El T-MEC obliga a México a elegir entre Norteamérica y China

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CIUDAD DE MÉXICO.- La revisión del T-MEC colocó a México en una encrucijada económica decisiva. Durante la tercera ronda de negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, Washington intensificó su exigencia para endurecer las reglas de origen, con lo cual busca blindar el mercado norteamericano frente al avance de competidores externos, principalmente China.

Para México, el desafío mayor es cumplir con requisitos de contenido regional y laboral más estrictos sin asfixiar la competitividad de sus exportaciones.

Analistas entrevistados por EL DEBATE advirtieron que durante la negociación económica que continuará hoy, México debe equilibrar su integración profunda con Norteamérica frente a la necesidad estratégica de diversificar sus vínculos con el Indo-Pacífico, para evitar quedar atrapado en la rivalidad geopolítica de las dos potencias mundiales más grandes del planeta.

En la actual etapa de negociaciones, Estados Unidos puso énfasis en las reglas de origen.

Jamieson Greer, representante comercial de EU, subrayó ayer que Washington busca evitar que “terceros países”, como China o Vietnam, se beneficien de las ventajas del tratado.

Durante una comparecencia ante el Comité de Finanzas del Senado sobre las políticas comerciales del Gobierno Trump a lo largo de este año explicó que a Washington le interesa contar, de aquí a finales de año, con acuerdos en determinadas áreas que cubran “las cuestiones realmente importantes, como las reglas de origen”.

“Queremos que las reglas de origen del T-MEC sean muy sólidas para incentivar la producción en América del Norte, y no en otras regiones que cuentan con un gran exceso de capacidad o que incurren en prácticas ajenas a las reglas del mercado. Sin embargo, desarrollar estas normas lleva tiempo”, dijo.
Greer consideró que la política comercial del Gobierno del presidente, Donald Trump, se mantiene intacta con respecto a 2025, y que uno de los grandes objetivos sigue siendo aumentar la inversión foránea en sectores como el del automotor.

”Estamos comprometidos a seguir utilizando aranceles y a negociar acuerdos para apoyar la reindustrialización de nuestra economía, proteger a los trabajadores estadounidenses y aumentar sus salarios, así como para reducir nuestro déficit comercial”, explicó ante los legisladores.

El argumento estadounidense sostiene que las normas deben ser lo suficientemente sólidas para incentivar la producción dentro de América del Norte y combatir el exceso de capacidad de regiones ajenas al mercado regional. Para lograr esto, se propuso elevar el Valor de Contenido Regional (VCR) del 75% actual a un 85%, además de exigir que el 80% del acero y aluminio utilizado sea de procedencia regional.

Los riesgos

El economista César Valenzuela señaló que uno de los desafíos más complejos en la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es la presión de Washington para endurecer las reglas de origen, específicamente el Valor de Contenido Regional (VCR), lo que pone en riesgo la ventaja competitiva que México mantiene frente a sus socios comerciales.

Explicó que uno de los puntos centrales de fricción es la intención de Estados Unidos de elevar el porcentaje de piezas que deben ser fabricadas obligatoriamente en la región norteamericana. Actualmente, el VCR se sitúa en un 75%, pero la propuesta estadounidense busca incrementarlo al 85%.

Según el economista, esta medida impactaría directamente la competitividad de México, cuya fortaleza radica en la posibilidad de utilizar hasta un 25% o 35% de componentes importados de Asia para abaratar los costos de producción. Al reducir este margen para cumplir con las nuevas reglas regionales, los productos finales, especialmente en el sector automotriz, perderán su atractivo en precio frente al mercado internacional.

El endurecimiento de estas reglas tendrá un impacto directo en el consumidor. Valenzuela estima que los precios de los vehículos hechos en México aumentarán entre un 5% y un 8% en el corto plazo.

Otro aspecto crítico en las reglas de origen es el uso de metales. Valenzuela destacó que México es un gran importador de acero y aluminio provenientes de China para sus procesos industriales. Sin embargo, los socios del norte ahora exigen que el 80% de estos materiales sean de procedencia regional.

Para asegurar el cumplimiento de esta norma, México trabaja bajo un esquema de trazabilidad extrema. El experto detalló que cada placa o pieza de acero y aluminio que llega a las plantas cuenta con un código que permite a las autoridades estadounidenses detectar su origen exacto, cerrando el paso a los insumos chinos.

Más costos

A las reglas de materiales pretendidas por EU se suma el Valor de Contenido Laboral, una normativa que exige que entre el 40% y 45% del vehículo sea fabricado por trabajadores que perciban un salario igual o superior a los 16 dólares por hora. Valenzuela advirtió que la unión americana busca elevar esta exigencia al 50% o más, una condición sumamente difícil de cumplir para la realidad económica de México.

Este requisito implica un aumento en los costos de nómina y obligaría a las empresas a someterse a sistemas de fiscalización donde se auditan registros sindicales y la libertad de elección de los dirigentes, bajo un esquema de vigilancia constante.

El economista Jaime Jiménez Santos coincidió en los riesgos para las cadenas de valor mexicanas.

”México perdería competitividad, sobre todo en la industria automotriz de autopartes, que es donde están las cadenas más enlazadas con el mercado de Estados Unidos”, explicó.

Ante este escenario, el experto subrayó que la prioridad para México no debe ser solo la negociación diplomática, sino una estrategia interna de fortalecimiento que incluya la inversión en tecnología, especialmente en Inteligencia Artificial para mejorar la eficiencia productiva.

También consideró prioritario que el país busque nuevos mercados y proveedores para reducir la dependencia y mitigar riesgos.

Si México llega a perder terreno en áreas clave como las reglas de origen, la confianza de los inversionistas podría verse afectada, advirtió. Actualmente, México goza de cifras récord en Inversión Extranjera Directa, pero los capitales podrían “ponerse nerviosos” si el resultado de las revisiones anuales no es favorable.

La alternativa

Frente a este proteccionismo norteamericano, Juan Carlos Angulo, académico de la Universidad Iberoamericana, sostuvo que México no debe alinearse exclusivamente con una potencia. Durante un análisis del contexto en el que se llevan a cabo las negociaciones trinacional, refirió que México requiere una política exterior basada en el pragmatismo y la diversificación.

Enfatizó que limitar la estrategia solo a América del Norte significaría perder el dinamismo del Indo-Pacífico.

Para el especialista, México debe aprovechar la Alianza del Pacífico como un puente estratégico y no renunciar a las oportunidades tecnológicas y de inversión que representa Asia, para asegurar que el país mantenga su autonomía en función de sus propios intereses de desarrollo.

Explicó que China incrementó durante los últimos años su presencia en América Latina mediante inversiones, financiamiento, infraestructura y comercio, mientras que Estados Unidos buscó recuperar influencia en la región.

Frente a esta competencia, México puede beneficiarse si construye una política exterior basada en el pragmatismo y la diversificación, en lugar de una lógica de confrontación o de exclusividad, dijo.

Angulo plantea que la pregunta no debería ser con cuál potencia quedarse, sino cómo desarrollar una estrategia capaz de aprovechar las fortalezas de ambas relaciones para impulsar el desarrollo nacional.

Consideró que México cuenta aún con una posición privilegiada por su cercanía con el mercado estadounidense y su capacidad para ampliar sus vínculos con Asia, siempre que adopte una visión de largo plazo.

Planteó que México debe evitar quedar atrapada en la creciente competencia entre las dos mayores economías del mundo.

Para el especialista, la región de Latinoamérica necesita construir una política exterior que preserve su autonomía, fortalezca la cooperación regional y le permita negociar con distintos socios internacionales en función de sus propios intereses de desarrollo.

En el caso mexicano, implica aprovechar la estabilidad que ofrece su integración con Norteamérica, al tiempo que expande su presencia económica hacia los mercados del Pacífico, donde se concentrará buena parte del crecimiento mundial en las próximas décadas.

AM.MX/fm

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