CONCATENACIONES: Pagar el pato

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Fernando Irala
Como todos los dichos populares, el surgimiento de la expresión se pierde en la noche de los tiempos.
Hay quien le atribuye orígenes de rivalidad religiosa entre judios y cristianos, y que en sus inicios en realidad era “pagar el pacto”, entendido como el pacto con Dios.
Ese pacto terminó siendo pato, y el sentido actual es el de pagar los costos o los estropicios de una situación dada, sin necesariamente ser el único o el principal responsable.
La frase cobró súbita actualidad ahora que Emilio Lozoya terminó con sus huesos en la cárcel, luego de una tragicomedia que lleva un par de años escenificándose, en una sucesión interminable de burlas: Lozoya viéndole la cara a la Fiscalía, ésta en una farsa continua, que empezó cuando al descender del avión que lo trajo de España montó hasta un convoy de señuelo en que aparentemente llevaba al acusado en calidad de reo al reclusorio, para luego resultar que a escondidas lo dejó en su casa, previo paso por un hospital por una inventada anemia.
Así, de burla en burla, ha transcurrido el tiempo, sin que los delitos confesados o el haber huido de México hubiera motivado el encarcelamiento.
En cambio, ir a cenar pato con sus amigos a un restaurante chino de pronto le hizo ver a la Fiscalía en los comensales a posibles cómplices y en su hasta entonces protegido a un probable fugitivo reincidente.
No es que lo afirme quien escribe. Así lo dijo el ministerio público ante el juez: la cena y el pato los agraviaron porque los exhibieron, los dejaron en ridículo y recordaron cuan selectiva es la justicia mexicana.
Lo que viene será relevante para el ahora encarcelado y su futuro que se advierte más sombrío que nunca, pero es tardío para el propósito pensado: mostrar el combate a la corrupción, armar un caso de resonancias sin precedente y generar imagen de justicia ejemplar.
Esa oportunidad ya se perdió. Pero no queda duda de que Lozoya es quien pagará el pato.

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