ESCARAMUZAS POLÍTICAS

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Gloria Analco

Trump en su teatro de ilusiones

La Casa Blanca se convirtió en escenario de una obra de fantasía: Netanyahu y Zelenski como actores invitados, el funeral solemne de Lindsey Graham como telón de fondo, y Trump en el papel estelar, convencido de que con Arabia Saudita de nuevo a su lado ya dominaba el tablero mundial.

Pero la realidad lo contradice en tiempo real. Apenas este martes, Arabia Saudita y Estados Unidos bombardearon mezquitas y plantas de agua en Irak con todo y matanza de peregrinos, mientras Irán respondió con misiles balísticos contra bases estadounidenses en Jordania.

Los hutíes cerraron Bab el-Mandeb a embarcaciones sauditas, asfixiando el Golfo Pérsico y disparando el precio del petróleo todavía levemente.

Arabia, que se presentaba como potencia invulnerable, terminó retractándose: se raja, se arrepiente, porque terminó por entender que tres misiles hipersónicos de Irán bastarían para pulverizar su infraestructura crítica.

Y mientras Arabia buscaba desescalar con intermediación china, la oficina del vicepresidente JD Vance abría un canal indirecto con Irán a través de Pakistán.

Washington bombardeaba peregrinos y al mismo tiempo mandaba recados de paz: tragicomedia diplomática.

Los iraníes lo vieron como una broma, porque la propuesta estadounidense seguía siendo exactamente lo contrario de lo que ellos exigen: primero el fin de las guerras, luego el alivio de sanciones y la devolución de los fondos congelados.

En paralelo, China asume su nuevo papel histórico: negocia con los hutíes para permitir el paso de los petroleros saudíes hacia sus puertos, cobrando un peaje que asegura ingresos para las milicias.

Arabia logra vender parte de su petróleo, los hutíes se financian, China empieza a asumir el papel para el cual está llamado a ocupar, y Estados Unidos e Israel quedan fuera de la ecuación.

Pekín se viste de mediador pragmático, mientras Trump sigue atrapado en su teatro de ilusiones.

Pero lo que él vive es un sueño inalcanzable. Se pasea como emperador de cartón, rodeado de símbolos de poder y aplausos de su círculo cercano, mientras la realidad militar se ríe de él.

Detrás del telón, la reunión con Zelenski y Netanyahu -que tras verse por separado con Trump asistieron a las exequias de Graham- revela la puesta en escena: un teatro diplomático que pretende mostrar fuerza, cuando en realidad exhibe fragilidad.

Las cifras misilísticas que le quitan el sueño al Pentágono lo confirman: antes de la guerra EE.UU. tenía más de 2,300 misiles Patriot y 452 interceptores THAAD en reserva.

El CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales), un think tank con sede en Washington, especializado en seguridad, política exterior y economía global, asegura que hoy le quedan menos de 1,000 Patriot y apenas 250 THAAD.

El

Este centro, considerado uno de los grupos de expertos más influyentes en defensa y seguridad nacional en Estados Unidos, advierte que el agotamiento de municiones representa un riesgo inmediato para la capacidad de Estados Unidos de librar una guerra contra China en el Pacífico occidental.

Más de 1,000 Tomahawk y 1,100 JASSM ya fueron disparados, y reponer esas reservas llevará entre uno y cuatro años, revela.

Ese agotamiento convierte la fanfarronería en vulnerabilidad.

Trump habla de “conversaciones profundas” con Irán, pero la realidad es que sus defensas están al límite, sus barcos en Ormuz son blancos fáciles y Arabia Saudita sabe que su infraestructura crítica no resistiría un golpe quirúrgico, por lo que corrió a los brazos de China.

El emperador de cartón se pasea en su teatro, curiosamente con dos de los principales protagonistas de las dos guerras que dominan la escena mundial: Netanyahu y Zelenski.

Pero detrás del telón el Pentágono cuenta misiles como si fueran monedas escasas.

Y aquí aparece la ironía que nunca falta en la vida: todos los analistas geopolíticos serios de Estados Unidos -Jeffrey Sachs, John Mearsheimer, Lawrence Wilkerson, Tucker Carlson, Scott Ritter, Larry Johnson, entre otro- coinciden en que Washington no solo inició los conflictos bélicos en Ucrania e Irán, sino que ahora los está perdiendo.

Empujó a Zelenski a prestarse para que Occidente pudiera agredir a Rusia desde territorio ucraniano, aunque Moscú se adelantó con su Operación Militar Especial. Netanyahu, por su parte, encandiló a Washington de atacar a Irán.

Y lo más contundente: esos mismos analistas subrayan que, en las condiciones actuales de agotamiento militar y político -con reservas de misiles estratégicos como Patriot, THAAD, Tomahawk y JASSM bastante escasa, según el CSIS- Estados Unidos tiene muy pocas probabilidades de reducir esa desventaja.

Curiosos encuentros los de Donald Trump el mismo día con esos dos líderes, símbolos de los conflictos que dejaron al Pentágono exhausto.

La tragicomedia se completa: Arabia se retracta, JD Vance abre canales discretos, China media con los hutíes… y Estados Unidos, que inició las guerras, se queda sin misiles suficientes para sostenerlas.

El emperador de cartón sonríe en su teatro, pero detrás del telón la realidad militar y la ironía política lo desnudan.

Esa fragilidad lo vuelve aún más peligroso: podría llegar a fantasear con el uso de armas nucleares tácticas, aunque hacerlo significaría su propio final en la política y el derrumbe definitivo del imperio que pretende sostener.

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