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Por Siegfried Hitz

Sueños y realidades

 

El país de las hadas ya llegó. El 1° de diciembre entraremos al paraíso. Desaparecerá la corrupción y habrá amor y paz para los deshonestos arrepentidos. Ahora que ya aterrizó el piloto y con los pies en la tierra, tiene que aterrizar también sus proyectos.

Los numerosos propósitos suenan bien intencionados y comprables, electoralmente encontraron ese terreno fértil que el sistema les ha venido abonando durante decenios. Maquiavelo sospecharía que fue la retorcida estrategia del PRI para perpetuarse en Morena. Algunos así lo han expresado.

Qué atractivo y seductor suena que los abusivos políticos y funcionarios públicos deshonestos dejen de medrar. También ver austeridad en el gobierno, como en países avanzados del norte de Europa, donde el servicio público es auténtica vocación y sacrificio por el bien colectivo.

Seduce sacar las dependencias federales de la Ciudad de México para descongestionar el tránsito, reducir la polución y permitir que alcance el agua. Nadie protestará por recibir incremento de pensiones por vejez, discapacidad o desocupación.

La mala noticia. Pisando la realidad, la crudeza del presupuesto marca límites. Los ahorros por 500 mil millones de la corrupción ¿quién los dará? Los recursos para los sueños guajiros no aparecen.

Es hora de enfrentar la viabilidad y redituablilidad de cada propuesta. Si el nuevo piloto las convierte en capricho personal, violará la promesa de no endeudarse y no emitir moneda inflacionaria. Y el mayor riesgo se llama empecinamiento.

La buena noticia. Las propuestas de campaña se pueden cumplir si se siguen los principios de jerarquización, concentración y gradualidad. Analizar las de mayor impacto y costo beneficio para primero, jerarquizar las de mayor interés, concentrarse en ellas y moderar las de menor beneficio.

Aplicar gradualmente según la disponibilidad de recursos. Como ejemplo, duplicar las pensiones a tercera edad en el sexenio, sí, pero incrementando progresivamente con 12.5% anual hasta lograr cien % el sexto año. Desconcentrar la capital sí, pero mudando sólo algunas dependencias previo análisis de costo beneficio y funcionalidad, pero principalmente estimular a la industria a migrar a otras ciudades.

Entre propuestas y declaraciones, más emocionales que razonadas, AMLO causa incertidumbre. Sus expresiones públicas causaron revuelo entre los inversionistas, al anunciar que estamos en bancarrota porque descubre que no existen los recursos que estimaba ocultos para sus propuestas. También cuando exculpa a Rosario Robles de las acusaciones de la ASF por desvíos maquinados, pues es una atribución del poder judicial.

La incertidumbre se hace mayor si entendemos a Morena como un colectivo sin reglas ni divisiones y con hábitos e ideales no compartidos. Unos simpatizan con el empresariado, otros con ideales marxistas y otros más desearían un régimen bolivariano.

Su único común denominador es la sumisión al caudillo, aún no es un partido real pues carece de estructura e ideario. Si faltara su líder, factor de cohesión, sería una batalla campal. Pero, ahora también el país gira alrededor de un solo hombre. Los demás partidos no tienen representación significativa. No estamos políticamente preparados para su eventual ausencia, con riesgo de anarquía.

Vivimos una democracia que sentó las bases con las que la voluntad popular se expresó por un cambio radical. Partió a unos partidos y se las partió a otros. Limpió las células malignas de la perversa partidocracia, la acabó de golpe.

El elector ya mostró su capacidad de rechazo radical. Cuando tantas expectativas se han generado, el incumplimiento puede pasar de desilusión al nivel de enojo como ante el régimen saliente. La primera medida se verá en las elecciones intermedias de 2021; el escenario podría ser muy negativo al concluir el sexenio, si no se ven resultados palpables. No olvidemos que el poder desgasta. Y el poder absoluto puede desgastar absolutamente.

La oposición tratará de capitalizar la situación y lograr una votación de castigo tan significativa como la que acabamos de vivir. El único partido que hoy se ve con potencial para ello es el PAN, no se ve otra figura en el panorama.

El reto para AMLO es olvidarse del rijoso y ocurrente candidato para adquirir la serenidad y dignidad de presidente.

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