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Luis Alberto García / Petropávlovsk-Kamchatski, Rusia

* Lo más sorprendente de la larga península de Kamchatka.
* Abundan los plantígrados pardos, parientes de los Grizzlies de Alaska.
* Su aspecto físico recuerda a Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca.
* La nieve invernal y las cenizas volcánicas predominan en el paisaje.
* ¿Por qué una región tan lejana atrae a miles de turistas extranjeros?
* La pesca y sus derivados son características del Océano Pacífico.

Para Yulia Shandurenko y Vadim Gippenreiter, estudiosos de la Rusia oriental, desde el momento en que se llega a la península de Kamchatka –en particular a Kronotsky- hay la sensación de ser arrastrado por una atmósfera escandinava, similar a la de los fiordos de Noruega o a las costas rocosas de Islandia, en escenarios de géiseres y volcanes humeantes y activos.

También hay cierto parecido a Finlandia, Suecia y Dinamarca debido a que, a lo largo de los años, se han construido de casas fabricadas con troncos de pino y abedul, con un mar entre gris y azul en el fondo, inviernos largos, manantiales de agua caliente y cascadas cayendo desde alturas considerables.

En estas tierras indómitas y solamente accesibles hasta hace pocos años al común de los mortales, la nieve invernal está salpicada de cenizas volcánicas y sembrada de abedules iguales a los de la estepa siberiana, que empieza al cruzar el mar de Ojotsk, entrando por Magadán y acabando en los montes Urales, a través de toda Siberia y su desmesura infinita,

Estos árboles, presentes en toda la península, son los únicos que ni siquiera los vientos más fuertes del Norte del planeta pueden romper o arrancar, y si se combinan todos esos elementos, será posible comprender por qué Kamchatka tiene más en común con Noruega e Islandia que con gran parte del Lejano Oriente de Rusia.

¿Cómo es que una de las regiones más remotas y menos accesibles de Rusia atrae a decenas de miles de turistas cada año desde mediados de la década de 1990, a pesar de los altos precios y la difícil logística para llegar hasta ella?

Para comenzar –explica Yulia Shandurenko- Kamchatka es el verdadero “estado oso” de la Federación Rusa, y según estimaciones de los biólogos, hay entre 15 mil y 30 mil osos pardos, de la misma especie de los Grizzlies, sus primos de la isla de Kodiak, en la costa de Alaska.

“Una concentración tan alta de osos no se puede encontrar en ningún otro lugar, no solamente en Rusia, sino en todo el mundo”, refiere Vadim Gippenreiter, para quien el lugar más seguro e impresionante para observar los osos de Kamchatka es el lago Kurile, a 200 kilómetros de Petropavlovsk-Kamchatski, la capital de la península.

Para tener una idea de la abundancia de la población de osos en Kamchatka, el fotógrafo Sergei Gorshkov logró retratar a 17 en una sola toma panorámica, y por esa y otras razones al lago Kurile -en la Reserva Natural de Kronotsky- se debe ir en compañía de guardabosques armados para poder caminar por sus entornos.

Dada su variedad de climas y hábitats, así como la escasa densidad de seres humanos poblando tan extenso territorio, la larga lengua de tierra que abarca Kamchatka alberga una cantidad extraordinaria de especies animales, como lo explicó el especialista Mijaíl Mijailóvich, peninsular nativo.

Se calcula que el número de osos pardos, parientes rusos de los Grizzlies estadounidenses, canadienses y de otras regiones de Norteamérica, supera la cifra de los 20 mil, aunque es realmente imposible realizar un censo en determinadas condiciones en el lago Kurile, considerado un lugar peligroso por tratarse del mayor resguardo de esos plantígrados y el más importante de Eurasia.

Sin embargo, no solamente de osos vive Kamchatka, pues su llamativa y particular arca de Noé cuenta también con alces, renos, lobos, linces y zorros, entre otros muchos de sus tripulantes, animales que la Naturaleza obsequió a la Rusia oriental: en sus costas nadan ballenas, orcas, focas, nutrias y leones marinos.

Y sobrevuelan los frailecillos cada verano, aunque el plato fuerte que muchos andan buscando en Kamchatka, en cuanto a aves se refiere, es tener un encuentro con el pigargo gigante, el águila marina más grande del planeta que, en edad adulta, puede alcanzar los veinte kilogramos de peso.

Como en toda la descomunal cuenca del Océano Pacífico, de Chile a Alaska, de Indonesia, Filipinas y Hawai, Japón y archipiélagos que lo acompañan, la parte insular oriental de Rusia tiene montes ígneos en abundancia, y son tres los que sobresalen en Kamchatka: el Koryaksky , el Avachinsky y el Kozelsky que, con buenas condiciones climáticas, son visibles desde cualquier lugar de esta capital.

Los lugareños, risueños y mostrando el orgullo de tenerlos como vigilantes eternos de su región, los mencionan en términos amistosos y familiares como “los volcanes de nuestra casa” (domashny en ruso), aunque eso pueda provocar temores bien fundados entre turistas y otra clase de visitantes o viajeros.

Dos de estos gigantes están activos y periódicamente estornudan; es decir, que dejan sentir algunas vibraciones sísmicas subterráneas leves o ver sus cumbres que humean ligera y permanentemente, viviendo en medio de volcanes que hacen que los residentes se hayan acostumbrado a tales fenómenos.

Las casas en Petropavlovsk-Kamchatski están reforzadas con tecnología especial a prueba de terremotos; pero también de aparatos extremadamente sensibles que revelan los cambios más pequeños en el comportamiento de esos vecinos amenazantes.

Para obtener las mejores vistas de los tres volcanes de Petropavlovsk-Kamchatski se sugiere ir a la colina Mishennaya , mientras que en algunos hoteles se ofrecen algunas habitaciones con buenas vistas.

La única forma de llegar a los otros volcanes en Kamchatka, incluida la caldera del Uzon, los Valles del Geiser y de la Muerte, es pagar un vuelo en helicóptero desde Yelizovo, afuera de Petropavlovsk-Kamchatski y, hay que reconocerlo: todos los volcanes de Kamchatka están incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Respecto a piscicultura y pesca en ríos y alta mar, los peninsulares están mejor que servidos, y Adal Adalski, marino del muelle principal de esta ciudad, contaba que en ocasiones no podía dormir debido al ruido nocturno que provocaban al desovar los numerosos salmones de Ribachiy, ensenada ubicada cerca de la capital.

“El pescado es de alta calidad por la baja densidad de población y el escaso asentamiento humano de Kamchatka”, aseguró Adalski, atribuyendo eso a que el medio ambiente está limpio y el agua dulce y de mar es pura, sin contaminación.

El principal alimento de la cocina local es, por supuesto, el pescado del Pacífico en todas sus variedades, como el salmón rojo, el jorobado, el coho, el chinook, las almejas, los calamares y la famosísima langosta de Kamchatka, que supera a la de Alaska en tamaño, sabor y calidad.

En otros tiempos, Adal Adalski se dedicó a la pesca y comercialización del caviar rojo (pyatiminutka en ruso), disponible solamente durante la temporada de pesca veraniega, un lujo disponible en Kamchatka, preparado junto con pescado recién salido del agua, listo para probarlo y comérselo en el acto.

En invierno, el caviar es mucho más fresco debido al frío, bastante mejor que el Beluga del mar Caspio, que se exporta en cantidades industriales –y en riesgo de extinción-, superior de lo que se puede conseguir en el continente, que es como los residentes de Kamchatka se refieren al resto de Rusia.

En el mercado de Petropavlóvsk-Kamchatski, el precio de un kilogramo de este recuerdo comestible envasado en hermosos tarros color marrón comienza en los 40 dólares, aunque si se solicita amablemente, alguna de las vendedoras puede dar tres o cuatro cucharadas de cortesía, gratis, algo que no ocurre en otros lugares de la sorprendente Rusia de los osos que simbolizaron –con “Misha” como su regordete representante- los Juegos Olímpicos de 1980.

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