ISEGORÍA: Equilibrar las fuerzas de la comunicación

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Sergio Gómez Montero*

Empuñemos la palabra

como una daga pensante al corazón,

como una granada directa al enemigo

E: Fernández Cordón: “Poema”

En la medida en que pasan los días, en el país, sin duda, se tensan las relaciones entre el Estado y el sector privado, dado que entre ambos, hasta hoy, no hay acuerdo sobre las formas de conducir a éste, pues mientras para el primero es perentorio cambiar el predominio de corrupción e impunidad para gobernar, para el segundo no cambiar las reglas del neoliberalismo sustentadas precisamente en corrupción e impunidad, como quiere Gurría, es algo que a toda costa debe mantenerse inalterable en el país. Y si no es por la buena que el neoliberalismo debe continuar, debe avanzar entonces como se pueda: con falsos desabastos, boicots parlamentarios, campañas de miedo y lo que es más común: con campañas de medios que buscan crear temores ficticios entre la población.

A principios del siglo XX, Gramsci estableció uno de los principios básicos de la comunicación moderna: “La verdad es siempre revolucionaria”. Pero luego, más adelante, 50 años después, Mcluhan, en el marco de su aldea global, le dio vida a otro principio básico de la comunicación contemporánea: “El medio es el mensaje”, para de ahí pasar a la etapa de acumulación de medios (las famosas 12 familias de México) que al monopolizar el manejo de esos medios monopolizan a su vez la transmisión de los mensajes, lo que vuelve virtualmente imposible el que la comunicación, a través de sus mensajes, transmita verdades y lo único que nosotros leemos, escuchamos y vemos son las mentiras que transmiten los medios privados de comunicación, dado que, desde tiempo atrás, el Estado se quedó sin medios que fueran la voz de lo poco que el Estado hace.

Esa complicada historia de la comunicación contemporánea influye hoy de manera determinante en la vida de las naciones, pues se ha convertido en uno de los factores que dominan la vida cotidiana de aquellas naciones que intentan modificar la red social que las domina y cuya determinante es el tejido capitalista contemporáneo que impone reglas que conducen todas a someter a los individuos humanos a vivir siempre de acuerdo a lo que ese capitalismo quiere y que conduce fatalmente a la destrucción de la vida humana, pues la plusvalía, que es el motor del capital, tiene como finalidad acabar tanto con el hombre como fuerza de trabajo y con todas las materias primas (léase el capítulo VI inédito de El Capital).

¿Hay posibilidades de vencer la fatalidad antedicha?

Las hay, sí, claro, desde el momento en que, desde abajo y a la izquierda, se combatan específicamente las tendencias capitalistas que se manifiestan como parte de los regímenes de transición. Así, específicamente en el ramo de la comunicación habría que pensar si no es ya tiempo de que el Estado en México, de manera paralela al sector privado, tenga su propio sistema de comunicación que opere para hacerle frente a las campañas de desprestigio cotidiano que el sector privado (Milenio, Televisa, El Universal, Excélsior, etc.) llevan en contra del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

¿No será ya hora de responder, de equilibrar las fuerzas de la comunicación?

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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