ISEGORÍA: El día después

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Sergio Gómez Montero*

Con grandes piedras del camino

y mis zapatos gigantes

he ido poco a poco empujando un país

M. Barnet: “Empujando un país”

La historia del día después (¿se acuerdan ustedes de esa muy buena película?) entre nosotros ese día, evidentemente, no es tan trágico como el de la película que originalmente así se llamó. Es cierto, somos un país quebrado luego de los brutales saqueos a que hemos sido sometidos luego de 33 años de neoliberalismo, pero somos también un pueblo con la fortaleza suficiente aún como para ponernos otra vez de pie y luchar de nuevo por nuestros derechos. Mas el problema, el problema realmente serio es que, al mismo tiempo que somos un país quebrado somos también un país lesionado emocionalmente de una manera brutal, en donde la definición del sistema de valores en el cual se debe sustentar la vida social no está suficientemente definido o peor aún, es confuso e irrelevante, de aquí que: ¿construir a partir de qué?

El día después tiene dos problemas centrales: si hay un país quebrado, ¿de dónde van a surgir los recursos económicos necesarios para darle cuerpo al nuevo país?; y, dos, si carecemos de valores suficientemente sólidos (sindicatos totalmente corporativos; vida cotidiana vinculada al narcotráfico; formas de acumulación salvaje de capital), ¿sobre qué bases morales se va a construir ese nuevo país? Para el nuevo gobierno que inicia, va a ser difícil comenzar a caminar porque, además, tiene una presión enorme proveniente de sectores muy amplios de población que virtualmente atraviesan por diferentes grados de pobreza y cuya esperanza se centra sólo en la respuesta que les pueda dar el gobierno que el día de ayer tomó posesión y que creen que él sí no les puede fallar. ¿Cómo? Con dinero y prestaciones, vengan de donde vengan, pero dinero y prestaciones que para mañana les ayuden a superar los graves problemas de supervivencia que los están agobiando.

Lo otro; lo otro está más grave. Ya está enunciado como constitución moral y para ello se ha convocado a un número amplio de intelectuales y expertos a que contribuyan en la tarea de elaborarla para que ella sea la base, creo, de elaborar el nuevo tejido social que le permita al país encontrar nuevas formas de convivencia basadas en la ética, el respeto, la ley, el buen vivir. Una constitución inédita para la mayoría de la población, pero a la cual toda ella, una vez aprobada, se tendrá que someter para su propio bien. No será fácil, en efecto, pues insisto, el neoliberalismo nos convirtió a muchos de nosotros en individuos carentes de principios morales y sometidos casi todos a prácticas perversas y engañosas que por lo común prohijaban la corrupción y aplaudían la impunidad. Actuar hoy de manera radicalmente diferente nos va a costar trabajo y por eso debemos hacer un gran esfuerzo para que este día después no nos cueste tanto trabajo asumirlo.

El dos de diciembre es, nadie debemos dudarlo, un día de júbilo. Estamos comenzando a construir un nuevo país con toda la fuerza y alegría que nos caracteriza a los mexicanos. Nadie, la verdad que nadie nos hará retroceder. No, retroceder no se vale, mucho menos el día después por más penumbras que se vislumbren.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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