ESCARAMUZAS POLÍTICAS

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Gloria Analco

  • Ya se viene el saqueo neoliberal disfrazado de “dominancia fiscal”

Las élites estadounidenses, acorraladas por su propia crisis, preparan el saqueo directo de las arcas nacionales. Y hoy, cuando el tradicional juego neoliberal ya no puede sostenerse, buscan dar el último zarpazo: transformar los presupuestos públicos en botín de los grandes capitales.

El término “dominancia fiscal” fue acuñado en 1981 por los economistas Thomas Sargent y Neil Wallace en su famoso artículo Some Unpleasant Monetarist Arithmetic.

Allí plantearon que cuando los déficits fiscales son persistentes, los bancos centrales terminan subordinados a las necesidades de las élites financieras, monetizando deuda y perdiendo independencia.

Lo que nació como teoría académica pronto se convirtió en herramienta para legitimar políticas que, en la práctica, han servido a las élites para fraguar fraudes históricos contra las naciones: disfrazar el saqueo con lenguaje técnico y trasladar el costo a los pueblos.

Lo llaman “dominancia fiscal”, pero en realidad es poner en práctica una teoría del saqueo “legalizado”: convertir los impuestos que pagan los pueblos, el dinero destinado a salud, educación e infraestructura, en flujo hacia los bancos privados y los ricos que no quieren asumir los riesgos de sus propios juegos financieros.

En contraste con la “dominancia fiscal”, que busca que los bancos centrales financien a los gobiernos endeudados como Estados Unidos, trasladando recursos públicos a los grandes capitales, aparece fortalecida la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) como alternativa.

Xi Jinping plantea, en ese foro que ha cumplido 25 años de haber sido creado, cooperación basada en soberanía y beneficio mutuo, sin convertir los presupuestos nacionales en botín.

Mientras Occidente habla de “dominancia fiscal” y prepara el saqueo directo de las arcas nacionales, la OCS se presenta como un bloque que defiende la independencia y la equidad en las relaciones internacionales.

La dichosa “dominación fiscal” consiste en que en lugar de que los bonos del tesoro estadounidense circulen libremente en el mercado cuando así lo decidan sus tenedores por conveniencia, se obligará a los gobiernos endeudados entreguistas a usarlos como garantía para préstamos de la Reserva Federal o de otros bancos centrales, intermediarios de los bancos privados que son los prestamistas últimos.

Así, parte del dinero que debería financiar hospitales, escuelas o infraestructura se canalizará directamente hacia los grandes capitales. Es un rescate perpetuo, disfrazado de política técnica, que asegura que los ricos nunca pierdan y que los pueblos siempre paguen.

Este atraco neoliberal es un espectáculo de etiqueta: los funcionarios o banqueros llegan con sombrero de copa, hablan en inglés técnico y sonríen como si estuvieran en una gala de beneficencia. En lugar de decir “vamos a robarles el dinero”, pronuncian con solemnidad: “aplicaremos la dominancia fiscal”.

Y así, con un giro de palabras, convierten el saqueo en política pública.

Los presupuestos nacionales, vía bonos del Tesoro estadounidense, se transformarán en garantía para préstamos privados, los hospitales y escuelas se convierten en fajos de billetes que desaparecen en sacos con el signo de dólar, y los pueblos quedan mirando con las manos vacías.

Es el robo perfecto: disfrazado de ciencia, ejecutado con guantes blancos, y que celebrarán en conferencias internacionales.

El plan piloto ya lo han echado a andar con Japón: el Banco de Japón, presionado por Washington, tuvo que usar sus bonos del Tesoro estadounidense como garantía para préstamos de la Reserva Federal, en lugar de venderlos libremente para defender su moneda.

Es decir, Japón ya había financiado a EE.UU. comprando esos bonos, y cuando quiso utilizarlos y colocarlos en los mercados bursátiles, se vio obligado a hipotecarlos de nuevo, por no aplicar una política monetaria independiente, por estar supeditado a las decisiones estadounidenses.

Este mecanismo revela la lógica del saqueo: primero va a aplicarse a los grandes países endeudados, y después inevitablemente se extenderá a los medianos y pequeños, tenedores de los bonos estadounidenses.

Algo semejante ocurrió con los programas de ajuste del FMI en los ochenta y noventa, con fines de que los gobiernos sacrificaran el gasto público social para canalizar ese ahorro a los bolsillos transnacionales.

Es otra trampa más de las élites neoliberales: primero lo llamaron “rescate”, después “ajuste estructural”, ahora “dominancia fiscal”.

Pero el mecanismo es siempre el mismo. Los gobiernos endeudados entregan recursos a los bancos centrales que convierten los bonos públicos en garantía para préstamos privados, los grandes capitales reciben dinero fresco, sin asumir riesgos, mientras los pueblos se quedan con menos servicios y más impuestos.

Mientras el neoliberalismo acorralado prepara el saqueo de las arcas nacionales bajo el disfraz de la “dominancia fiscal”, en Bishkek Xi Jinping propone un mundo multipolar basado en soberanía, cooperación y beneficio mutuo.

En el 25º aniversario de la OCS, el líder chino recordó que la organización nació para defender la independencia de los pueblos y evitar que la lógica de la Guerra Fría y el hegemonismo siguieran imponiendo su desorden.

China, Rusia, Irán y otros países que integran los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái han sufrido sanciones, bloqueos y presiones por negarse a seguir las directrices del saqueo neoliberal.

Lejos de doblegarse, han puesto empeño en construir un mundo distinto, donde la cooperación sustituya al despojo y la soberanía nacional no se convierta en garantía hipotecada de los grandes capitales.”

Xi habló del “Espíritu de Shanghái”: confianza mutua, respeto a la diversidad y desarrollo compartido, como base de un bloque que no necesita despojar a sus ciudadanos para sostenerse.

La Organización de Cooperación de Shanghái y el BRICS no son simples foros decorativos: concentran decisiones de seguridad, energía y comercio que abarcan a más de la mitad de la población mundial.

Mientras Occidente busca nuevas formas de convertir los presupuestos públicos en botín, estos bloques construyen gasoductos, coordinan defensa y amplían mercados.

La multipolaridad ya no es un proyecto, es una realidad: la OCS y el BRICS representan la alternativa histórica frente al saqueo neoliberal, el nuevo centro de gravedad mundial donde los pueblos financian su propio desarrollo y no las pérdidas de los ricos.

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