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Adrián García Aguirre / Chihuahua, Chih.
* El gran tren colorado es mejor y más conocido como el Chepe.
* Con un paisaje excepcional, el Divisadero es el punto medio del recorrido.
* Desde ese lugar se pueden apreciar las Barrancas del Cobre.
* La primera concesión para su trazo fue para Albert Kinsey Owen.
* Otros beneficiarios del porfiriato fueron Enrique Creel y Alfred Spendlove.
* Proyectos fallidos ante las complejidades geográficas y costos económicos.

El Ferrocarril Chihuahua-Pacífico, popularmente conocido como el Chepe, es una importante línea ferroviaria del noroeste de México que, en su recorrido de 673 kilómetros, enlaza las ciudades de Chihuahua, capital de ese estado y Los Mochis, Sinaloa, en la costa del Océano Pacífico, atravesando la Sierra Tarahumara y su sitio de mayor magnificencia, las Barrancas del Cobre.
María Cristina García, estudiosa de la historia de la mayor entidad de la nación mexicana geográfica y territorialmente hablando, refiere que la idea del ferrocarril surgió en 1880, cuando el entonces presidente de México, Manuel González –sucesor de Porfirio Díaz, quien luego gobernaría de 1884 a 1910- otorgó a Albert Kinsey Owen de la Utopía Socialist Colony de New Harmony, Indiana, Estados Unidos.
“Fue una concesión para la construcción del ferrocarril; pero las dificultades económicas, debido a los enormes gastos ocasionados por la construcción de un ferrocarril en la accidentada orografía de la Tarahumara cancelaron el proyecto”, explica la señora García.
Fue hasta noviembre de 1961 -añade- que con la construcción del tramo entre Creel en Chihuahua hasta San Pedro en Sinaloa, se unieron los Ferrocarriles Kansas City México y Oriente que corría de Topolobampo hasta San Pedro en Sinaloa y el Ferrocarril Noroeste que llegaba hasta Creel.
Así surgió la empresa ferroviaria que se le llamó Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, S.A. de C.V., que desde ese año presta servicios de transporte de carga y pasaje, ofreciendo además una aportación mucho muy valiosa al turismo nacional por los lugares por los que transcurren sus rieles.
Y la historia reciente señala que, en 1998, aparece Ferromex, consorcio ferroviario privado que tomó el control porque el gobierno mexicano lo dejó, luego de ser propietario de esa red desde 1940.
“Generalmente circulan diariamente dos trenes de pasajeros -uno de Chihuahua a Los Mochis y otro de Los Mochis a Chihuahua, ambos con vagones de clase económica y de clase especial o turística, con otra línea ferroviaria por la que circulan trenes de carga que manejan granos y minerales, entre muchos otros productos”, precisa doña María Cristina.
En su visualización de un sistema ferroviario de pasajeros para operar sobre la red existente, el tren regional es más conocido como el Chepe debido a la pronunciación de las letras Ch y P por parte de los chihuahuenses, y dicho lo anterior, nos lleva a un antecedente:
“Entre las obras de ingeniería ferroviaria construidas durante los siglos XIX y XX, destaca por su importancia la línea Ojinaga-Topolobampo, su contribución al desarrollo económico de México, y por la enorme demostración de capacidad de los ingenieros mexicanos para resolver la problemática de localización, proyecto y construcción, planteados por las condiciones tan complejas de la orografía de la Sierra Madre Occidental.”
Dentro de la planeación del desarrollo de la red ferroviaria nacional, se debe tener en cuenta la comunicación de regiones con elevada producción y consumo de artículos susceptibles de ser transportados en grandes volúmenes a grandes distancias, dadas las dimensiones del estado.
Es un hecho, dice María Cristina, que la línea Ojinaga-Topolobampo cumplía satisfactoriamente con los propósitos que perseguía el gobierno federal, al destinar una fuerte inversión en esa obra que conectó en forma definitiva al noroeste del centro de la República, con la costa del Pacífico a partir del año de 1961.
Desde finales del siglo XIX, algunos particulares ya contemplaban la importancia de contar con una línea ferroviaria; en sus crónicas históricas, aclara que no fue sino hasta 1861 cuando Albert Kinsey Owen vino a México como ingeniero de una empresa ferroviaria, y recorriendo la costa del Pacífico llegó a la bahía de Oguira, “Lugar Encantado” en lengua cahita, hoy Topolobampo.
Kinsey Owen entonces consideró factible que, para llevar a cabo sus fines, debía formar una compañía de capitales mexicano y estadounidense y construir un ferrocarril que uniera al medio Oeste de su país y la bahía: 1863, en una reunión con gobernadores y con el Congreso de los Estados Unidos expuso su idea; pero, por su alto costo, no tuvo éxito en su empresa.
Entre 1875 y 1882, Owen se dedicó únicamente a hacer propaganda a su idea y a proponer diversos proyectos de obras públicas para los gobiernos de Porfirio Díaz y de su compadre Manuel González, conocido como el “Manco”, militar de origen tamaulipeco.
Finalmente obtuvo una concesión para construir un ferrocarril entre Piedras Negras y Topolobampo, con ramales a Mazatlán, Álamos y Presidio del Norte, que tomó el nombre de Ojinaga, en la frontera entre Chihuahua con Texas.
Después de varios cambios políticos en el gobierno del estado, el contratista Foster Higgins obtuvo la concesión y formó la Compañía del Ferrocarril del Río Grande, Sierra Madre y Pacífico, la cual construyó en 1897 el tramo Ciudad Juárez – Corralitos y al año siguiente construyó otro tramo hasta Casas Grandes, con un total de 259 kilómetros.
Fueron Enrique Creel y Alfred Spendlove quienes obtuvieron la concesión en 1897 para una línea de Chihuahua a algún lugar del Pacífico sin precisarse cuál; pero su empresa, llamada “Chihuahua al Pacífico” construyó 194 kilómetros de vía en ese estado, entre la capital y el poblado de Miñaca.
Con la inquietud política generada por la desigualdad económica y política de la dictadura porfirista, con dificultades se firmó un nuevo decreto, constituyéndose la compañía Kansas City, México y Oriente que, entre 1902 y 1908, trazó y construyó un tramo de 88 kilómetros, de La Junta y Temósachic en Chihuahua, y el tramo Topolobampo a San Pedro en el estado de Sinaloa.

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