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Salvador Flores Llamas

Engreído y queriéndose comer la lumbre a puños, Peña Nieto llegó a Presidente al grito de “yo sí sé cómo hacerlo”, no como su antecesor el panista Felipe Calderón, a quien le atribuían 125 mil muertos de la guerra contra los cárteles del narcotráfico, a los que enfrentó el Ejército.

Reivindicaría a su tío Arturo Montiel, que le heredó el gobierno de Estado de México, tras  fracasar sus ansias de ser Presidente de la República, al publicar un diario un reportaje sobre su fortuna malhabida y sus palacetes, y quedar proscrito políticamente.

Peña aceptó un contrato para publicitarlo como gran gobernador, que le propusieron los genios de Televisa: apareció diario en la tele y su fama subió como espuma; le enviaron a Lucerito para relatar al auditorio sus obras; pronto la sustituyó Angélica Rivera, con gran fama por la telenovela “La Gaviota”.

La hizo su novia, se casaron en fastuosa ceremonia en la catedral de Toluca, y despegó aún más su proyección política.

Gobernadores amigos suyos lo apoyaron con millones “para su campaña”; con eso y sus “buscas” de gobernador, empezó a llenar los bolsillos y figurar con los cresos del grupo Atlacomulco, como nunca soñó cuando trabajó en la notaría de Fausto Rico en el DF, donde no levantó cabeza ni dio la medida y mejor se fue de político.  

Ya candidato presidencial del PRI, su amigo Luis Videgaray dirigió la campaña; Miguel Osorio Chong, reciente exgobernador de Hidalgo, fue gran asesor con la lideresa del SNTE Elba Esther Gordillo, quien le recomendó para jefe nacional del partido a Humberto Moreira, gobernador de Coahuila, al que hubo de sustituir al destaparse su gigantesco peculado a las arcas coahuilenses.

Pero lo protegió de la justicia aquí y en España.

Para evitar que Amlo le ganara negoció con el presidente Calderón que, a cambio de protección posterior, frenara a Josefina Vázquez Mota, quien le ganó la candidatura presidencial del PAN al secretario de Hacienda Ernesto Cordero; así Peña superó al Peje con 6% de votos y éste no armó borlote, como lo hizo contra Calderón en 2006.   

Al otro día de tomar posesión, Peña firmó en el Alcázar de Chapultepec el Pacto por México con el líder del PAN Gustavo Madero, y del PRD Jesús Ortega, base de las 7 reformas estructurales, cuyos resultados Peña se precipitó en pregonar.

Como no había resultados ni caía dinero en el bolsillo, la gente se desesperó y los antipeñistas empezaron a divulgar que Peña no daba la medida.

Al destape de la Casa Blanca de Angélica Rivera, y la de Tlalmanalco de Videgaray, le cayó el mote de corrupto, y la desaparición de los 43 de Ayotizinapa, que desatendió para defender a su amigo Ángel Aguirre, gobernador de Guerrero, se convirtió en dolor de cabeza del gobierno federal.

Año con año Videgaray, secretario de Hacienda, recortó presupuesto para no frenar la economía, según dijo, pero nadie supo adonde se fueron esos ahorros, y cundió fama de que gobernadores, cuatachos de Peña, se embolsaban los erarios.

Por eso en julio de 2016, de 9 gubernaturas en disputa el PRI perdió las 5 principales; cayó el líder Beltrones, lo sustituyó Enrique Ochoa Reza, gente de Videgaray, a quien le descubrieron que cobró 2 millones de indemnización ilegal como director de la CFE, donde sólo duró año y medio.

La fama de corruptos cayó sobre los priistas, reafirmada por los gobernadores de Veracruz Javier Duarte, de Quintana Roo Roberto Borge y César Duarte, de Chihuahua. Huyeron sin entregar el poder a sus sucesores, temerosos de que los aprehendieran al perder el fuero.

Para taparle el ojo al macho, la PGR los repatrió, menos a César Duarte, bien localizado en Texas. A todos han ido rebajándoles delitos, y es muy probable que Javier Duarte enfrente su juicio fuera de la cárcel.

La dilución de los juicios de los gobernadores corruptos y de Lozoya Austin, por presunto soborno de Odrebecht, la protección a Rosario Robles por la Estafa Maestra y a José Calzada por caudales desviados de Sagarpa hablan de complicidad de Peña.

 

Además la reclusión de Elba Esther y la acusación infundada a Ricardo Anaya denuncian su manejo a conveniencia de la PGR, y el pueblo se alegrará de que se le revierta como expresidente.

 

  1. Antonio Meade, designado por Peña candidato presidencial del PRI, sin ser priista, no pudo con el peso de tanta corrupción; su campaña no levantó ni pasó del tercer lugar, aunque le inventaron al panista Ricardo Anaya un delito de lavado de dinero; así ayudaron a López Obrador.

Anaya cometió el error de amenazar con a la cárcel a Peña por corrupto, y cuando la IP le propuso que Meade declinara en favor de Ricardo para que no ganara Amlo, se negó rotundamente y prefirió pactar con Obrador que le entregaría la Presidencia a cambio de impunidad.

Andrés vio luz en el túnel, aceptó el pacto, que influyó en su triunfo arrollador y se corrobora  cada día, pues Peña le dejó cancha libre desde el 2 de julio y los hechos lo confirman.

De nada sirvió a Peña gastar 2 mil millones de dólares (40 mil millones de pesos) en publicitarse, sus comunicadores le fallaron; marcaron su sexenio la ingobernabilidad,  corrupción, inseguridad e impunidad.

Su última medición popular reveló que sólo 11.2% lo aprueba, 65.8 lo reprueba, al 23 le es inclusive y saldrá con fama de malo, incompetente, inútil y mediocre. Total, como el presidente  más repudiado.

Quizá sus alforjas no sean escasas; pero más le valdrá expatriarse en un país sin tratado de extradición con México, no vaya a ser que el sucesor, si viere que declina su ascendiente popular al no cuajar sus proyectos, se va obligado a someter a plebiscito el enjuiciarlo, y adiós a la promesa de impunidad, porque “el pueblo manda y nuca se equivoca”.

llamascallao@hotmail.com

@chavafloresll  

 

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