CONCATENACIONES: Tumbos perredistas, dentro y fuera del Senado

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Fernando Irala

La repentina filia del senador Miguel Barbosa, a la sazón coordinador de la bancada perredista en el Senado, por la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, desató lo que podría ser la crisis terminal de ese partido.

El hecho mismo de que un dirigente connotado se pronuncie por la opción que ofrece otro organismo político es muestra de que las cosas no andan muy bien en el PRD.

Sin embargo, Barbosa se encargó de ahondar en la fractura. Primero se sintió con fuerza para continuar en su función como líder de la fracción amarilla, y cuando no pudo sostener su incongruencia en un primer intento ante los tribunales, abdicó. Pero mientras la dirigencia nacional ya había designado a otra coordinadora, el renunciado hizo una elección a modo para que los legisladores del grupo nombraran a un incondicional suyo.

Esta maniobra le fue posible porque de los diecinueve senadores perredistas, seis se han salido abiertamente de su partido pero no han abandonado la fracción, y otros más que aparentemente no se han quitado la camiseta, en realidad suspiran por el mismo prospecto que Barbosa.

Todo ello ocurre por lo que ya se sabía pero ahora se ha hecho más evidente: permanecer en el membrete como si nada ocurriera les garantiza colectiva e individualmente posiciones y sobre todo dinero que de otra manera verían reducidos.

Para deshacer el entuerto, Alejandra Barrales, la presidenta perredista, acudió a su vez a otra ilegalidad, sin abandonar la dirigencia nacional regresó a su encargo de senadora para garantizar con su presencia y su voto la designación de la coordinadora que no acababa de hacerse del mando. En su momento, Barrales había solicitado licencia en su escaño para encabezar su partido, precisamente porque sus estatutos prohíben desempeñar ambas funciones simultáneamente.

En medio del golpeteo, una fuente misteriosa pero cuyo origen no es difícil suponer, hizo del dominio público la creciente fortuna personal de la señora Barrales, quien empezó su vida laboral como aeromoza y su carrera política como líder sindical de ese gremio. Ahora es tan rica como recomendaba Carlos Hank –“un político pobre es un pobre político”— pero ello resulta tanto más chocante en el partido que ha tenido como lema aquello de “primero los pobres”.

Así, a trompicones, el PRD que estuvo a punto ganar el poder federal, hoy se desliza en el tobogán de las preferencias electorales y en el lodazal de los pleitos internos.

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