fbpx

*Mónica Herranz

La noche siempre ha tenido algo que la reconforta, a ella y sólo a ella le ha contado sus más íntimos secretos, sus deseos,  anhelos y fracasos. La noche la ha visto llorar, festejar, trabajar, reir, dormir y soñar, ha estado ahí para acogerla, abrigarla, exponerla, protegerla, cuidarla o acariciarla.

 

La noche es linda por que en ella hay amplia variedad, en eso se parece a la mente humana, a veces es negra y cerrada llena de una oscuridad abrumadora que asusta o acongoja  y otras veces es clara y estrellada, alumbra y da claridad.

 

A veces puede invitar a caer en un pozo que pareciera sin fin, en una espiral retorcida que quien sabe hacia donde llevará y otras veces llena de gozo y regocijo o de calma y luminosidad.

 

La mente es inquieta y la noche no se queda atrás, juntas pueden llevar al éxtasis, al límite, al borde placentero y al doloroso también. Las cosas más bellas suelen tener al menos un lugar en la noche y las terribles también; las obras maestras, las confesiones más intensas, los besos más arrebatados, las pasiones más desenfrenadas, las más tristes noticias, los momento más atesorados, las fugas increíbles, las madrugadas febriles.

 

¡¿Qué será?!, ¿qué tiene la noche que la atrae, aun cuando sea cerrada, llena de profunda oscuridad?.

 

Quizá sea el enigma que la rodea, que en él encuentra compañía y fantasía. Quizá uno pueda mentirse de día, pero al caer la noche se desnuda el alma, y junto con ese acto llega la verdad. ¡Eso es!, en parte la noche además de ser enigmática es franca. No importa si cálida o fría, así puede ser la armadura que portamos durante el día, pero al ponerse el sol, al caer el ocaso, no tiene cabida la mentira.

 

La noche tiene esta parte que la invita a leer, a beber un tinto o fumar un cigarrillo, a darse un baño de tina,  o enrrollarse en una cobija. Pero la noche a veces es sórdida y con ella se despiertan las más inquietantes locuras, los crímenes más atroces, las venganzas más violentas, las llamadas más temindas, los temores más inciertos y hasta las mentiras que no tenían cabida.

 

La noche es leal porque no abandona y siempre llega, en ella podemos lucir o apagarnos, brillar o escondernos, aparecer o desaparecer, encontrarnos y perdernos. En ella podemos sucumbir o de ella podemos resurgir.

 

La noche puede ser refugio o peligro, eros o tánatos, tierna o malvada, puede ser también tirana y ¡ojo! porque aveces hasta engaña. La noche, dicen algunos confunde, y para otros aclara, da paz aunque de tanto en tanto también alarma.

 

La noche es polifascética  y está lejos de servir sólo para dormir; la noche embruja, asombra y encanta y es justo gracias a su obscuridad que podemos apreciar con claridad lo que de ella emana.

 

La noche es corta en ocasiones y otras puede resultar muy larga, pero sin duda alguna es cómplice y confidente y sí, aunque a veces sea tiniebla, la mayor de sus virtudes está en  convertirse siempre en alba. La noche anuncia el mañana, quien sabe si por eso y sus mil caras le guste tanto, o sea sólo que nació de madrugada.

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

facebook.com/psiherranz psiherranz@hotmail.com

Comentarios

comentarios