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Por Mouris Salloum George*
Por más que en estos años se hable arrogantemente de la sociedad de la información, nunca como ahora se pretende perversamente una comunidad desinformada. En esta operación, conspiran los poderes facticos y aun los constitucionales en algunos Estados globalizados.
En esa afirmación encaja la figura, no precisamente poética, del Nuevo Orden Feudal Mundial. Lo relanzan los poderosos del planeta, para mantener aherrojados a los condenados de la Tierra.
En la contagiosa crisis sicológica a la que ha dado pie el coronavirus, hace apenas unas horas propusimos el título de esta sección: No conocen la tregua de Dios, refiriéndonos aquellos que bregan heroicamente por hacer de la política un herradero.
Galopan, como manada acéfala, aquellos que, vomitando sus filias y sus fobias, urgen de un cerillo para incendiar la seca pradera nacional: Muchos son los incendiarios y pocos los apagafuegos.
En el pueblo, la Patria tiene su gran reserva moral
En otras entregas, citando al pensador colombiano Germán Arciniega, hemos recordado que, en momentos de destino, la Patria tiene en el pueblo su gran reserva moral.
Nada más elocuente cuando, en la crisis que asuela a México, como al resto del mundo, en una sociedad profundamente estratificada por las estructuras de la desigualdad socioeconómica, los segmentos secularmente menos favorecidos cargan con los costos de los procesos disolventes en la economía y de las acciones de contingencia restrictivas, que trastornan la vida cotidiana de las sociedades intermedias y la convivencia social, vecinal y familiar.
Desde la perspectiva política, hemos observado también que, cuando más se habla de transición democrática, desde hace al menos tres décadas la Nación ha perdido la visibilidad de liderazgos auténticos, universalmente aceptados.
Pugna perenne entre paralíticos y epilépticos
Desde otros ángulos, hemos advertido los riesgos de que, en un sistema de naturaleza presidencialista, se fracture la unidad de mando de la República y la lucha de los contrarios se presente como una pugna perenne entre paralíticos y epilépticos.
No nos duelen prendas para reconocer que, entre la histeria y la pugnacidad, para el líder de la cuarta transformación, Andrés Manuel López Obrador, ha llegado la hora de convocar a los adversarios a una tregua que permita instrumentar y aplicar las acciones de contingencia que exige la crisis, cuyo Talón de Aquiles es una economía desde hace más de treinta años desvertebrada.
No es casual, ni gratuito que, desde esa óptica, el sector llamado a seguir ayudando, sea el poder económico que, al través de una de sus cúpulas de cúpulas, el Consejo Coordinador Empresarial, ha respondido juiciosamente que no se pide condonación de impuestos, sino facilidades fiscales.
Coincidentemente, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores exhortó a los bancos que operan en México a no pagar dividendos a sus accionistas.
Lo urge a México “es otro modelo de desarrollo”
A propósito, para nosotros un respetable analista en materia económica y financiera, nuestro amigo Carlos Fernández-Vega, hoy mismo, en su sección en La Jornada, ha puesto el dedo en la llaga: Urge otro modelo de desarrollo. Por supuesto, Fernández-Vega señala las raíces de la crisis: Las políticas diseñadas e impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
En sus declaraciones de ayer, López Obrador aventuró un diagnóstico: Las diferencias políticas e ideológicas están arriba, en las élites; abajo, el pueblo está unido.
Alienta por ello el compromiso asumido por el Presidente: Prepara el gobierno un plan económico en favor de los pobres. Sostenemos nosotros: La reserva moral de la Nación no puede seguir siendo la que pague los sacrificios de la crisis, como lo ha venido haciendo a lo largo de los últimos 50 años. Vale.

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