CONCATENACIONES: Las pendientes del Metro

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Fernando Irala

A casi una semana del choque de trenes en la estación Tacubaya del Metro capitalino, no ha sido posible restablecer el servicio en la zona, ni tampoco conocer gran cosa de las causas que produjeron el accidente.
La directora del Metro dice que sí sabe lo que ocurrió pero que no lo puede decir, y mientras ese modelo de transparencia y gobierno abierto nos sorprende, sólo queda revisar lo que de antaño sabemos de ese indispensable medio de transporte.
Los grandes accidentes en su historia se han producido en zonas con elevadas pendientes, que vuelven peligroso el desplazamiento de los pesados trenes.
Así ocurrió con el primer y más letal choque, en 1976, que tuvo lugar al descender de la “joroba” que hace el viaducto. El trayecto es de bajada, no se ve el camino hasta remontar la subida y la estación está muy cerca de ese punto ciego.
El siguiente más aparatoso ocurrió hace pocos años en un empinado descenso en la ruta del aeropuerto a la estación Oceanía, por causas similares.
Ahora tuvo lugar cuando en un prolongado tramo en subida, un convoy se quedó sin frenos e invirtió su recorrido, hasta chocar en reversa con el tren detenido en la estación anterior.
En teoría, el sistema cuenta con medidas de seguridad y de comunicación redundantes, que harían imposible una colisión.
En la práctica, una red que en realidad no es tan vieja, pues apenas cumplió medio siglo, ha vivido la mitad de su vida en el abandono y la precariedad, sin el mantenimiento y las inversiones necesarias, y por el contrario sobreexplotada y saturada.
Por décadas, se ha mantenido la necedad de no actualizar suficientemente el precio del boleto, pero tampoco darle los recursos que requiere.
En todo el mundo, el precio de un pasaje de metro se aproxima o rebasa los dos dólares; aquí se paga una sexta parte o tal vez menos, además de todos los pases exentos.
El resultado salta a la vista: trenes de chatarra, vías viejas y desniveladas, sistemas que no funcionan y con innumerables fallas.
El mal servicio lo padecemos los usuarios todos los días.
Y lo verdaderamente milagroso es que no ocurran accidentes fatales con mayor frecuencia.

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