sábado, mayo 25, 2024

Cigarros Faros, nostálgica y orgullosamente mexicanos

Adrián García Aguirre / CDMX

*“Ya chupó Faros”, una frase trágicamente popular.
*La historia detrás de una marca antigua y afamada.
*Son los cigarros mexicanos más queridos del país.
*La historia comenzó en Irapuato, Guanajuato.

El origen de los famosos y tradicionales cigarros Faros se remonta a 1918 con la fundación de la Cigarrera del Centro también conocida como Tabacalera Nacional en Irapuato, Guanajuato que, dirigida y creada por Emetrio Padilla, producía diversas marcas de cigarros como Monarcas, Casinos, Carmencitas y Argentinos, con registros que mencionan su origen en 1910, a inicios de la Revolución mexicana.
La popularidad de los Faros se debió a su bajo precio, convirtiéndose en los cigarros predilectos de los pobres del país, al inicio de tabaco era envuelto y fumado en hojas secas de maíz.
Durante el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924) México abrió sus puertas a la llegada de múltiples empresas transnacionales, una de ellas fue la British American Tobacco Company, compañía de orígenes ingleses y norteamericanos.
En 1923 esta transnacional absorbió diferentes negocios locales y comenzó a abrir fábricas en Guanajuato, Monterrey y la Ciudad de México. Fue entonces que la Cigarrera del Centro pasó a ser propiedad de la British American Tobacco Company; sin embargo, la marca Faros no desapareció, sino que paso a ser propiedad de la Cigarrera El Águila.
Es imposible olvidar esta frase coloquial mexicana que tiene su origen justamente en los famosos cigarros Faros, y es que durante la época de la revolución a los condenados a muerte se les otorgaba fumar un último cigarro antes de ser fusilados.
Al estar amarrados de las manos los condenados solo podían “chupar” el cigarrillo hasta que este se consumiera en su totalidad, y es por ello que esa frase es sinónimo de muerte,” ¡Ya chupó Faros!“; es decir, ya murió.
Algo curioso aparece en su portada, pues si se observa bien al fondo de la imagen se puede ver un barco con banderitas ondeando hacia la izquierda, sin embargo también es posible distinguir que el humo de la chimenea avanza hacia el lado contrario.
Este detalle fue descubierto y corregido en la década de 1950. El nuevo orden en la imagen no gustó para nada a los consumidores, quienes se negaban a comprar el producto pues pensaban que era falso, los tenderos inmediatamente devolvieron los paquetes de cigarros a la compañía que, al ver el fracaso, decidió regresar a la imagen original.
Pero claro que hay un artista detrás de la famosa imagen: Pedro Cruz Castillo fue el encargado de crear el diseño de la cajetilla que se ha mantenido hasta nuestros días.
Originario de Santa Ana Maya, Michoacan, pero adoptado con caluroso amor por los habitantes de Acámbaro, Guanajuato, es autor de un rico legado artístico con numerosos murales religiosos en México y Estados Unidos.
Dedicó sesenta años de su vida a la pintura de pasajes bíblicos, algunas de sus obras se encuentran en templos de la Ciudad de México así como en Sinaloa, Coahuila, Guanajuato, Puebla, Chihuahua, Michoacán y Estados Unidos.
Además de su creación en una diminuta cajetilla de cigarrillos baratos, uno de sus trabajos artísticos más importantes se encuentra en el Santuario de Guadalupe en León, Guanajuato, en donde se pueden apreciar cuatro murales del artista, con las características que imprimió en esos productos de consumo popular, sin nunca salir del anonimato.

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