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Mario Ruiz Redondo

Decenas de miles de chiapanecos de comunidades de los municipios del norte y centro de la entidad, viven permanente atemorizados ante el incremento de sismos de baja intensidad, que aunado a los estruendosos ruidos subterráneos y surgimiento de grietas, que lo mismo dañan severamente las carreteras incomunicándolos, que de manera irreparable las estructuras de sus casas, provocando una migración hacia lugares seguros bajo la inclemente lluvia que sigue causando inundaciones y desgajamiento de cerros, con pérdida de vidas y patrimonios.

Son los días de la desgracia entre los más pobres de Chiapas, aquejados por los grandes torrentes desatados de tres frentes fríos y dos huracanes (Zeta y Eta), que en las últimas tres semanas se han ensañado sobre los habitantes de 54 de los 123 municipios de la tierra del Poeta Mayor, Jaime Sabines y de los 17 que conforman el estado de Tabasco, del inspirado y bien recordado Hombre de Letras, Carlos Pellicer.

Tragedias que no se superan y continúan por las inundaciones provocadas por el desfogue de la Presa Peñitas, del circuito de cuatro construidas sobre el río Grijalva en territorio chiapaneco, cuyas aguas serían desviadas abruptamente el pasado fin de semana hacia la empobrecida Zona de los indígenas Chontales, por orden Presidencial, para evitar el mayor anegamiento de la capital Villahermosa.

Bajo el agua la planicie de tabasqueña, donde el paisaje común son las principales ciudades con sus casas, calles y comunidades rurales subsisten acosados por el hambre y el empeoramiento del poder adquisitivo en sus sectores más pobres, al que se suman enfermedades respiratorias y el riesgo de un mayor rebrote del Covid-19, al carecerse de los cubre bocas obligados para evitar contagios, sin dejar de considerar la presencia del dengue en sus diversas modalidades.

Condición de emergencia entre las comunidades indígenas chiapanecas sobrevivientes, descrita por la nota principal de CUARTO PODER, firmada por el colega Elio Enríquez, del lunes 16 de noviembre: “Se abre la tierra en Chilón”, un municipio ubicado en el norte de la entidad.

En el ella se plantea la demanda de quienes los más de dos mil seres humanos que habitan el ejido Tacuba, de intervención urgente de las autoridades, para atender los daños provocados por el agrietamiento del suelo, que afecta a 39 casas, además de cultivos, tuberías de agua y vías de comunicación, a partir del 9 de noviembre, en que también se reventaron cables de la luz, dejándolos sin el servicio de electricidad.

Relatos de los campesinos, que refieren el derrumbe de árboles, cafetales y milpas, al ser removidas sus raíces por los temblores y erosionado las tierras por las intensas lluvias. Se está moviendo a cada rato el suelo y temblando, el temor manifiesto de hombres y mujeres, que no recuerdan nada igual y que temen ser “tragados” al abrirse la tierra, por lo que solicitan al gobernador Rutilio Escandón Cadenas, el reacomodo de los pobladores del ejido, en un lugar más seguro.

Anécdotas que se vuelven coincidentes en el vecino municipio de Tenejapa, en el que varias decenas de familias indígenas de Matzam, tuvieron  que huir despavoridos de sus viviendas, al ser dañadas por los constantes movimientos del subsuelo, que finalmente han fracturado paredes y pisos de cemento y ladrillo.

Fenómeno que se ha replicado en la contigua jurisdicción municipal de Chamula, que registra tambié daños semejantes en las casas y tierras de cultivo, junto con los deslaves en sus cerros. Al igual que Huitiupan, donde las mujeres y hombres cargan con sus hijos para dejar atrás sus casas en las rancherías, para en escuelas habilitadas como refugios, al continuar los movimientos telúricos y hacerse interminables, sin que hasta ahora las autoridades les brinden la obligada explicación del origen y mantenerlos tranquilos.

Arribo de más de una centena de familias a la cabecera municipal, atemorizados por esta nueva circunstancia desconocida, que les mantiene en el miedo permanente, al observar como los caminos y carreteras se han “rajado” por los constantes temblores que se combinan con los tronidos que se escuchan brotar de los cerros que constantemente se deslavan, en buen número de casas arrastrando consigo viviendas con familias completas.

Un municipio cada vez más complejo en su situación, al registrarse 34 comunidades indígenas aisladas por los derrumbes, lo que hace muy difícil hacer llegar la ayuda mínima alimentaria, como lo ejemplifica un tramo de asfalto, destruido en una longitud mayor de 60 metros, para llegar a un túnel que atraviesa la montaña, para comunicar a unos 20 poblados.

Los tres accesos de Huitiupan con Tabasco, están obstruidos por rocas y lodazales, complicando la situación al carecer de suficientes alimentos y también de agua potable, al ser dañadas las tuberías por el desbordamiento de los ríos aledaños de esta jurisdicción considerada como de los más pobreza en Chiapas y uno de los 54 afectados por las lluvias y de los 19 con declaración de emergencia.

Ixhuatán es sin duda uno de los centros poblacionales que más riesgo corren por los constantes derrumbes de sus cerros aledaños, que se aflojan por la frecuencia interminable de los sismos que no cesan y mantienen a sus habitantes en condición de pánico.

Un fenómeno por demás perturbador, al que se ha denominado “Movimiento de Ladera”, que conforme han pasado los días se ha incrementado y que empezó a observar con preocupación el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, a partir del pasado 5 de noviembre, al instalar el Comité de Evaluación de Daños del Fondo de Desastres Naturales, luego de las afectaciones causadas los días 29 y 30 de octubre, en 10 municipalidades.

Antes, el 16 de octubre, el Diario Oficial de la Federación publicó una Declaratoria de Desastre Natural, para dar respuesta a este problema que se ha vuelto coincidente, al registrarse del 1 al 4 de ese mes, en los Municipios de Amatán, Amatenango de la Frontera, Angel Albino Corzo, Bella Vista, Bochil, El Bosque, La Concordia, Copainalá, Chapultenango, Chilón, Francisco León, Huitiupán, Ixhuatán, Ixtacomitán, Jitotol, Ocosingo, Ocotepec, Pantepec, Pichucalco, Pueblo Nuevo Solistahuacán, Rayón, Solosuchiapa, Tapalapa, Tapilula, Tila, Villa Corzo, Santiago el Pinar, El Parral y Mezcalapa.

Complejidad que obligaría la intervención del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), para precisar que “de acuerdo con el Mapa Nacional de Susceptibilidad a la Inestabilidad de Laderas, los municipios Amatán, Ixtapangajoya, Juárez, Pantelhó, Pantepec, Pichucalco, Sabanilla, Simojovel, Sitalá y San Andrés Duraznal, reportan media, alta y muy alta propensión a presentar deslizamientos debido, esencialmente, a la geología, topografía y propiedades mecánicas del subsuelo”.

Un año, 2020, nada bueno para los más de cinco y medio millones de chiapanecos, asentados en una geografía de más de 74 mil kilómetros de extensión, pues habrá que considerar que el pasado 18 de junio, la administración estatal haría otra Declaratoria de Des    astres, por las torrenciales lluvias que derivarían en severas inundaciones del 3 al 5 de junio, que incluiría a los municipios de Amatenango del Valle, Berriozábal, Bochil, Coapilla, Copainalá, Francisco León, La Trinitaria, Las Rosas, Ocotepec, Pantepec, Socoltenango, Tapalapa, Tapilula, Tecpatán, Teopisca, Tzimol, Acapetahua, Villa Comaltitlán y Mapastepec.

Según los expertos del Gobierno federal, se han conjugado en esta problemática las lluvias intensas, con el fenómeno geológico del “Movimiento de Laderas o Remoción de Masas”, el cual ocurre en zonas montañosas donde la superficie del terreno adquiere diversos grados de inclinación, originando reacomodos y colapsos especialmente por la deforestación y la actividad humana destructiva.

El Atlas Nacional de Riesgos informa que “los sismos, las lluvias y la actividad volcánica son considerados como factores detonantes o desencadenantes de los deslizamientos, como factores externos.

Aunque también pueden ocurrir durante sismos intensos, erupciones volcánicas y por actividades humanas como cortes, colocación de sobrecargas (viviendas, edificios y materiales de construcción), escurrimientos, filtraciones de agua, excavaciones, entre otros.

Consulta del columnista al respecto, a Marco Antonio Penagos Villar, presidente del Instituto de Especialistas en Geofísica, Geología y Mineralogía (IEGGM), quien manifiesta que además de los factores considerados en el Atlas Nacional de Riesgos, deben ser estudiadas más en detalle, otros factores que permitan coadyuvar a minimizar las amenazas a la vida y patrimonio de los chiapanecos.

El ingeniero geofísico por el Instituto Politécnico nacional, asegura que la Inestabilidad de Laderas o Remoción de Masas, ha sido desde siempre uno de los graves peligros y fenómenos que afectan a Chiapas. El problema se ha complicado debido a la creciente e imparable destrucción de bosques y selvas y al crecimiento acelerado de la población hacia zonas no aptas, lo que ha motivado una catástrofe social y económica.

Explica: “Las lluvias que se siguen abatiendo, fueron regionales. Más de 20 municipios de la zona norte de Chiapas resultaron afectados por los torrentes que saturaron en exceso sus suelos, generando y presentando diversos fenómenos geofísicos y geológicos, denominados remoción de masas asociados a derrumbes, deslizamientos y flujos. Si bien es cierto, acelerado por las lluvias, pero reactivados por los terremotos del 2017, a través de las miles de Fallas Geológicas que recorren el norte de Chiapas.

“No es casualidad entonces, que en estos municipios se localice el límite Norte de la Placa Tectonica del Caribe, por lo que Chiapas requiere de manera urgente, Estudios Geofísicos y Geológicos e implementación de políticas públicas preventivas, mediante la  elaboración de los Atlas de Riesgos”.

Análisis de Penagos Villar que subraya los efectos de los terremotos del 2017 y el fenómeno que actualmente se está presentando en la zona norte, denominado Remoción de Masas, que obliga a todo buen gobierno a hacer una evaluación en materia de Protección Civil, para realizar con urgencia los cambios de políticas públicas reactivas a preventivas, que permitirán salvar vidas y patrimonios.

La opinión de Alfredo de la Calleja Moctezuma, geólogo y maestro en Ciencias, también integrante del IEGGM, “en Chiapas están presente en todos y cada uno de los municipios que conforman el territorio estatal, las capas más profundas del planeta, y por ende es un fenómeno acrecionario, es decir, que está ascendiendo y creciendo de manera   continúa hoy en día, haciendo que los suelos y subsuelos que conforman las montañas y sierras de Chiapas sean inestables y susceptibles a deslizarse, removerse, fluir o derrumbarse”.

Reiteración del hombre de ciencia, de la necesidad de la realización de investigaciones que permitan coadyuvar en el esfuerzo gubernamental estatal, para emprender una nueva estrategia que le permita estar más atento y preparado para enfrentar las contingencias que han empezado a adquirir mayor gravedad en su desenlace, como ahora se observa con toda crudeza en 54 municipios chiapanecos.

La solicitud al gobernador Rutilio Escandón Cadenas, de tomar en cuenta al Instituto de Especialistas en Geofísica, Geología y Mineralogía (IEGGM), para la realización o actualización de los Atlas de Riesgo en los 123 municipios de Chiapas, que seguramente serán de mucha utilidad, toda vez que está integrado por expertos originarios de la entidad, egresados de los centros de educación superior más prestigiados del país.

Ahí queda, de nuevo, la mano extendida.

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