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Por: Mario Ruiz Redondo

En 1978, el periódico EXCELSIOR de la capital del país, publicó en su primera plana la noticia del resurgimiento en la Frontera Sur de México, de la enfermedad del Dengue, provocada por el mosco Aedes Aegypti, después de haber sido erradicada dos décadas, advirtiendo que de no combatirse de inmediato, se convertiría en una epidemia nacional.

La información generada en Tapachula, resultado de una acuciosa investigación realizada por especialistas en epidemiología de la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA), firmada por el ahora columnista como enviado especial, sería desmentida prontamente por los altos mandos de la misma institución que la generó, afirmando que no había ningún riesgo para la salud de los mexicanos.

Han pasado poco más de 41 años de aquél acontecimiento. Hoy, la noticia que impacta es que se han detectado brotes de importancia en todo el territorio nacional, tanto en poblaciones urbanas como rurales, con cuatro serotipos diferentes, debido a la mutación del virus, aunado a la transmisión, por el mismo mosco, de nuevas y peligrosas enfermedades como el Chikungunya y Zika.

El nulo control de la salud del más de medio millón de migrantes del mundo, que en los últimos 11 meses han ingresado de manera indocumentada por la Frontera Sur de México con Centroamérica, para dirigirse e internarse ilegalmente en la Unión Americana, han agravado el problema, dado que en los países del Istmo latinoamericano, el combate al vector es mínimo y sus índices demasiados elevados.

Si ya de por sí antes de las “caravanas del hambre” surgidas a mediados de octubre de 2018, el contagio a los migrantes, por la picadura de insectos portadores del dengue, era inminente y por lo mismo su desplazamiento a territorio mexicano los convertía en focos seguros de infección a personas sanas al ser atacados por los insectos, la reactivación del problema en una escala que pronto podría ser catalogada como alarmante, es un hecho irrebatible.

Tapachula y los municipios colindantes con Guatemala, se han convertido en centros de concentración y contención de los miles de inmigrantes, que a pesar del “muro humano” implementado por la Guardia Nacional, que finalmente es insuficiente, propician este mayor riesgo en la Región.

Para dar idea de la falta de interés para establecer como tanto se ha cacareado, un “blindaje sanitario” de la Frontera Sur, baste decir que para atender a los más de dos mil migrantes que se mantienen asegurados en la Estación de Apoyo Siglo XXI, del Instituto Nacional de Migración, existe únicamente un médico por turno de 12 horas, que brinda atención a la población ahí recluida, sin un cuadro básico de medicamentos que lo respalde.

Independientemente de que se carece de presupuesto para la realización de exámenes mínimos de control sanitario, éstos tampoco se realizan por la negativa de los extranjeros a someterse a ellos, argumentando que no se les puede obligar, pues en caso contrario, lo denunciarán a la Comisión de Ayuda a Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) y a su similar nacional, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados.

Una situación que la misma ACNUR no ha evaluado, considerando que la presencia de gente enferma entre los indocumentados, constituye una amenaza para la salud de toda una nación de 130 millones de habitantes, considerando que un alto porcentaje de ellos se mantiene ya disperso en la mayor parte de la república, al no lograr su propósito de pasar al lado estadounidense.

Problemas de salud que en las jurisdicciones municipales fronterizas de Soconusco, se hace patente en el riesgo elevado de contagio no solamente en la variedad diversa del Dengue, Zika, Chikungunya, sino de otras como el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que produce el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA); Virus del Papiloma Humano; tuberculosis, sífilis, sarampión y hasta ébola, considerando que según los expertos de la Organización Mundial de la Salud, advierten que la enfermedad puede mantenerse latente, sin síntomas, hasta nueve meses en el ser humano antes de desarrollarse.

Para los habitantes de Soconusco, el incremento de casos de Dengue, es su principal preocupación, subrayando la mayor incidencia de casos del llamado hemorrágico, que resulta mortal, al afectar severamente a quienes de manera frecuente, han padecido el llamado clásico.

Como ha ocurrido siempre, las autoridades del Sector Salud, lideradas por la Secretaría de Salud, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), mantiene hermetismo para la determinación de la situación real de este grave problema de salud pública, impactado por la migración de 55 países.

Cada una tiene sus propios datos, pero resulta que los ocultan, “para no alarmar a la población”, que se mantiene en la permanente incertidumbre cuando en la familia tienen varios enfermos de dengue, cuyos síntomas tiene plenamente identificados, quedando la opción del control y la automedicación a base de paracetamol para el control de temperatura más allá de los 37 agrados, corriendo el riesgo de que pueda ser del tipo hemorrágico.

Panorama complicado por la desatención de las autoridades de oficinas centrales, que siguen desatendiendo las peticiones de ayuda para mantener el mínimo de medicamentos en las farmacias de las instituciones, que permitan atender el mínimo de la demanda de la población derechohabiente y al margen.

Desplome sin precedente de los recursos para el combate al Dengue, como consecuencia de los recortes presupuestales planteados por la Administración Federal sustentada en una “austeridad republicana”, cuyos genios en ningún momento contemplaron que esta tarea atañe a todo el país afectados por los brotes de la enfermedad que causa estragos en la economía familiar y de las empresas, al provocar inasistencia laboral.

Pese a la gravedad en la Frontera Sur, únicamente en el discurso oficial se ha encontrado la referencia a la realización de campañas de nebulización, abatización y descacharrización, no coincidiendo con la realidad, donde generalmente las ceremonias espectaculares de los inicios de las campañas, sólo sirven para la foto.

Cifras oficiales de la Secretaría de Salud revelan que después de haberse mantenido en primer lugar nacional en 2018, Chiapas refrendará la misma posición en 2019, como resultado de la elevación de casos en Soconusco, donde se mantienen dispersos por lo menos 100 mil migrantes, sin ningún control sanitario mínimo.

Aunque las estadísticas no son confiables, porque la problemática de campo la rebasa, las instancias federal y estatal de la SSA, reportan que durante 2018, la entidad registró tres mil 359 casos y 33 defunciones, pero se estima que dada la complicación observada en Soconusco, los números podrían duplicarse.

Y para maquillar la problemática, la Dirección de Salud Pública estatal, se atreve a asegurar que “los focos de transmisión han cambiado, ya que el año pasado habían reportes de aumentos de casos, tanto en Tapachula como Tuxtla Gutiérrez, pero para este año están principalmente en las Zonas Frailesca y Fronteriza, como en Amatenago del Valle y Frontera Comalapa, así como Arriaga y Tonalá”.

Una investigación llevada a cabo por Teresa Uribarren Berrueta,  investigadora del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, precisa que a partir de 1978 en que el país fue invadido por el mosco Aedes Aegypti, su variedad se ha ampliado a las denominaciones Aedes Albopictus, Aedes Poliniensis y Aedes Mediovitattus.

Especial énfasis en el Dengue Hemorrágico, al que define como una enfermedad infecciosa emergente de gran importancia a nivel mundial, principalmente en zonas tropicales y subtropicales. Constituye un riesgo de afectación para dos quintas partes de la población de los icnco continentes.

Aumento de su incidencia en México, al aumentar en los últimos 14 años en 30 estados de la república, aunque actualmente se han detectado brotes en todas las entidades, afectando a la población sin distingo en las zonas urbanas y rurales durante los 12 meses del año, con una transmisión más intensa en los meses de lluvia, predominando el Aedes Aegypti y de manera secundaria en Aedes Albopictus. El Dengue Hemorrágico es mayor en las Regiones de riesgo, donde las personas ya han sufrido la enfermedad.

Hay que decirlo nuevamente: Chiapas se mantiene en su Frontera Sur con Centroamérica, en situación precaria en materia de salud pública, expuesta su población de por lo menos dos millones de habitantes, a sufrir padecimientos erradicados en el pasado distante.

Las autoridades federales actuales, enclaustradas en su decisión de no invertir presupuestos tradicionalmente programados para el beneficio de la mayoría de su población empobrecida, se mantienen firmes en acumular recursos con fines electoreros.

Se olvidan que la salud de los chiapanecos de los municipios colindantes con América Central, se encuentran inmersos en una geografía sitiada por Corporaciones militares y civiles, que al mantenerse firmes en impedir el desplazamiento de las decenas de miles de migrantes extranjeros, convierte a la Región en un polvorín, que ha empezado a dar muestras de estallido social, como se sigue observando en la conducta de africanos y haitianos que pasaron de la pasividad a la acción violenta.

¿Por qué esperar a que los problemas de salud queden fuera de control, ya no solamente de los indocumentados, sino de los nacionales que se mantienen en estado de indefensión por la apatía de un Gobierno de la República, que no ha dudado en advertir que  no cederá a las presiones de los inmigrantes?

Al Presidente Andrés Manuel López Andrés Obrador, sólo le interesa el cumplir con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, el compromiso pactado en junio, de frenar la migración

hacia Estados Unidos. No más.

Marcelo Ebrard Casaoubon, firmante del Acuerdo en Washington, que comprometería el envío de seis mil elementos a la Frontera Sur de México con el Istmo Latinoamericano, de una Guardia Nacional no constituida, daría el viernes 6 de septiembre en palacio Nacional, los datos que el Primer Mandatario quería oír: “Contener la migración procedente de Centroamérica, ha sido un éxito, y tal se refleja en la reducción del flujo migratorio en 56 por ciento entre mayo y agosto pasados”.

Eso es todo. Lo demás no importa, aunque en Soconusco la cotidianeidad sean las balaceras que a toda hora se suscitan entre la delincuencia organizada representada por los grupos “maras”, en su disputa de territorios, evidenciando un clima de violencia e inseguridad extremas, que por supuesto ni al Jefe del Ejecutivo Federal y menos a su canciller interesan, porque lo fundamental ahora no son los chiapanecos, sino cumplirle al orate de la Casa Blanca, y de paso respaldar su campaña de reelección, en la que México es incondicional.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y Comunicadores por la Unidad A.C.

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