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*Mónica Herranz

¿Qué habrá más alla?, ¿qué habrá después de la muerte?, son preguntas que nos hacemos sabiendo que la única certeza es que no vamos a encontrar una respuesta fidedigna. Imaginamos, suponemos, fantaseamos lo que podría pasar, que si la nada, que si la reencarnación, que si el cielo o el infierno, que si convertirse en naranja o limón. Y no, no es que esté desvariando, ¿no han escuchado o leido acerca de un nuevo modo de…no sabría si llamarlo entierro o cremación o quizá hasta plantación?.

 

Pues resulta que hay un sistema que se llama bio urna que contiene las cenizas de la persona que ha fallecido,  más una semilla. La urna se siembra y la semilla germinará. Al inicio cenizas y semilla se encuentran por separado, pero una vez que el germinado sea sufucientemente fuerte, entratá en contacto con las cenizas y del proceso final crecerá un arbol. Linda idea para los ambientalistas, aunque imagínense si la semilla era de limones o naranjas… Has  muerto y te has convertido en un frondoso árbol lleno de frutos, que, alguien ajeno en el mejor de los casos y pariente en el peor de ellos, puede terminar exprimiendo para una deliciosa agua fresca. Imaginar la escena no es tan complicado, “hijo, pásame unos limones del árbol de la abuela”, y ¡zaz!. Sí, serás un árbol frondoso al que los parientes puedan acercarse en busca de consuelo como cuando se acude a una tumba, pero también se corre el riesgo de ser exprimido e ingerido. !No creo que vaya a optar por esa opción!.

 

Otra posibilidad de creencia es la de la reencarnación y a poco no, cuando visualizamos esa opción o nos preguntan en qué nos gustaría reencarnar, solemos elegir ser una animal poderoso. Que si un tigre o un jaguar, que si una ballena para surcar los mares en libertad, o quizá un águila para volar y volar, pero, ¿quien nos ha dicho o asegurado que se elige en qué se quiere reencarnar?. ¿Qué tal si la posibilidad es la de volver a esta vida y esta tierra en forma de chinche o mosquito, en forma de araña o cucaracha?. ¡para eso sí aplica un fuchi – guácala!. Vaya retornar a la vida para terminar siendo aplastado por un trapo o una chancla. Para tal caso, a lo mejor preferiría convertirme en naranja.

 

El cielo suena como una magnífica posibilidad, un lugar en dónde nos reuniremos con nuestros seres  queridos, donde abunda la paz y la felicidad, dónde nos espera la vida eterna, pero claro, hay que hacer mertios para llegar allá porque la entrada puede ser negada, y las dos opciones que eso deja, poco halagadoras son. El infierno o el purgatorio; consumirse entre las llamas o vagar por la eternidad hasta que algún alma caritativa ruegue por nosotros y nuestra salvación. ¡Así cada vez suena menos peor terminar siendo agua de limón!.

 

¡El túmel!, no podría dejar de mencionar el tan famoso túnel, finalmente es el que se supone que nos llevará a cualquier otro tiempo, espacio o dimensión. El túnel para quienes deciden ser planta, ¿será verde?, acaba de surgirme esa duda, ya que quienes dicen haberlo visto lo describen generalmente como negro o blanco, y eso ¿dependerá de si has sido bueno o malo?.

 

También está la opción del Mictlán, el fascinante inframundo de los mexicas, en dónde al finalizar el viaje se acabarán los pesares y en dónde no dejaremos de existir mientras en el recuerdo de alguien vivamos. Convertirnos en catrina o catrín será nuestro fin trás morir. ¡Eso sí que suena mejor que que nos vayan a exprimir!.

 

En fin, disetraciones cómo éstas, chuscas o no, siguen y seguirán siendo incógnitas, dado que no podemos saber bien a bien que es lo que va a pasar una vez que muramos, pero, si esto se escapa de nuestro alcance, hay algo que no lo hace y eso es, la vida misma.

 

Si de exprimir se trata, que no nos expriman trás las muerte, y exprimamos mejor la vida mientras podamos disfrutarla.

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

facebook.com/psiherranz psiherranz@hotmail.com

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