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Aletia Molina

El muy popular subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, presentó el pasado miércoles por primera vez la estimación de casos que México “realmente” tendría de COVID-19: la cifra asciende a 26 mil 519 personas con la enfermedad.

El funcionario informó que esta estimación de casos de COVID-19 se realiza con base en el ‘método centinela’ de vigilancia epidemiológica. Este método se utiliza, según López-Gatell, para reconocer el número aproximado de casos que realmente tendría en México y, mediante ello, poder tomar decisiones útiles en materia de salud. «Nos permite asumir la realidad como es, en vez de asumir que lo que no se ve no existe», comentó el subsecretario.

Dijo que, en este método centinela, se multiplica el número de casos observados (que hasta este miércoles eran 3 mil 181 confirmados) por 10 o 12 no observados. Esto quiere que «la epidemia es ocho veces más grande» de lo que se ve.

El subsecretario destacó que cada caso confirmado representa a 12 más que tendrían COVID-19, pero son personas que no fueron a consulta, que no presentaron síntomas en consulta, que su médico no identificó los signos de la enfermedad, entre otras razones.

«Nosotros reconocemos explícitamente que tenemos 26 mil. En cualquier otro país que tengan solamente los casos observados, también habría que corregir y multiplicar por un número parecido al de México, 10 o 12 casos no observados por cada uno», explicó.

Una estrategia que, sin embargo, contrasta con la recomendación del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien ha insistido que la realización de pruebas masivas de detección son un punto clave para detener la pandemia. «Una vez más, nuestro mensaje es: pruebas, pruebas, pruebas», dijo Ghebreyesus el pasado 17 de marzo.

Hasta ahora, en México se han realizado poco más de 14.000 pruebas, de acuerdo con datos oficiales. Una cifra muy por debajo de, por ejemplo, las casi 918.460 que se han practicado en Alemania.

En el caso mexicano, una vez que un paciente sospechoso ingresa a hospitales del sistema de salud, los médicos realizan un diagnóstico a través de un formulario en el que se sistematizan los síntomas. Si el paciente sale negativo en el examen de influenza, se le practica la prueba del covid-19. Una situación que, en teoría, permite utilizar pocos recursos de manera más eficiente.

Además, el Gobierno mexicano esperó a que el número de casos del coronavirus dejaran de ser solo importados, y pasaran a ser contagios comunitarios, para decretar el confinamiento de la población en sus casas, como parte de la Fase Dos, que entró en vigor el 24 de marzo.

Ya en la Fase Uno, se decretó el cierre de escuelas y parques públicos, desde el pasado 16 de marzo, cuando solo había 100 contagios. Una cifra muy por debajo de cuando esta misma medida se implementó en países de Europa como Italia y España.

El subsecretario López-Gatell ha señalado que la principal meta es reducir el número de contagios antes de que México entre a la Fase Tres de la epidemia, para finales de abril o principios de mayo, cuando el número de contagios llegue al máximo.

En este sentido, según el Gobierno, el objetivo se centra en «aplanar la curva» de contagio con el fin de que los casos no saturen los hospitales y pueda alargarse de manera ordenada durante el tiempo de duración de la epidemia.

Sin embargo, el número de pruebas practicado ha sido bajo, situación que podría contribuir a tener un subregistro importante de casos.

Las pruebas estándar identifican el ARN del virus a través de una muestra tomada de la garganta o fosas nasales. Posteriormente, se extrae el ARN y se amplifica en una máquina especial mediante la técnica de reacción en cadena de polimerasa (PCR), para luego identificar si la cadena de material genético corresponde al virus.

Cada prueba tiene un costo cercano de 150 dólares. Es técnicamente muy complejo y por eso algunos países no lo tienen.

Ahora, los principales retos que enfrenta el Gobierno mexicano para mitigar la crisis se encuentran en la falta de ventiladores para atender los casos graves de enfermedades respiratorias derivadas del covid-19, al mismo tiempo que se resuelven otras carencias de un sistema de salud pobre, ante el retraso y saturación que padecen muchos hospitales a la hora de atender a la población.

Enfrentamos una carrera a contrarreloj que podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchos mexicanos afectados por el covid-19, mientras los médicos y enfermeras luchan para evitar que la crisis termine desbordando los hospitales… Mientras el Gobierno se conforma con sus cifras aproximadas y los brotes siguen surgiendo por todo el país.

Aletia Molina
@AletiaMolina

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