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Por: Mario Ruiz Redondo

 

Cuando José Antonio Meade Kuribreña, cumpla 49 años el próximo martes 27 de febrero, será formalmente el candidato a la Presidencia de la República, por el Partido Revolucionario Institucional, en su calidad de ciudadano simpatizante, en las elecciones del primer domingo de julio de 2018.

 

Por lo pronto, hoy jueves 14 de noviembre, inicia la tarea más importante de su vida, la del proselitismo como precandidato único del tricolor, en la comunidad más priísta de Chiapas, San Juan Chamula, el único lugar en México que tiene construido en el entorno de la plaza principal, a un lado del Palacio Municipal, el edificio del tricolor.

 

Primer contacto con una comunidad que fue coptada por el Partido en el poder estatal, el Verde Ecologista de México (PVEM), en octubre de 2015, y que por no contar con la mayoría absoluta de los indígenas tzotziles, militantes incondicionales del Revolucionario Institucional, se caería en el enfrentamiento social, con saldo de muertos y heridos, como muestra de su desacuerdo.

 

Arriba el ungido del PRI, a la entidad bajo control de un PVEM apuntalado por la estructura tricolor para el logro de su triunfo en 2012, en los días en que la pobreza y el hambre entre los grupos étnicos no han disminuido, contradiciendo lo propuesto por la Cruzada Nacional Contra el Hambre, empezada aquí por el Presidente Enrique Peña Nieto, el 21 de enero de 2013, en el municipio de Las Margaritas.

 

Un estado multifacético que ilustra los extremos de una realidad nacional, donde la mitad de sus más de 120 millones de habitantes, enfrentan una condición de pobreza inaceptable ante la todavía inmensa riqueza natural del país, que desde siempre ha sido explotada por inversionistas nacionales y extranjeros, sin beneficiar los bolsillos de las familias mexicanas, con gobernantes preocupados por el fortalecimiento de la macro economía.

 

Llega José Antonio a Chiapas, en los momentos en que se suscita el conflicto interétnico en la Zona de Los Altos de Chiapas que visitará, donde cinco mil indígenas del municipio más pobre de la república, Chalchihuitán, se han desplazado hacia la fría montaña, ante el temor de ser agredidos por grupos paramilitares presuntamente financiados por la alcaldesa de Chenalhó, Rosa Pérez Pérez.

 

Una situación de posible agresión armada, que si bien no ha ocurrido, la movilización ha provocado las primeras seis víctimas mortales, cuatro de ellas niños, ocasionadas por las bajas temperaturas y el hambre que ha complicado el ancestral problema de desnutrición y malas condiciones de salud de la gran mayoría de la población, que los convierten en muy vulnerables ante las enfermedades.

 

Conocimiento de esa triste realidad difundida por el párroco de Simojovel, Marcelo Pérez, quien precisa que del total de los desplazados, unos dos mil son niños y adolescentes, así como por lo menos 100 embarazadas. Versión de que entre los fallecidos están Adriana de Jesús Pérez, de dos años, Maura Pérez Luna, de un año y un recién nacido de tres días, mientras que los adultos son Domingo Girón Luna, de 70 años y Martín Girón. Se sabe de un cuarto menor muerto, cuyo nombre se ignora, porque los padres guardan hermetismo y por lo mismo no proporcionan información a las autoridades de la Fiscalía General del estado.

 

El sacerdote perteneciente a la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, informaría que Chalchihuitán vive un momento crítico y una crisis humanitaria, resultado de un conflicto agrario       con sus vecinos de Chenalhó, lo cual lo ha mantenido enfrentados en los últimos 40 años, al no respetar los segundos los límites territoriales acorde al marcado por el cauce del río que los divide.

 

La posibilidad de un enfrentamiento violento con ventaja para los de Chenalhó, por contar con grupos armados, obligaría el desplazamiento de los más de cinco mil pobladores de Chalchihuitán, como una tragedia que ha trascendido al mundo y obligado al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), mediante su representante en México, Christian Skoog, quien manifestaría que “es absolutamente inaceptable que hoy en día en México mueran niños de hambre y de frío”, por lo que haría también un exhorto a las autoridades estatal y federal, a lograr la solución pacífica del conflicto y cumplir con el deber de velar por la integridad física y emocional de niños y adolescentes afectados.

 

José Antonio Meade Kuribreña conoce bien la problemática de Chiapas, pues durante años lo ha recorrido junto con su familia e incluso pasado navidades en San Cristóbal de las Casas, acompañado de su amigo Jaime Valls Esponda, ex alcalde de Tuxtla Gutiérrez, ex rector de la Universidad Autónoma de Chiapas y actual dirigente de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

 

Arranque de campaña este jueves 14 de diciembre, con un estilo diferente desde la capital del país a Chiapas, para el que viaja junto con su esposa Juana Cuevas Rodríguez, por la tarde del miércoles 13, no en un avión privado con su sequito de colaboradores, sino en una línea comercial, con la sorpresa de sentar a su lado, precisamente a Valls Esponda, con quien lo une una amistad cercana, lo cual ha despertado comentarios encontrados en cuanto al futuro político del hijo del ex líder del PRI chiapaneco y ex ministro de la Suprema Corte, Sergio Valls Hernández.

 

Jaime vuelve al terruño levantando los polvos de hace siete años, cuando al abandonar la Alcaldía tuxtleca, se perfilaba para ser el sucesor de Juan Sabines Guerrero, en el gobierno de Chiapas. Visita inesperada que lo vuelve centro de atención, especialmente por su relación personal con quien tiene todas las posibilidades de hacer que el Partido Revolucionario Institucional se mantenga en el poder en los siguientes seis años.

 

Meade Kuribreña decidió dar comienzo a su campaña en Chiapas, consciente de la compleja problemática socioeconómica de la mayoría de los cinco millones de habitantes, que seguramente le marcarán pautas a seguir en su Proyecto de Gobierno que ofrecerá a la ciudadanía del país, en el proceso electoral previo a los comicios.

 

Conocerá de manera directa, como los recortes presupuestales federales, han impactado negativamente en la Cruzada Nacional Contra el Hambre, al reducir la ayuda alimentaria a quienes menos tienen y constituyen el conglomerado de mayor pobreza en México.

 

Sabrá que el PRI chiapaneco se mantiene más fuerte que nunca, a pesar de todos los embates sufridos en lo que va del siglo, para su aniquilación por parte de sus opositores y que después de ello retomará el poder en 2018, subordinando de nuevo al Verde Ecologista de México, que ya tuvo su sexenio de gloria, en el que no logró crear su propia estructura.

 

Idea entre la militancia dispuesta a luchar por mantener el liderazgo nacional alcanzado con Enrique Peña Nieto y que ahora espera refrendar con José Antonio Meade Kuribreña, y con quien surja de la contienda interna para ser postulado para la Gubernatura, en la que se mantienen en la recta final, dos distinguidos priístas, el comiteco  Roberto Albores Guillén y el tapachulteco José Antonio Aguilar Bodegas, por encima de sus adversarios de otros instituto políticos.

 

Vuelve el Revolucionario Institucional con todo, para recuperar los espacios cedidos, que no perdidos, en una geografía de 74 mil kilómetros cuadrados, con una división política de 122 municipios, que si bien es cierto son adherentes del PVEM, en 2018 estarán del lado del tricolor, como la mejor opción política y de gobierno, que les será propuesta.

 

Encuentro el de este jueves 14 en el corazón de Los Altos de Chiapas, con la presencia de todas las etnias, que de manera multicolor y de acuerdo a sus Usos y Costumbres, patentizarán al abanderado priísta su apoyo condicionado a la búsqueda de respuestas concretas y realistas para mejorar sus cada vez más difíciles condiciones de vida, mediante el impulso de programas productivos adecuados a su realidad y no a la de los proyectistas de programas sociales de la capital del país.

 

Se escuchará el clamor en contra de la Comisión Federal de Electricidad, que al abandonar los objetivos de generar electricidad con sentido social, hoy mantiene tarifas elevadas e inalcanzables no únicamente para la economía indígena, sino en general para toda la población, que se mantiene en condiciones desventajosas ante el embate de la carestía de lo que queda de esta empresa paraestatal, otrora orgullo de los mexicanos.

 

Como hace seis años con el priísta Enrique Peña Nieto, lo mismo que antes con los gobiernos panistas de Vicente Fox Quesada y de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, Meade Kuribreña volverá a escuchar el mismo reclamo que los chiapanecos les hicieran, para frenar las alzas arbitrarias de la CFE, considerando que Chiapas produce el fluido eléctrico, mediante la operación de cuatro de las más grandes hidroeléctricas de México (Chicoasén, Angostura, Peñitas y Mal Paso), construidas sobre el caudalosos río Grijalva.

 

Un trueque obligado y justo, en el que ahora se suma la venta que la Comisión Federal de Electricidad y su asociada mayoritaria española Iberdrola, desde Chiapas se hace a Guatemala, sin que informe de las ganancias de esta exportación de energía al país centroamericano.

 

Otra vez en los discursos del justo reclamo, la falta de reciprocidad de la Federación a los chiapanecos, en cuanto a la explotación que realiza en la entidad, lo que queda de la primera paraestatal más importante, Petróleos Mexicanos, que bien haría en aportar mayores recursos a los programas de beneficio común en esta región internacional limítrofe.

 

Mucho hay que plantear en este inicio de diálogo con el aspirante Presidencial del PRI, que tiene la oportunidad de responder con respuestas coherentes a la ancestral problemática social y económica chiapaneca, donde la industrialización

 

es todavía incipiente y que bien conoce Meade Kuribreña, por ser por instrucciones del Presidente de la República, el principal impulsor de las nuevas Zonas Económicas Exclusivas, entre las que se incluye de manera importante la de Puerto Chiapas-Madero, en el municipio de Tapachula.

 

Primer paso, pues, para convencer a una militancia priísta que todavía no termina de asimilar totalmente, que un no correligionario sea su candidato a la Presidencia.

 

Doble tarea para José Antonio Meade Kuribreña, pues habrá de ampliar el manto de su capacidad proselitista, hasta aquellos ciudadanos no priístas, decepcionados por la inexistencia de líderes convincentes, en los partidos de izquierda y de derecha, y que se muestran titubeantes en la definición coyuntural del sufragio o abstención del mismo, que en nada ayudará a la democracia nacional, en las demandas de cambio verdadero, simplificadas en el deseo de un combate real a la corrupción y a la impunidad, que florecen como parte de lo cotidiano.

 

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

 

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.

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