuenta de qué sociedad gobierna: qué tan desmadejada está ella, pues, por decir algo, tiene, indistintamente, que atender lo que le plantean los indígenas de Aldama en Chiapas o los nahuas de Tlapa en Guerrero, que lo que le señalan también Slim o Salinas Pliego. Pero, en donde las cosas se tornan más difíciles es cuando las preguntas le llegan filtradas por intérpretes interesados, como son los comentócratas fifís (aunque no le gusta a Elenita que los llamemos así), quienes buscan darle chanfle a todos los disparos que realizan, con la intención de hacer tambalear la estructura gubernamental a como dé lugar.

Más lo importante aquí, es continuar con la temática de cómo entender la democracia: si como un ejercicio indiscriminado de atención múltiples (como lo entiende López Obrador) o como el ejercicio de gobierno en donde se privilegian los interese de una determinada clase social, con cuya actuación social, y no sólo con su voto, permitió que un determinado grupo de políticos (partido, frente, alianza, unión) llegase al gobierno para, desde allí, atender los intereses que permitieron que ese grupo de políticos se convirtiera en gobierno, lo cual, de entrada, implica que un gobierno está más o menos identificado con una de las clases que componen el tejido social y no puede atender con la misma atingencia los intereses de todos aquellos a quienes gobierna (ah, el falso sueño de la unidad nacional). ¿O acaso hoy, el gobierno actual, actúa indistintamente para neoliberales y pobres? Es cierto, lo que también es indudable hoy, es que dados los intereses sociales que prevalecen aún dentro de nuestra sociedad –heredera enfermiza de más de 90 años de gobiernos malévolos–, porque no hubo revolución de por medio, el gobierno no podía imponer, sin hacer concesiones, los interese predominantes de los sectores que habían sido vapuleados por el neoliberalismo y, sin transición de por medio, decir que de allí en adelante sólo los pobres iban a ser los privilegiados.

No es pues fácil jugar a ser demócrata si no se tiene claro, muy claro, lo que eso significa, porque hay un problema adicional: ¿de qué democracia hablamos? Si hablamos de una democracia representativa como la que surge de procesos electorales burgueses, esa democracia será imperfecta, chusca, poco seria, como la que hoy prevalece en México. Pero si hablamos de una democracia directa, que dé origen a gobiernos colegiados y no presidencialistas, ésa aún hay que construirla poco a poco, si es que se quiere hacer de manera tranquila, pacífica. Cosa que, hasta hoy, no se ha logrado en ninguna parte del mundo. ¿Estaremos nosotros maduros como para intentarlo?

*Profesor jubilado de la UPN
gomeboka@yahoo.com.mx

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Por Redacción/dsc

Periodista en crecimiento; siempre buscando algo que contar.