ALGO MÁS QUE PALABRAS: Aires de autenticidad

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Todos tenemos algo que compartir o enseñar”.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net

Reconozco que me ensimisma doquier aire de autenticidad, hasta volverme épica e injertar sueños de caminante. Ciertamente, me alivia el susurro de la brisa en los labios del alma y el melódico universo en el que vivo, me aproxima a un abecedario de gozos compartidos, que me hacen más fácil el andar por esta tierra de todos y de nadie. Por tanto, necesitamos penetrar en los silencios del verso, y entender la significación de la poética prendida sobre el horizonte de la soledad, quizás entonces comprendamos que cada voz es única, que cada paso es singular, que cada latido es afluente dispuesto a hermanarse, abriéndose a la pureza de los lenguajes, que es donde comienza el deleite y termina la sabiduría. Jamás le pongamos grilletes al despertar. Hemos de libremente renacer cada día, con el persuasivo ritmo existencial de cohabitar entre poesía, como un cantor más en guardia.

Sí, en efecto, como ya en su tiempo dijo el inolvidable filósofo griego Platón, “al contacto del amor todo el mundo se vuelve poeta”; y así es, la única fuente de luz certera es el espíritu de la verdad, la efectiva revolución que nos resta llevar a buen término para conseguir ser esa lírica que nos purifique todo egoísmo andante. Ya está bien de engañarnos, de ser nuestros propios enemigos, de no ser capaz de cambiar el corazón, pues lo importante no es amar de palabra, sino con obras. Para desgracia nuestra, en el planeta, lo que proliferan son las violaciones y los abusos, el uso excesivo de la fuerza, las torturas y los malos tratos, los asesinatos y las detenciones arbitrarias, el desamor en suma, obviando algo fundamental como es la pertenencia a un tronco común de especie pensante y el vinculo a ese poema existencial del que todos, absolutamente el colectivo total, formamos un solo mundo, que no es otro que el humano, desde su diversidad y su conjunción de atmósferas. De ahí, lo significativo que es aprender a amar; y, sobre todo, a dejarse amar.

Quien no sabe amar, tampoco sabe vivir. Si fundamental es aprender a querernos, para poner orden y calma en nosotros mismos, también tenemos que ejercitarnos a mirar con buenos ojos aquello que nos rodea, y que es indispensable para que la rítmica de la biodiversidad no se oscurezca. De igual modo, tenemos que asimilar lo de ser justos para que lo bello no se degenere. Hemos de reconocer, no obstante, que hay un sentimiento de injusticia verdaderamente conmovedor, en parte debido a la creciente desigualdad, incluso dentro de los propios países. En cualquier caso, hemos de pensar que todo lo auténtico es costoso, requiere tenacidad y esfuerzo, coraje y responsabilidad. La cuestión pasa por aprender unos de otros, es la única manera de crecer humanamente y de fraternizarnos. No hay otro modo, que el cooperante. Todos tenemos algo que compartir o enseñar. Sea como fuere, no olvidemos que unidos podemos lograr lo imposible, divididos no podremos transformar nada, ni la vida de las personas, ni superar el cambio climático que a todos nos afecta.

Por consiguiente, es el momento de hallarse en la placidez del pensamiento respirando hondo, junto con la libertad de ánimo, el sentido de la justicia y la consideración hacia toda vida por minúscula que nos parezca, abriéndonos además a una mística planetaria donde todos hemos de tener presencia. No podemos salir de esa paz que ansiamos, tampoco de esa belleza que nos asombra, pero es preciso que nuestras acciones ganen a la mundanidad de las palabras, con los níveos latidos de nuestros pulsos interiores reconciliados. A mi juicio, este es el momento de dejarse transmutar y transcender en un órgano nuevo que se deje inspirar por la verdad, o sea, por el amor. En consecuencia, hemos de renunciar a la violencia, a la falsedad, a la venganza y al odio; se trata de convertirnos en otras vidas menos interesadas y más justas, que reconozcan la dignidad y las necesidades del análogo, buscando la colaboración entre todos para crear nuevas alianzas que nos hermanen, para no dejar a nadie atrás.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net

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