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El aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio trajo a la memoria ese fatal año en el cual fueron asesinados el entonces candidato priísta a la Presidencia, el secretario general de ese partido, José Francisco Ruíz Massieu, y el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. En los tres casos aparece como común denominador el narcotráfico y como hilo conductor el hermano incómodo del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

Las diferencias entre Raúl Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio, quien se negó a recibir apoyos económicos supuestamente carentes de facturas a pagar durante el sexenio, provenían de ciertas actividades a las cuales ya se habían hecho referencias en Los Pinos. Emilio Gamboa, el yucateco más cercano a los titulares del Ejecutivo de los últimos sexenios tricolores, siendo secretario de Comunicaciones y Transportes informó a Carlos Salinas sobre la transportación de estupefacientes y señaló a Raúl como operador de estas acciones.

Se recuerda que también por entonces los Arellano Félix, jefes del Cártel de Tijuana, la ciudad en la cual acribillaron al sonorense, se apersonaron en la nunciatura para entrevistarse con Girolamo Prigione. Jorge Carpizo fue enterado y, a su vez, tal visita le fue revelada a Carlos Salinas de manera personal ya que una de las peticiones de los capos era lograr ser recibidos en Los Pinos. Les negaron la cita pero se ordenó no llevar a cabo la detención argumentando se encontraban en la representación oficial del Vaticano y el escándalo sería mayúsculo contra México, lo cual entonces y ahora sigue viéndose absurdo.

Curiosamente al Cardenal Posadas Ocampo lo confunden con un narco a su llegada al aeropuerto de la capital Jalisciense. Esa fue la información oficial misma en la cual no se tomó en cuenta la desaparición del portafolio, en el cual se encontraban las pruebas y los nombres de funcionarios ligados con las por entonces grandes mafias, el cual sería entregado justamente a Prigione quien llegaba, en el momento del homicidio a Guadalajara.

Nada se dijo entonces de la participación de don Raúl en ambos casos. En el de Colosio a la entrega del listado de mecenas de su campaña a quienes les había facilitado protección llegada desde las oficinas de su hermano a quien, por otro lado, le había exigido cumplir con los compromisos contraídos por él con estos grupos.

Los encontronazos con José Francisco Ruíz Massieu eran del conocimiento público y también la buena relación existente entre el cuñado de la familia presidencial y el candidato a la Presidencia. La llegada de José Francisco al PRI era la primera señal de un nuevo andamiaje para ese septuagenario partido y, por ende, la exclusión de los grupos comprometidos con Raúl Salinas.

Tal vez la prisión fue la mejor forma de protegerle la vida al hermano incómodo y si nos atenemos a la posibilidad de reabrir el caso Colosio como ordenó AMLO, los denominadores comunes como éstos tal vez permitan llegar a su esclarecimiento sin necesidad de utilizar muñequitos o de negar el uso de dos armas, una 38 y una 22, como se hizo en la presentación de las primeras ”verdades históricas” que, pasados 25 años, nadie cree.

Los crímenes contra quienes buscaban la verdad sobre el asesinato de Lomas Taurinas se sucedieron uno tras otros. Las interrogantes quedaron sin respuesta. De la participación de tres Aburtos se tuvo prácticamente la investigación completa y aquel famoso reloj luciendo diferente en las muñecas del ejecutor y el detenido le fue presentado en video a Ernesto Zedillo Ponce de León en Los Pinos por Francisco Healy Ortíz, dueño del diario el Universal, quien pidió protección por contar con material grabado no solamente de esa gira sino de todas las emprendidas por el candidato. La respuesta recibida fue: será mejor que te vayas, no pudimos cuidar ni a nuestro candidato. Y, Healy, salió un largo tiempo del país.

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