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Por: Mario Ruiz Redondo

 

Aunque ya no como antes, al perder el orgullo de lanzar como candidato a un militante de trayectoria indiscutible, el Partido Revolucionario Institucional se mantiene sin cambios en el viejo esquema del sometimiento al poder omnímodo que decide la sucesión.

 

Ello se ha puesto de manifiesto en la vuelta al protocolo de la unidad de las cúpulas sectoriales del tricolor, que esta vez ya no dejaron sonar sus populares y ruidosas matracas y las mantas alusivas de adhesión incondicional a la aspiración del no priísta José Antonio Meade Kuribreña, que desde el primer día de su renuncia al cargo de secretario de Hacienda, el lunes 27 de noviembre, y el anuncio de sus deseos por contender como abanderado del PRI en la contienda electoral de 2018, empezó a comportarse más allá de la precandidatura.

 

Esta vez no se guardaron tampoco las formas, al brindársele un trato inmediato de candidato, sin tener todavía registro partidista para, según la tradición, buscar la designación interna. Vendría el avasallador otorgamiento del apoyo absoluto de los tres sectores del priísmo (obrero, campesino y popular), que le entregaron las constancias documentales de su beneplácito, por hacerles el favor de defender la causa que les permita continuar en el control de Los Pinos y Palacio Nacional.

 

La “Operación Apapacho” puesta en marcha por el nuevo ungido, al convocar a comer al aspirante priísta con mayores méritos y derechos, Miguel Angel Osorio Chong, en conocido restaurante de la capital del país, donde se les vio conversar cordialmente, en un encuentro ante comensales sorprendidos por encontrar a los dos principales personajes, cuya intención fue la de posar para la foto.

 

Reunión segunda, con otro de los aspirantes, dentro de gabinete, el secretario de Salud y ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, para llegar este martes 5 de noviembre el turno de Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública.

 

Versiones tras bambalinas apuntalan la idea de que el aún titular de la SEP podría ser el posible coordinador de la campaña de Meade, lo cual ha sido bien vista por la gente de la experiencia al interior del PRI, como tampoco por su militancia, por tratarse de un simpatizante que carece de los conocimientos para sacar adelante tan delicada responsabilidad.

 

Apego a la consigna superior que ordena la cancelación de todo tipo de inconformidades en contra del dos veces secretario de Hacienda, de Energía y Relaciones Exteriores en los sexenios de Felipe Jesús Calderón Hinojosa y de Enrique Peña Nieto, como quedaría evidente en el acto de “disciplina” de la ex gobernadora de Yucatán y también aspirante a la candidatura, Ivonne Aracelly Ortega Pacheco, que en agosto pasado, durante una reunión nacional del PRI en Campeche, se opuso rotundamente a los cambios de los estatutos que cancelaron el requisito de una militancia mínima de 10 años para contender por la designación  Presidencial, que abriría la puerta a esa posibilidad a José Antonio Meade Kuribreña y a Aurelio Nuño Mayer.

 

Un doblar de manos que en automático echó abajo su intención de participar, como parte del sobado discurso del equilibrio de géneros en la política mexicana, establecida como norma jurídica, que en consecuencia se vuelve letra muerta en las filas del tricolor, que incluyó la decisión de la yucateca, de obsequiarle al ex responsable de la Hacienda del país, las cajas que contenían más de un millón de firmas de simpatizantes que creyeron en la palabra de Ivonne Aracelly, por lo que hoy se sienten burlados en su confianza, pues en ningún momento se les consultó sobre tal entrega.

 

Acumulación mediática de actos de unidad, que incluyeron las correspondientes a los ex líderes del Revolucionario Institucional, desde uno de los más antiguos, el chiapaneco Jorge de la Vega Domínguez, pasando por Adolfo Lugo Verduzco, Roberto Madrazo Pintado, Beatriz Paredes Rangel, Maria de los Angeles Moreno Uriegas, Ignacio Pichardo Pagaza, Humberto Roque Villanueva, Pedro Joaquín Coldwell, César Camacho Quiróz, Mariano Palacios Alcocer, Genaro Borrego, Cristina Díaz Salazar, José Antonio González Fernández, Dulce María Sauri Riancho, Manlio Fabio Beltrones, hasta el vigente Enrique Ochoa Reza.

 

Desayuno por la mañana del domingo 3, en la que se daría la coincidencia en el reconocimiento común de esa vieja guardia priísta, advirtiendo que en 2018, la elección no será fácil para el tricolor.

 

Recomendación a Meade Kuribreña, de la veteranía en el mando partidista de décadas, en cuanto a que durante su campaña por el territorio nacional, no se olvide de la importancia del contacto físico con la ciudadanía priísta y simpatizante, como prioridad principal, para que lo conozcan más y mejor, y de manera complementaria utilizar los medios digitales y sus redes sociales.

 

Cita más tarde en la sede nacional del Revolucionario Institucional en la avenida Insurgentes Norte. Registro, para cumplir con los estatutos del Partido, quedando como candidato único, haciendo un lado la posibilidad de, por lo menos para cubrir las apariencias, tener en la interna a otros interesados, que en este caso pudieran haber sido alguna reconocida por su entrega a las mejores causas del instituto político, como Beatriz Paredes Rangel o la ex gobernadora de Yucatán Dulce María Sauri.

 

Un José Antonio Meade Kuribreña, dispuesto a no perder tiempo en competencias internas e ir de lleno a una campaña oficial como precandidato, que en los hechos será la de abanderado, que iniciará el jueves 14 de diciembre y culminará el 11 de febrero, para una semana después, el 18, la convención de delegados de toda la república le alce la mano como su candidato a la Presidencia de la República.

 

Vuelta a las matracas y a las porras estridentes, como antes, como reconsideración del error del primer día en que fueron canceladas por “la modernidad”.

 

Concentración de más de 10 mil militantes del tricolor, provenientes de los distintos rumbos de la capital nacional, como de las entidades vecinas, que volverían a escuchar el discurso repetitivo de cada seis años, del borrón y cuenta nueva, cuando el ungido simpatizante manifestaría que “para cerrar la distancia entre el México que somos y el México que anhelamos, sólo hay un camino: trabajar con un rumbo claro que mire al futuro y no al pasado”.

 

Mensaje en el que subrayaría que su prioridad será la economía y la continuidad, para terminar de una vez por todas con la idea de que el país debe reinventarse cada seis años.

 

Toda la carne al asador del priísmo para apoyar a su abanderado ajeno al tricolor. Ahí estaría igualmente todo el Gabinete Federal, encabezado por el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, ante quienes afirmaría que el presidente Enrique Peña Nieto es el arquitecto del cambio, en que por lo mismo habrá seguimiento, porque no hay que demoler el esfuerzo, cambiarlo o inventarlo.

 

Planteamientos que darán paso a su propósito de que en la precampaña que llevará a cabo por todos los rumbos de la nación, presentará “una vía clara, realista y sensata de lo que México puede llegar a ser cuando ganemos la Presidencia”.

 

Adelanto de que su apuesta es desde ahora “por la experiencia y no por la ocurrencia; por el conocimiento y no por el enfrentamiento; por la preparación y no por la improvisación, además de que sus proyectos de de gobierno se basarán en programas y no en los caprichos; en las instituciones y en la ley, no en las profecías, pues las revelaciones no pueden sustituir el esfuerzo, la preparación y el trabajo.

 

Llamaría la atención un detalle que para fines de respeto a la legislación electoral federal, no es favorable a la imagen de Meade Kuribreña, el cual ocurriría antes de que fuese designado precandidato, al proyectar su equipo de campaña un spot de 40 segundos, en el que con su imagen dispuesta de manera subliminal en el video, el ex colaborador del gobierno peñista expone sus ideas en el sentido de que México puede ser con él en la Presidencia, un país líder que crezca económicamente como potencia mundial.

 

Un adelanto a los tiempos electorales en el que también se expresan otras ideas que aseveran que “México puede ser el mejor lugar para vivir, invertir y crecer. El México que tú quieres es posible. Un México líder, seguro, en paz. Grandioso, unido, fuerte, exitoso. Creamos en nosotros.  Sueña, suda, opina, estudia, levántate, conquista, lucha, trabaja. Es momento de poner a México en otro nivel. Construyamos nuestra historia”.

 

Un lenguaje con mucho sentido de mercadotecnia, que recuerda los tiempos de Vicente Fox Quesada, el gran vendedor del refresco de cola más transnacional de marca estadounidense, que ganaría muchos adeptos a su causa impulsada de manera determinante por el “priísta” Ernesto Zedillo Ponce de León, para echar al PRI de Los Pinos en el año 2000.

 

Deberá tener mucho cuidado el Revolucionario Institucional, de cuidar los mensajes propagandísticos de Meade Kuribreña, para evitar que se transforme en una gerencia de ventas de su abanderado y no en el instituto político que más bien que mal, se sigue manteniendo en el ánimo del electorado mexicano.

 

Hoy es posible observar en las redes sociales, una contraofensiva a nivel de videos y textos, para desactivar los ataques que el equipo mediático de Andrés Manuel López Obrador, principalmente ha emprendido en contra del ex secretario de Hacienda, desde el mismo momento de su “destape”.

 

Una estrategia aparentemente bien sustentada en cuanto a devolver golpe a golpe los ataques del tabasqueño, que hasta ahora han empezado a dar resultados positivos, pero que se corre el riesgo de incurrir en los excesos, que finalmente resultaría contraproducente, pues lo convertirían en víctima, que es lo que sigue buscando el ex priísta al que Enrique Peña Nieto, premió por su perseverancia en la búsqueda de la Presidencia

 

de la República, con el otorgamiento de un Partido político que ahora se conoce como “Movimiento de Regeneración Nacional” (Morena), que de manera omnipotente regentea “El Peje”.

 

Mensajes de arranque en la campaña proselitista, con todo sentido motivacional para recuperar un estado anímico de la mayoría de una población nacional aniquilada y sumida en la pobreza, como resultado de las reformas estructurales iniciadas desde los tiempos del gobierno de Carlos Salinas de Gortari y aterrizadas finalmente en el sexenio que concluye.

 

De ahí, la importancia de que el candidato simpatizante del PRI, José Antonio Meade Kuribreña, sea cuidadoso con los discursos que dirija a esa sociedad nacional maltrecha, no necesariamente militantes del tricolor, dispuesta a aplicar su voto duro en contra del partido y gobierno en el poder, que tanto le sigue afectando en su bolsillo.

 

No debe perder de vista que su designación cupular, mantiene aún el malestar de segmentos muy importantes del priísmo molesto por su encumbramiento como abanderado de una causa que nunca ha sido suya.

 

Una coyuntura en la que lo fácil ha sido obtener la aprobación de su postulación, por parte de líderes de sectores prestos a cumplir consignas. Lo difícil viene ahora en la fase uno de la carrera hacia la Presidencia, en la que tendrá que convencer a la militancia, que quienes arriba lo designaron, no están equivocados y constituye la mejor opción para contender y ganar los comicios del primer domingo de julio de 2018.

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