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Fernando Irala

        Se nos vino encima la feroz disputa por el poder presidencial que se definirá dentro de seis meses, pero ya desde ahora los candidatos de los partidos nos atosigan con sus mensajes machacones para convencernos, cada uno, de que sus adversarios son malos, pésimos, lo peor, pero que si nos adherimos a su causa y otorgamos nuestro voto, tendremos felicidad y recompensas sin fin.

        Por ello, el espacio navideño ha dejado de ser la noche de paz y de amor que anuncia el advenimiento del niño Jesús. Es la llegada de otros personajes la que ahora se promueve, que por estas fechas son tres y a los que el año próximo se agregarán los llamados independientes que obtengan el mínimo de firmas que la ley les exige.

        De los tiempos de reflexión y contemplación mística nada ha quedado. En realidad, éstos habían desaparecido hace mucho, barridos por el consumismo desaforado promovido por el comercio y adoptado por una muchedumbre que llena su vacío existencial con la fiesta, las luces artificiales y las compras navideñas.

        En la actualidad ese fenómeno continúa, pero esta temporada los exhortos a comprar hasta endeudarse están acompañados por los llamados a votar por quienes pretenden hacerse del poder, aunque ahora nos hablen de su vocación desinteresada de servicio.

        La otrora blanca Navidad se nos pinta de colores, los de cada partido, los de los tricolores que ahora se hacen pasar por rojos, aliados con los verdes; el tono sin nombre de los de Morena, o la mezcla de azul y blanco con el naranja y el amarillo y negro, que debe dar un matiz tan raro como el frente que ha postulado por primera vez a la Presidencia a un candidato que suma fuerzas de derecha e izquierda.

        Partidos y aspirantes ya no nos darán tregua. Así concluirá este año y así arrancará el siguiente, hasta que la fecha de los comicios sea inminente y el Instituto Nacional Electoral imponga la calma y el silencio que precederán a la tempestad.

        Habrá que apagar los aparatos de radio y televisión y salirse por un rato de las redes sociales, si lo que se pretende es celebrar el momento navideño. Y tener un intervalo de paz. 

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