Por Glen Rodrigo Magaña / HOMO ESPACIOS
“Alicia no puede cavar en la tierra porque su madre desapareció en el mar…”, se lee proyectado en el fondo de La Gruta. Tres generaciones de mujeres unidas por la misma herida y el mismo nombre: Alicia de los Ríos Merino, la nieta historiadora que investiga y relata la tragedia; Alicia de los Ríos Merino, la hija revolucionaria, perseguida y desaparecida por rebelarse ante el sistema; y Alicia Merino, la abuela que criara a su nieta y madre buscadora, una más, que dedicó su vida a indagar en un mar profundo sobre el paradero de su hija, después de que arrojaran su cuerpo en los Vuelos nocturnos de la muerte. No hablamos de la Argentina dictatorial de 1977, es México, donde la evidencia apunta que ocurrieran estas atrocidades años atrás. En la espalda de la narradora de esta obra de denuncia documental, una playera estampada con la leyenda vigente: “¿Dónde están? +133 mil personas desaparecidas”, sin respuestas, donde la omisión parece el legado de “Los Heraldos Negros” en un país que desparece entre las sombras de la iniquidad y el encubrimiento.
Teatro Línea de Sombra bajo el concepto de Jorge A. Vargas, Eduardo Bernal, Luis Mario Moncada y Alicia Laguna, y con la asesoría en investigación de la periodista Marcela Turati y la propia Alicia de los Ríos Merino, presentan esta puesta en escena referente del teatro documental en México. La compañía articula un caso doloroso que indaga en las huellas de los llamados vuelos de la muerte durante la Guerra Sucia en México. Los archivos históricos y testimonios operan aquí como una revelación cruda que expone el verdadero tamaño de una violencia estructural; una táctica sistemática del Estado mexicano para desaparecer a los prisioneros políticos, evidenciando que estas prácticas de exterminio no fueron exclusivas de las dictaduras del Cono Sur.
En el contexto, la Liga Comunista 23 de septiembre (LC23S), fundada en 1973 como una organización guerrillera de corte marxista-leninista que nació con el objetivo de unificar a diversos grupos armados para enfrentar el autoritarismo gubernamental. Conformada en su mayoría por jóvenes universitarios, la Liga se consolidó como la principal fuerza insurgente urbana del país. En respuesta, el Estado mexicano intensificó “la contrainsurgencia” a través de corporaciones como la Dirección Federal de Seguridad y la Brigada Blanca. En este oscuro periodo represivo, la desaparición forzada se institucionalizó como un mecanismo de control, no fueron excesos aislados, sino dispositivos sistemáticos para aniquilar a la disidencia, dejando a cientos de militantes asesinados o desaparecidos en una espiral de despotismo.
La trama central de la obra sigue a la propia Alicia de los Ríos Merino, quien encarna su inagotable búsqueda para reconstruir los últimos pasos de su madre Alicia de los Ríos Merino, tras ser detenida en 1978. La pieza se desarrolla como un ejercicio de memoria viva y una bitácora de investigación, donde la protagonista navega a través de archivos desclasificados, recortes de prensa y relatos fragmentados para armar el oscuro rompecabezas de la desaparición de su madre. En un recorrido escénico en el que el espacio se transforma en una sala de evidencias, cartografiando las rutas de las prisiones clandestinas y las bases militares para devolverle la historia, el nombre y la dignidad a quienes el Estado intentó borrar lanzándolos al vacío.

En escena, el peso de la prueba recae en los documentos que exigen ser leídos ante el espectador, entre ellos, reproducciones del periódico clandestino Madera, órgano central de la Liga, que entre las páginas de su edición número 59, se revela la maquinaria del terror de Estado. En el texto “La lucha por la liberación de los revolucionarios presos”, publicado en enero de 1978, se enuncia la tragedia: “La policía logra aprehender a los camaradas Alicia de los Ríos Merino, Leticia Galarza Flores y ‘Carlos’, a quienes, como ya es costumbre, la policía los desapareció”. En otra de sus columnas, “La maquinaria de la desaparición”, se detalla que esta práctica “produce una suspensión radical del tiempo”. Al final del ejemplar, una lista documenta el destino de la protagonista: “ALICIA DE LOS RÍOS MERINO: — Detenida herida, el 5 de enero de 1978 en el D.F.”.
En cada función, Alicia relata la desaparición de su madre e invita al escenario a figuras clave vinculadas al caso: peritos arqueológicos que relatan su frustración al no poder excavar en los centros de exterminio militar, lugares que el gobierno se ha encargado de ocultar construyendo planchas de concreto y canchas deportivas sobre la sangre derramada, abogados que investigaron y encararon a algunos de los responsables, así como entrevistas con periodistas, historiadores, defensores de derechos humanos, familiares, vecinos, amistades y personas vinculadas con los hechos ocurridos en 1978. Es como en aquella escena del famoso libro de Lewis Carroll, donde el reloj no avanza, para las madres buscadoras el tiempo se detuvo en el instante exacto del secuestro, cuando Alicia -la del libro-, pregunta: “¿Cuánto tiempo es para siempre?”, donde las familias viven atrapadas en la perpetua incertidumbre de la desaparición.
Romper este ciclo de negación exige lo que la académica Kathryn Sikkink denomina “La cascada de la justicia”, un libro que funciona como pilar teórico de la obra. Sikkink demuestra que procesar judicialmente las violaciones graves a los derechos humanos no desestabiliza a las naciones, sino que es el único camino para reconstruir el Estado de derecho y prevenir futuras barbaries. Frente a los silencios institucionales y los laberintos burocráticos de las autoridades mexicanas -cuyas respuestas oficiales resultan tan absurdas e incomprensibles como los acertijos sin solución del “Sombrerero Loco” de Carroll-, los tribunales internacionales prueban que la justicia es indispensable, pero en México, suman tiempo al olvido para ocultarse en la ceguera de “lustitia”.
Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, es la resistencia documentada de una memoria que se niega a hundirse, el grito incansable de una hija que desciende por el abismo de la historia para exigir que la verdad y la justicia, emerjan a la superficie. Presentándose los viernes de 20:00 a 21:30 horas, así como sábados y domingos de 18:00 a 19:30 horas, hasta el 23 de agosto de 2026 en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.




