sábado, abril 13, 2024

DE ENCANTOS Y DESENCANTOS: Concordia

*Mónica Herranz

Observaba a las personas mientras caminaba entre ellas, ya estaba por terminar el año, lo que hacía que mucha gente estuviera de vacaciones aunque otros tantos no. A su alrededor había personas vestidas para trabajar y otras más relajadas, pero independientemente del atuendo, fijó su atención en la expresión que sus rostros reflejaban, había de todo, sonrientes, cabizbajos, serios, alegres, eufóricos, pensativos, relajados, tensos, reflexivos, etc.

Se preguntó entonces cómo habría sido el año de cada una de esas personas y eso inevitablemente le llevó a pensar en el suyo y así, divagando entre lo de los otros y lo propio, fue como se le ocurrió la siguiente pregunta: -Si tuviera que definir mi año con una sola palabra, ¿cuál sería?-. ¡Ufff!, muchas palabras vinieron a su mente y resultaba complicado elegir sólo una, entonces, pensó; haría una lista, sí, a mano, nada de computadoras, en ella pondría cada mes del año y a cada mes le asignaría una palabra para así encontrar un hilo conductor y poder definir a partir de ahí todo su año en esa sola palabra.

Resultó un ejercicio divertido y muy reflexivo; enero había sido complicado, febrero intenso, marzo innovador, abril divertido, mayo difícil, junio conmovedor, julio inolvidable y así siguió con cada mes. Pensó en las vivencias que le habían llevado a asignar a cada mes determinada palabra y así fue como, cuando menos lo esperó, de pronto surgió la palabra con la que podía definir todo su año y esa palabra fue…concordia.

Sin duda un hermoso vocablo que proviene del latín, con (junto) cordis (corazón), y al que desde su origen se le pueden atribuir distintos significados como: unión del corazón, con corazón, consentimiento, alianza, pacto, arreglo, paz, calma, equilibrio y coincidencia armoniosa sólo por mencionar algunos.

Y es que, independientemente del resultado de la experiencia, podía considerar que todo o la mayor parte de lo que había hecho o intentado en su año lo había hecho así, desde el corazón. Podía haber acertado en ocasiones y errado en otras, podía incluso haber vuelto a cometer algunos errores de los que se supone tenía que haber aprendido, pero lo que le quedaba claro es que cada iniciativa, cada intento, cada paso, generalmente había estado dado desde o con el corazón.

Y bueno, ¡el corazón! A cuantos lugares nos lleva, por ejemplo, a la pasión, a la determinación, a la confusión, a la lealtad, al esfuerzo, al no rendirse, a reintentar, a creer…lo que pasa es que el corazón puede resultar en ocasiones un poco torpe si se le deja actuar por sí mismo, por eso muchas veces necesita ir acompañado de la razón, y ahí también tiene que ver la palabra concordia en su sentido de pacto, de equilibrio, de alianza.

Sí, así había sido su año, marcado por la concordia, haciendo desde el corazón, negociando con la razón, abriendo caminos y cerrando otros, descubriendo nuevas veredas; veredas sin rumbo o con uno nuevo y diferente pero siempre, cada paso, dado con el corazón.

Desde luego que hubiera resultado mucho más sencillo calificar al año como bueno o malo, pero valió el esfuerzo del ejercicio, porque una vez más se da cuenta de que el camino es el corazón, no a lo loco, no a lo burro, pero sí en esencia y es que dónde hay un corazón que late hay vida, y donde hay vida, siempre, siempre, hay oportunidad.

Y usted, querido lector, si tuviera que definir su año en una sola palabra, cuéntenos, ¿cuál seria?

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

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