CONCATENACIONES: Después de Washington

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Fernando Irala

Pese a generalizadas críticas por la visita del Presidente de México al mandatario norteamericano, el encuentro en Washington se realizó con tersura, con un pacto de silencio sobre los temas álgidos, y caracterizado por una sucesión de elogios mutuos.

Por eso la cita fue feliz. Como en los amores furtivos, ambos trataron de pasarla bien y lo lograron; hicieron algo más que olvidar sus agravios, asumieron que éstos nunca existieron; no se prometieron cosa alguna, no se recriminaron nada, no desficieron ningún entuerto; sólo hablaron de temas que no rompieran el hechizo.

Todo fue efímero, así transcurren esos compromisos. Pocas horas después, se despidieron como en el recibimiento, entre sonrisas y complicidades. Luego, cada quien siguió su vida, aunque algo había cambiado, el espejismo de que la buena relación será duradera, la ilusión de que podrían comprenderse, ser buenos amigos, llegar a algo más.

Con el transcurrir de las horas y los días, todo tornó a la normalidad, y las cosas adquirieron su justa perspectiva.

Si el propósito fue significar la puesta en marcha del nuevo tratado comercial trilateral, el simbolismo resultó deslucido por la ausencia del premier canadiense, quien adujo diversos motivos para no asistir, aunque se calló el principal: no quiso servir de base de relanzamiento de la campaña por la reelección de Trump, retrasada y complicada por la pandemia del covid-19.

Como quiera, la reunión sirvió a los propósitos del empresario neoyorkino. La experiencia señala que para ganar una elección presidencial norteamericana, en algunos estados el voto de origen hispano es fundamental. Si hace un cuatrienio el candidato republicano hizo una campaña de apelación al racismo y la nostalgia por un pasado ya ido, en la que no reparó en agravios contra los mexicanos, esta vez la línea es la contraria: cortejar el voto latino que se ha ido para el lado de los demócratas.

Es difícil precisar qué ganó México con la visita a la Casa Blanca. Lo que sí está claro es que compramos un gran riesgo, en caso de que la reelección no ocurra y llegue al poder el candidato Biden, quien de inmediato acusó recibo de la reunión, y le recordó a Trump y a los mexicanos lo que el republicano ha dicho de nuestro país.

En la vida, en la política y en la diplomacia siempre hay riesgos, desde luego. ¿Pero para qué andarlos magnificando?

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