sábado, mayo 18, 2024

EL CINE DE LA REVOLUCION MEXICANA: La Negra Angustias una coronela justiciera

3ª. Parte

Francisco Medina

En La Negra Angustias, la Coronela Angustias hubiera podido acabar igual de sumisa que Flor Silvestre o Beatriz, si la película hubiera sido realizada por un hombre; el personaje central estuvo a punto de hacer lo mismo, someterse a la voluntad del amado.

Sin embargo, la historia de La Negra Angustias, es la de una joven hija de un generoso bandido, es discriminada por vivir con la bruja Crescencia y negarse a ser víctima del acoso de los hombres. Tras acuchillar a un charro que intenta violarla, huye al monte y se une a la tropa zapatista. Convertida en coronela, sigue las enseñanzas de su padre e imparte justicia entre mujeres y campesinos.

Se trata de la historia de una mulata criada por una curandera, una bruja; sin embargo, al cumplir más o menos 15 años es educada por su padre, Antón Farrera, un bandolero que robaba para dar el producto de sus hurtos a los “probes”, una mezcla de Robin Hood y de Chucho el Roto. Ella le hace la comida y lo cuida, y cuando le van a pedir la mano de Angustias y ella rechaza al pretendiente, el padre respeta su decisión. Al estallar la Revolución el padre comenta “lástima que yo sea tan viejo y que tu seas mujer”. Pero, la figura paterna es definitiva para la decisión de Angustias de participar en la lucha con un papel dirigente.

Es importante señalar que, tanto en la vida como en el cine, sucede con mucha frecuencia que las mujeres que han hecho cosas llamadas significativas socialmente y que se suman a lo que se considera importante en la historia (en el arte, en la política, en la ciencia…) tienen un padre que también hizo cosas creativas y excepcionales para la sociedad. Ellos han representado, de alguna manera, el modelo a seguir (a pesar de la diferencia de género) y a menudo han impulsado a sus hijas.

El contexto de la guerra, de la lucha armada, está bastante claro y bien articulado con la anécdota de la película, pues no es simplemente un telón de fondo como en otras. Las mujeres del pueblo no quieren a Angustias, ya que dicen que parece gallina con espolones y que seguro no es hembra, porque rechaza a todos los hombres. La apedrean y la quieren dañar por “marimacho” -en la novela, incluso, dicen explícitamente que es lesbiana.

Ella representa una amenaza para la “verdadera identidad femenina” de las mujeres del pueblo, y la única que la ayuda es la curandera, quien le hace una limpia, pero no sirve de mucho porque la siguiente vez que un tipo la quiere violar ella lo mata a cuchilladas y se ve obligada a huir del pueblo. Es interesante el hecho de que estos dos personajes femeninos, unidos en una relación no biológica de madre-hija, representan lo marginal dentro de su marginado género: una es bruja y la otra negra, y es precisamente la negritud de Angustias lo que la convierte, aún más fácilmente que a una mujer de otra raza, en un objeto sexual listo para ser tomado por los machos.

De repente Angustias decide convertirse en jefe (sic) de la Revolución, y de la noche a la mañana es la Coronela Angustias Farrera, hija de Antón, quien dice que “hay que quitarles a los ricos lo que nos han robado”. A diferencia de otras mujeres bravías del cine de esta época de la lucha armada, Angustias siempre lleva falda; fuma y bebe y hasta se emborracha, pero siempre usa falda y no dice nunca malas palabras. Al parecer, la Negra Angustias de carne y hueso que vivía en el estado de Guerrero era muy malhablada (Huaco-Nuzum, 1987, 102).

En la novela, sin embargo, la Coronela va vestida de hombre. Es sólo antes, en el tiempo en que vivía en su pueblo, y después, en el momento en que quiere conquistar al catrín, cuando usa vestido: “cambió su delicada indumentaria mujeril por los fieros ropajes y arreos del guerrillero: el pantalón de cuero de venado, la chaquetilla alamareada, el sombrerón que hacía pavoroso su rostro oscuro, las espuelas…” (Rojas González, 1984, 180). En muchas de las fotografías de la Revolución, en donde aparecen mujeres, éstas llevan falda, sin embargo, hay un montón en las que se las ve con pantalones, y en algunas de éstas resulta difícil, incluso, descifrar bien a bien el significado del traje de hombre que llevan puesto.

Tres personajes masculinos ayudan de verdad, de manera voluntaria o involuntaria, a Angustias, su padre y su amigo el Huitlacoche, porque la quieren; Manolo, el maestro de quien se enamora, la ayuda involuntariamente ya que, al ser rechazada por éste, vuelve a ser otra vez ella misma, capaz de ser independiente y de seguir desempeñando un papel activo, y darse poder a sí misma.

Hay una escena poco común en las películas mexicanas. La tropa de Angustias agarra al rural “El Picado”, quien años antes la había acosado sexualmente; le dice que hoy ella es la que manda y lo “juzga” en nombre de las “viejas” de las que se ha burlado (de Piedad, de Rosa, de Lupe la de Agua Fría). Lo manda castrar, porque “sólo así son menos malos los hombres”. Enseguida se la ve a ella caminar entre las hojas de los magueyes, a modo de obvia alusión fálica, pero el falo se presenta aquí como equivalente a puñal o lanza que lastima, que hace daño.

En la mayoría de las películas del género, las mujeres en general no pasan de victimizarse, de quejarse de lo mucho que sufren justamente por ser mujeres. Pero la Negra Angustias actúa, toma iniciativas frente a las desigualdades y la dominación masculina. Así, hay una escena que nos permite ver cómo la directora desarrolló la relación entre la protagonista y otras mujeres. Hacen prisionero a un ingeniero y lo van a fusilar; llega la novia de éste a pedirle a Angustias “de mujer a mujer” que lo libere y le dice: “La Revolución es justicia, pero nunca felonía”. Esto no ablanda a Angustias, pero cuando le dice que está embarazada y que su hijo será huérfano antes de nacer, eso sí la hace reaccionar y libera al hombre. Como de costumbre, aparece la maternidad como el motor fundamental que impulsa a las mujeres, y esta es una constante hasta en la película realizada por una mujer.

Angustias hace varios comentarios sobre la feminidad y la masculinidad. Por ejemplo, dice despectivamente “asco de las mujeres, no entiendo, verdad de Dios, son todas como la cabra amarilla”, haciendo referencia a las cabras que de niña cuidaba en el monte. Pero también dice a propósito de las prostitutas que “esas son las que merecen más respeto, porque soportan la peste y la brutalidad de los hombres”. La preocupación y el cuestionamiento hacia los papeles culturalmente asignados a los géneros está muy marcado en La Negra Angustias.

Angustias es analfabeta, quiere aprender a leer y aparece un maestro rubio, de ojos claros, bien catrín y un tanto afeminado para enseñarle. En la escena en la que ella lo contrata, él va detrás de las faldas de su madre, quien es la que habla e interactúa con Angustias y canta las alabanzas de su hijo. El no quiere saber nada de la Revolución y, además, dice que la guerra no es para mujeres. Angustias se enamora del maestro y, como sucede siempre, actúa de acuerdo con los atributos que se consideran femeninos, se muestra modosita, dócil, buena niña, suave y se emperifolla. Para él se vuelve momentáneamente chiquita, mansa, idiota y se sume en la tristeza cuando la rechaza por razones de clase y de raza. Angustias piensa que el maestro no la quiere por pobre, por fea y por negra. Aquí se presenta una inversión de papeles, ella es quien se le declara, una ruda campesina negra, convertida en coronela, en un papel social masculino, con cierto poder, y él, un delicado y blanco maestro urbano dominado por su madre, para quien la relación sería imposible; la cuestión de la diferencia de razas aparece claramente cuando le dice que “su unión sería una cruza absurda…”

Está tan dolida por el amor no correspondido que ya no quiere ni irse con su tropa, pero los federales matan frente a ella a su amigo Huitlacoche y entonces ella reacciona y se va, huyendo al mando de su tropa y gritando “Viva la Revolución, viva México”. Angustias, como la mayoría de las mujeres, aun teniendo conciencia del significado de la lucha revolucionaria, estaba dispuesta a dejarlo todo por su amor, pero al ser rechazada puede seguir adelante, haciendo la Revolución, al frente de los hombres y no detrás como soldadera. A caballo y no a pie.

Sin embargo, en la novela el final no es así; ahí Angustias se somete al maestro, quien no la ama y la desprecia, pero utiliza el hecho de que es coronela de la Revolución para conseguir trabajo en el gobierno. Ella termina viviendo en la ciudad de México, en una pobre vecindad y con un hijo, prisionera de su amor imposible.

Emilio García Riera, el reconocido crítico de cine y autor de: ”La Historia documental del cine mexicano” no puede con esta película y con el protofeminismo de la directora Landeta. Argumenta que el final previsto era que Angustias se quedara con el maestro y se convirtiera en una vecina de la ciudad de México: “Este final, no sé por qué, fue cambiado en la película”, se pregunta (García Riera, 1972, 67), quien no entiende por qué la realizadora cambió un final en donde la mujer se vuelve esposa-ama de casa y madre por el de una Angustias, coronela de la Revolución, libre y con poder. Tampoco entiende que rechace a los hombres a pesar de que intentan violarla en más de una ocasión y habla sobre “la repugnancia de la Negra ante el sexo”, (García Riera, 1972, 67).

Pienso que no es precisamente lo mismo rechazar el sexo que rechazar el que es forzado, o sea, la violación; no es lo mismo repudiar a los machos brutales que a los hombres, ya que ella, a fin de cuentas, se enamora de uno de ellos. Es preciso mencionar que el maestro también es machista, lo cual nada tiene que ver con el hecho de que sea lo que se ha dado en llamar “afeminado”, se puede ser las dos cosas al mismo tiempo, ya que lo primero es una cuestión ideológica y lo segundo, en general, sólo se trata de modales.

De las películas analizadas, a mi juicio, ésta es la mejor en muchos sentidos, incluso estéticamente, pero sobre todo en el tratamiento de las relaciones entre los géneros y en la forma de entender lo femenino. Es una excepción dentro del cine mexicano, porque es, además, obra de Matilde Landeta, una de las primeras realizadoras dentro de la industria del cine nacional.

Julia Tuñon, historiadora estudiosa del cine de mujeres, ante la escena de la castración afirma: “Lo anterior puede hacernos suponer que estamos ante una película feminista; no es tal. Las escenas anteriores muestran a una Angustias castradora porque ella lo está en su feminidad y ante el llamado del amor, se doma; procura cambiar…” (Tuñón, 1997, 70). Angustias no es lo que se entiende comúnmente por una mujer castradora; lo hace con un violador por venganza, para tomar la justicia por su propia mano; es más, nada hay que haga suponer que su feminidad está castrada. Se enamora y no es correspondida, eso es todo. ¿Cuándo un hombre se enamora y no es correspondido se dice que está castrado en su masculinidad?

A pesar de haber producido una gran película como La Negra Angustias, la industria cinematográfica nacional seguía empeñada en mostrar, una y otra vez, la concepción más tradicional sobre las mujeres. La Cucaracha empieza cuando el coronel Antonio Zeta (el “Indio” Fernández), villista, y sus Panteras del Norte entran en un pueblo tristes y derrotados. La Cucaracha (María Félix) trepada en una barda los observa y se ríe de ellos a carcajadas -esta es una de sus primeras agresiones y muestras de su animadversión hacia el coronel Zeta. Enseguida él le dice que se vaya porque no quiere mujeres en el cuartel, pero ella le responde que es un soldado (sic) y que ahí se va a quedar. Los integrantes de la tropa de Zeta opinan que las mujeres revolucionarias son sólo unas “viejas mitoteras”.

La negra Angustias (1949)

México Blanco y Negro

 

Una producción de:  Técnicos y Actores Cinematográficos Mexicanos Asociados (TACMA)

Género:  Drama histórico

Duración:  85 min.

Sonido:  Monoaural

Dirección:  Matilde Landeta

Guión:  Matilde Landeta, sobre la novela homónima de Francisco Rojas González

Fotografía:  Jack Draper; operador de cámara: Urbano Vázquez

Reparto: María Elena Marqués: Angustias; Agustín Isunza; Huitlacoche; Eduardo Arozamena; Antón Farrera; Gilberto González:  Efrén “El Picao”; Enriqueta Reza: Crescencia; Fanny Schiller:  doña Chole; Ramón Gay:  Manuel de la Reguera; Noemí Beltrán: Angustias niña; Guillermo “Indio” Calles:  don Melitón; Carlos Riquelme: Enrique Pérez, revolucionario “decente”; Elda Peralta:  novia del ingeniero.

AM.MX/fm

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