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Carlos Becerril Torres

De vez en cuando es bueno realizar sacrificios propiciatorios ante el altar de los antiguos dioses paganos.  Sacar del fondo reservado el texto antiguo en forma de disco de vinil a 33 rpm y colocarlo sobre el sagrado altar del equipo de sonido. Tal vez tener la edición del mismo texto en la versión posterior para disco compacto del año sagrado de 1987 o, en su caso, la siguiente edición actualizada a las necesidades de los milenials del 2009. Me refiero a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, álbum de los Beatles que en junio del 2017 está por cumplir los primeros cincuenta años de haber salido de las tinieblas de la mente de sus creadores y ser una de las marcas de referencia de la cultura contemporánea.

Muchos de los oficiantes y feligreses tal vez estén viéndose cumplir las profecías contenidas escritas —y guardadas entre los surcos de vinil— por el apóstol Sir/St. Paul McCartney, y hayan cumplido, tengan o estén por cumplir sus primeros 64 años. Otros, tal vez hayan tenido ayudas de sus amigos, algunos más se encuentren arreglando agujeros por donde la lluvia se cuela y otras más, a lo mejor, dejaron la casa.

El curador de la colección de discos de vinil mantiene vigente el culto por el álbum y de cuando en cuando recurre a él porque es el ancla que le mantiene vigente el recuerdo de una antigüedad llena de dudas y preguntas sobre el porvenir. La siguiente generación, la consagrada ante los beneficios de la digitalización, pudo aprovechar la era de conversión y preservación de la época anterior convertida en bits de información y reproducirlo con mejor y notable precisión y por ello poder entender, conocer y mantener vigente el culto para, a su vez, traspasarlo a la siguiente generación.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band es un espectáculo de sonidos y luces insertado en dos canales estereofónicos.

Desde el primer momento lo que se siente y escucha, desprendido de la atmosfera acústica del álbum, es el sonido de una orquesta afinando sus instrumentos en la amplitud de una sala de espectáculos. El público —y nosotros la audiencia del álbum— esperamos la aguda expectación del instante en que comience la función.

Y en efecto, una vez acomodados en las butacas imaginarias frente al equipo de audio, brotan los sonidos de la guitarra a cargo de Paul McCartney y entramos en el recuerdo que nos transporta veinte años antes, cuando la banda del Sargento Pimienta había comenzado a tocar yendo de un estilo a otro.

De acuerdo a los diferentes recuentos realizados sobre la hechura del álbum el proceso comienza con dos pistas no incluidas en el mismo. Se trata de Strawberry Fields y  Penny Lane. Formalmente, de acuerdo a las notas publicadas en las subsecuentes reediciones del álbum, el orden de grabación, ocurrido entre diciembre de 1966 y abril de 1967, es el siguiente: When I’m Sixty-Four, a Day in the Life, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, Good Morning Good Morning, Being for the Benefit of Mr. Kite, Fixing a Hole, Lovely Rita, Lucy in the Sky with Diamonds, Getting Better, She’s Leaving Home, Within You Without You, With a Little Help From My Friends  y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Reprise).

El álbum es igualmente un cruce de múltiples caminos y nuevas direcciones a seguir. En un sendero, la subjetividad de las ideas musicales, principalmente provenientes por parte de Paul McCartney y John Lennon, se convierten en materialización una vez que George Martin logra convertir esas ideas en un producto sonoro. De ahí, el proceso de grabación se convierte en parte fundamental en la manera en como la música es concebida y escuchada. Es una marca, referencia, a seguir y admirar. Una obra de arte. Tal y como, en su momento La Consagración de la Primavera de Igor Stravinski lo fue, para la composición musical, ocurrida durante la segunda década del siglo pasado.

En ese cruce de caminos entre lo subjetivo y lo objetivo coinciden otros múltiples niveles y direcciones. Está claro que los Beatles, principalmente, provenían de la tradición del blues y del rock americano, así como de la influencia y competencia creativa con Brian Wilson y hacían suyo el estilo vocal del sonido Motown; pero, también, traían ese componente completamente inglés que se reflejó en crear un ambiente de teatro de revista inglés en la factura del álbum; además de la curiosidad intelectual de Lennon y McCartney por las expediciones sonoras de John Cage y Karleheinz Stockhausen. Sin dejar de lado la influencia de la música hindú, traída por George Harrison.

Ese encuentro de estilos, influencias y géneros musicales requería poseer un cuerpo sonoro compuesto de diversos timbres instrumentales. Ese es uno de los principales aportes del productor George Martin. Convertir las ideas musicales en timbres y sonidos instrumentales. Todo ello, a su vez requería ser capturado y registrado electrónicamente. En ese momento la intuición, percepción y manejo de la parte técnica a cargo de Geoff Emerick, en la instalación de micrófonos y el manejo de la consola de controles aunado a las aplicaciones e innovaciones técnicas de Ken Towsend como lo son el ADT (Automatic Double Tracking), la inyección directa o el modificar las condiciones acústicas de la sala de grabación, convergen en la creación de ese espectáculo sonoro.

La cara opuesta, y complementaria, es el diseño gráfico de la funda. El resguardo físico donde vinieron a residir las ideas musicales puestas en el disco de vinil.  Al igual del álbum la envoltura del disco son capas y capas de referencias visuales a descifrar y disfrutar. Espejo de múltiples reflejos. Metáfora gráfica de la música de los Beatles y, por si alguien tuviera duda del contenido lírico y significado poético, se incluyeron las letras de las canciones. La funda del álbum, en su totalidad, hace a un lado todas las reglas y convenciones del diseño gráfico y abre un nuevo campo de exploración en el que la portada de un disco, aparte de su función y utilidad en la promoción y venta de un disco, se convierte en una manifestación artística. La presencia de lo pop en calidad de arte.

Todos esos elementos entraron en colisión con el mundo circundante y entre todos contribuyeron a derribar barreras y murallas de lo posible y lo permitido. Violentaron usos y costumbre, prácticas e inercias, creando una obra de arte trascendente en el campo del diseño sonoro.

Por principio de cuentas, en el caso del disco compacto los temas fluyen sin interrupciones. Al escucharse en vinil la cara uno termina con Being For The Benefit Of Mr. Kite! Y, al voltear el disco se entra en la atmósfera de música hindú con Within You Without You de George Harrison, creándose una sensación de segundo acto en la función de la banda del Sargento Pimienta.

Tal orden bloqueaba la posibilidad de contar con temas individuales que pudieran servir para la difusión del material por el espectro electromagnético entonces muchas estaciones de radio comenzaron, o no tuvieron más remedio que transmitir el álbum en su totalidad sin cortes. La otra alternativa era tener el disco y escucharlo de principio a fin. Fue el fin de una era.

Destaca también, esa habilidad de explorar nuevas ideas sobre la manera de presentar el sonido nunca antes utilizadas.

Escuchar el álbum desde la superficial apariencia sonora y encontrar la convergencia de los timbres de ciertos instrumentos y como son emparejados con las voces. Por ejemplo, el sonido del clavecín al reforzar la descripción lírica de un cielo de diamantes. El timbre del cello al momento de mencionarse la palabra husband en She’s Leaving Home. O también descifrar los diferentes sonidos mezclados en Being For The Benefit Of Mr. Kite que nos introducen en un ambiente de espectáculo circense o los sonidos de las mascotas al estilo Beatles en Good Morning Good Morning.  Son los elementos que se quedan en la atención de un escucha con sensibilidad acústica y que no han pasado desapercibidos al paso de los años sorprendiendo, una y otra vez, tanto al adolescente que lo escuchó por primera vez como al joven de hoy que se queda pasmado y sorprendido cuando logra entrar en el misterio de la música de los Beatles.

Sgt Pepper’s es el certificado de mayoría de edad con el que la música popular anglocentrista se adueñó del mundo.

…y… todo esto fue hoy hace cincuenta años…

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