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López Obrador nos convenció de lo fundamental de tener un proyecto de Nación, de superar la idea de haber perdido la identidad nacional y el rumbo, de ir a la cola de los vaivenes del mercado mundial y todo esto lograrlo por la vía pacífica, aseguró en entrevista Jesús Ramírez Cuevas, actual coordinador General de Comunicación Social y Vocero del gobierno de la República. Sostuvo se está reafirmando la identidad de ser mexicanos gracias a la globalización, a este fenómeno en el cual le otorga a Donald Trump un agradecimiento al haber dejado huérfanas a las élites mexicanas, a la empresarial, a la académica, a la política, tras haberle apostado a la integración y recibir como respuesta el desintereses generalizado y sólo focalizar los recursos petroleros, la energía, pero no a sus grupos.

En esta participación el vocero habla de su paso por la revista Motivos, el semanario cultural de La Jornada, la corresponsalía de Reuters y AP, de la producción de documentales y su cercanía con Carlos Monsiváis, con José María Pérez Gay en cuya residencia fue presentado a AMLO. Advierte visualizó la subordinación abierta de los gobiernos priistas y panistas hacia los Estados Unidos cuando apoyaron abiertamente la llegada de Donald Trump a la presidencia. Tanto Peña Nieto como Luis Videgaray jugaron, tal vez sin imaginarlo, su propia condena. El magnate también los ha dejado huérfanos. Llega así el deterioro del poder político y el rol lo asume el poder económico y éste utiliza a los medios, particularmente a la televisión.

Se requería de los medios de comunicación para cubrir la necesidad de legitimidad, señala al tiempo de hablar de nuevo de los altos gastos en publicidad, lo cual creó una realidad económica artificial en los medios, una burbuja especulativa en donde no importaban las audiencias, el público, había dinero asegurado con el cual se aseguraba también un staff, manejando líneas editoriales a modo. Ahora, reconoce Ramírez Cuevas, el escenario de los medios de comunicación en México es incierto. Se encuentran en un periodo de transformación en donde se buscan audiencias, localizan temas y tratan de encontrar la forma de abordarlos, requieren de renovaciones tanto en los procesos industriales como en la voces, en las plumas, en las mentes dispuestas a ver los cambios en la sociedad, en lo político, en el mandato gubernamental.

Sin reparo aborda el tema de la corrupción y de algunas organizaciones como Mexicanos contra la Corrupción y al respecto califica no son del todo libres puesto que no ven hacia todos lados. Ejemplifica en Claudio X González y asegura no paga impuestos, habla de Kimberly Clark o de las empresas que los patrocinan que se dicen altruistas financiando periodismo de investigación pero que tampoco están pagando los gravámenes correspondientes. Menciona a la revista Proceso, a La Jornada, al Reforma, a Contralínea, al Sol de México como medios en donde se realizan investigaciones periodísticas respetables.

Si bien abordó el vocero temas delicados, lo aún no contestado gira en torno a una comunicación de Estado, la capaz de llegar a todos los mexicanos, la presentadora de planes y proyectos manejados con el lenguaje de fácil comprensión para todas las esferas sociales. Nada se dijo en torno al acontecer en renglones muy sensibles para la sociedad. El auténtico vocero del gobierno de la República es, sin duda alguna, Andrés Manuel López Obrador y el escenario en donde las declaraciones se llevan a cabo pertenece a las famosas “mañaneras”. Fuera de esto no hay nada que advierta la existencia de una estrategia de comunicación eficiente, en donde puedan impedirse las contradicciones entre el Ejecutivo federal y miembros de su gabinete, o sobre las opiniones sobre lo revelado en medios como el Reforma. Este último señalado por el comunicador por llevar a cabo un periodismo de investigación respetable y calificado por el tabasqueño de muy diferente manera.

En fin, esto es lo que hay, o como se decía antes, son las mulas con las que habrá que arar.

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