viernes, mayo 24, 2024

ISEGORÍA: ¿El porqué de la rabia?

Sergio Gómez Montero

Envejezco al margen de mi tiempo

en el recuerdo de unos juegos florales

porque no puedo comprender exactamente la historia

E. Lihn: “A Roque Dalton”

 

En memoria de los 200 años de Karl Marx

 

Me pregunto –leve, muy levemente, para no despertarlos, porque atrás de ellos puede haber una botarga de tigre para espantar a los inocentes–, ¿a qué se deben los gritos perturbados de las cúpulas empresariales (particularmente Castañón de Hoyos Walther, Claudio X. González y un muy pequeño etcétera) en contra de López Obrador; qué les hizo, qué les debe, por qué los espanta tanto? Es cierto, hay mucho inexplicable en la actitud de ese pequeño número de ¿mexicanos? que sin razón aparente, histéricos, amenazan desquiciar el país (por encima de la ley) si eventualmente, con la ley en la mano (como seguramente sucederá), el INE declara vencedor a AMLO en el proceso electoral próximo. ¿Quién lo duda aparte de los miembros de esos grupúsculos empresariales?

La honestidad como principio, la legalidad como regla primordial del juego, el respeto para llegar a buen término cuando el juego termine, se supone son las bases del juego electoral en las sociedades burguesas. Pero, también es cierto, que esas bases nunca se respetan y menos aún se respetan por parte de quienes tienen el poder, que por lo común son los burgueses y ellos se encargan de hacer trizas a las bases referidas cuando el poder de los burgueses (los empresarios de hoy) está en peligro de perderse. ¿Podrá el árbitro del juego (en nuestro caso el INE) someter a los contendientes para que jueguen respetando las reglas de la contienda?

Todo juego electoral, como toda contienda, desde que inicia hasta que termina es un juego brutal, y virtualmente a muerte, en donde todos los que en él participan por eso, desde el principio, nombran un árbitro que conduzca lo más neutral y civilizadamente posible (sin patadas, sin piquetes de ojos, sin violencia de más) la contienda. En ese juego, por ende, el papel del árbitro, puede ser el más difícil de la contienda: pues lamentablemente el jabonero (el árbitro, pues) si no cae, resbala, sobre todo sabiendo que hoy las variables de la guerra sucia se han diversificado de una manera sensible al grado de que, hoy, cínicamente uno de los contendientes (factótum él, el sector dominante aunque minoritario del empresariado) es uno de los principales impulsores de ese tipo de guerra, y en contra del cual, el árbitro, cree que no puede hacer nada, pues siente que estaría yendo en contra de sus patrones y correría el peligro de quedarse sin chamba.

De allí entonces que alguien tendría que intervenir para lograr hoy el doble salvamento: tanto salvar al árbitro, como salvar al propio proceso electoral, a fin de que éste se lleve a cabo de acuerdo a las bases (honestidad, legalidad y respeto) que deben caracterizarlo. ¿Se podrá en esta ocasión? ¿Quién debe intervenir para que eso se logre?

Espero, la próxima ocasión, abordar esta temática.

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

 

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