CONCATENACIONES: Desaparición forzada en la CDMX

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Fernando Irala

El hecho pareciera ocurrido en algún pueblo marginado del territorio nacional.

Recientemente, acontecimientos similares indignaron, por ejemplo, a la población de Chilpancingo, ciudad que está lejos de ser un pueblo y ostenta la categoría de capital estatal, pero se encuentra situada en una de las zonas de mayor violencia y delincuencia del país; también, en uno de los estados donde la policía tiene menos profesionalización, en muchas ocasiones se muestra al servicio del crimen organizado, y cuando no es así, exhibe serias deficiencias y poco apego a la legalidad a la que está obligada.

Pero sucedió en la ciudad de México, la capital federal, la que hace más de dos décadas le dio la espalda al partido en el poder nacional y prácticamente lo borró del escenario político local, y se volvió bastión de la izquierda con todas sus implicaciones –por lo menos en el discurso— de transformación democrática, fuerza y participación ciudadana e instituciones al servicio de la gente.

En esta urbe un joven estudiante, preparatoriano de un plantel de la UNAM, lleva una semana desaparecido.

No se esfumó así como así, sin pistas que impidieran saber lo ocurrido, en cuyo caso los hechos habrían sido de cualquier manera preocupantes.

Pero no. Se trata de lo que en recientes años se ha tipificado como desaparición forzada. El joven, Marco Antonio Sánchez Flores, desapareció luego de que ante diversos testigos fue detenido y golpeado por policías de la ciudad de México en una estación del metrobús en el rumbo de Azcapotzalco.

Como otro joven amigo suyo que lo acompañaba pudo alertar enseguida a sus familiares, éstos iniciaron su búsqueda casi inmediatamente después de ocurridos los hechos.

Sin embargo, nada se sabe hasta la fecha de su paradero. En una urbe de tecnología de primer mundo y de cámaras de grabación omnipresentes, la respuesta oficial más parece de encubrimiento de los policías involucrados y su modus operandi, que de intención real de aclarar los hechos.

Eso es algo peor que un crimen. Se trata de un error mayúsculo. Estamos ante un abuso policiaco evidente y cuyo alcance aún no conocemos pero que puede ser de consecuencias trágicas.

Los hechos van a mover a los universitarios, y probablemente a grupos estudiantiles de toda la capital y el área metropolitana. Lo anterior, en las vísperas de un proceso electoral en que se renovará entre cuestionamientos y ataques de todo tipo a la autoridad federal pero también a la de la ciudad de México. Y todo esto, en el año que se conmemora medio siglo del movimiento de 1968.

Aunque el gobierno citadino no parece haberse dado cuenta de todo ello. Pero es que no se dan cuenta de tantas cosas.

 

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