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Luis Alberto García / Moscú, Rusia

* Ocurrió en Coyoacán, el 20 de agosto de 1940.
* Claves para entender la vida del gran ideólogo.
* El revolucionario ucraniano, mano derecha de Lenin
* Vivió y agonizó en su casa-fortaleza de Coyoacán.
* Invitado por Diego Rivera, ahí residió en sus últimos años.
* Primer intento de asesinato, atribuido a David A. Siqueiros.

El jueves 20 de agosto de 2020, los seguidores del hombre a quien se consideró la mano derecha de Vladímir Ilich Uliánov –Lenin-, recordaron el octagésimo aniversario del atentado que causó la muerte de Lev Davídovich Trotski, uno de los grandes ideólogos de la Revolución bolchevique, el 25 de octubre de 1917, aniquiló para siempre al viejo régimen en Rusia.

Perseguido con saña, exiliado, acosado y con sus simpatizantes en igual condición, fue asesinado por órdenes de lósif Stalin en su casa-fortaleza de Viena 19 esquina con la calle de Morelos, en el barrio de Coyoacán de la Ciudad de México.

Hay datos clave sobre el fundador del Ejército Rojo, que ha inspirado a legiones de correligionarios durante décadas, quien tomó el apellido de su carcelero en Odessa –cuando cayó preso- como nombre de guerra; sin embargo, Lev Davídovich nació en el seno de una familia de terratenientes judíos ricos el 7 de noviembre de 1879 en Yurovka, en el sur de Ucrania, entonces parte del imperio ruso gobernado por Alejandro II.

Cuando estaba en el puerto ucraniano de Odessa realizando sus estudios de bachillerato, se unió al movimiento revolucionario y fue arrestado y deportado a Siberia cuando aún no cumplía los veinte años de edad; pero escapó en 1902, dejando atrás a su esposa Zina, y a Lev y Serguei, sus hijos.

Emigró a Londres con un pasaporte falso con el nombre de Trotski, que tomó de uno de los guardias de la prisión en ese puerto del Mar Negro, y fue en la capital británica donde conoció a Vladímir Ilich, otro exiliado político marxista.
Trotski pasó buena parte de su existencia en el exilio, tuvo una vida itinerante y residió en Alemania, Francia, Suiza, Inglaterra, en otros países de Europa y en Estados Unidos, después a Münich y Ginebra con Natalia Sedova, a quien conoció en París y se convertiría en su segunda esposa.

Trotski regresó a Rusia en 1905 durante la primera revolución que organizaron los sóviets, uniéndose al consejo de trabajadores de San Petersburgo, en donde de nuevo fue arrestado y deportado de por vida a Siberia, y tras huir una vez más viajó por Viena, Zürich, París y Nueva York, desde donde regresó a su país para incorporarse a la Revolución de 1917.

La madrugada del 17 de enero de 1928, un destacamento de agentes de la policía política pasó a buscar al matrimonio Trotski y lo puso en un tren vacío con destino a Kazajistán, cinco años después de la muerte de Lenin causada por un derrame cerebral el 23 de enero de 1924, mientras Stalin aprovechaba el vacío político para hacerse con el poder y afianzarse en el Kremlin.

Proscrito y maldecido, Trotski fue definitivamente expulsado de la Unión Soviética en 1929, luego de permanecer casi un año en Alma Atá, capital de esa república de Asia Central recién incorporada a la URSS, dirigiéndose después con Natalia a la isla de Prínkipo en Turquía, en donde escribió Mi vida, relato estrujante y personal sobre los años que habían pasado hasta entonces.

Con un gobierno socialista en Noruega que lo aceptó de mala gana como asilado, permaneció en el país nórdico hasta fines de 1936 antes de refugiarse en México, donde permanecería hasta 1940, cuando perdió la vida en el atentado que estremeció al mundo.

En los años posteriores a la Revolución de 1917, en medio de la guerra civil (1918 y 1921) entre los bolcheviques rojos y los zaristas blancos –opuestos al nuevo régimen-, Lev Trotski fundó el Ejército Rojo que, en menos de tres años, llegó a tener cinco millones de efectivos.

Todavía se recuerda que Trotski movilizó a las tropas viajando miles de kilómetros por toda la nación en un tren blindado legendario, usando su talento como orador para inspirar a los soldados, sin dudar él mismo en participar en combates y en mandar fusilar sumariamente a desertores y oponentes políticos.

Y mientras Iósif Stalin se aferraba a la idea de pugnar por establecer el socialismo únicamente en la Unión Soviética, Trotski defendía la propuesta de poner en marcha la revolución permanente en todo el mundo, su tesis central que lo enfrentó al dictador, sumados otros factores.

En 1938 se fundó en París la organización revolucionaria conocida como IV Internacional -concebida como una alternativa a la III Internacional instalada en Rusia por Stalin-, cuyo propósito era crear un nuevo partido socialista mundial, fiel a las ideas originales de Lenin y expandir así la revolución basada en el marxismo.

Sin embargo, no conforme con eliminar a su familia, a todos y a cada uno de sus seguidores, principalmente a quienes lo acompañaron a él y a Vladímir Ilich Uliánov a poner fin al régimen zarista y a su nobleza enquistada en la corte imperial, Iósif Stalin se empeñó en liquidar a Lev Trotski, que había llegado asilado a México el 9 de enero de 1937.

El encargado de supervisar la tarea y hacer cumplir la “Operación Pato” fue el agente Nahum Eitingon -obediente a las órdenes de Platon Sudoplátov, superior moscovita, jefe de las actividades internacionales del NKVD-, que observó hasta el final el escenario.

En el Kremlin, alguien informaba paso a paso a Sudoplátov, quien revisaba al detalle lo acontecido y con frialdad extrema, verificando que el hombre exhibido en la plancha de un hospital de la capital mexicana fuera el cadáver de Trotski, considerado el revolucionario del siglo por sus simpatizantes siempre fieles.

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