TEMAS CENTRALES: Un asilado incómodo

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Miguel Tirado Rasso
mitirasso@yahoo.com.mx

Sin decir adiós ni hasta luego, nuestro asilado de lujo, Evo Morales, abandonó el país, el pasado viernes 6, para dirigirse a Cuba “para una consulta médica con el equipo médico cubano que antes en Bolivia lo atendió”, según explicación de su ex ministra de Salud, Gabriela Montaño.

Una buena razón, sin duda, aunque poco convincente tratándose del polémico ex presidente boliviano que aprovechó bien el asilo brindado por nuestro gobierno para hacer política y amenazar con retornar a su patria con la intención de recuperar lo perdido. Su activismo político, desde la comodidad y protección del asilo, no gustó a muchos y las quejas y reclamos, por los pronunciamientos del refugiado político, no se hicieron esperar, lo que puso en un predicamento al gobierno anfitrión, que justificó a su protegido, alegando que sólo ejercía su derecho a la libertad de expresión, algo “que no se le puede coartar”.

Pero está claro que Evo Morales, hizo mucho más que ejercer su libertad de expresión, durante su estadía en México, al criticar abierta e insistentemente al gobierno de transición que lo sustituyó, lo que mereció una protesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia enviada a nuestro gobierno, por la “actividad conspirativa” de Evo Morales, cuyas manifestaciones y actos “contravienen su condición de asilado político… (e) incita a la violencia desde México, lo que atenta contra la estabilidad del gobierno constitucional, la paz social y los derechos humanos del pueblo boliviano”.

El activismo político del ex presidente, lo convirtió de huésped distinguido, hasta las llaves de la ciudad le otorgaron, a asilado incómodo, ante una incontinencia verbal que, ni modo que el gobierno que le otorgó asilo por razones humanitarias ante el riesgo que corría, su vida y su integridad, según justificación del secretario Marcelo Ebrard; que le dio trato especial y le facilitó el contacto con los medios, le fuera a recomendar discreción y prudencia.

Tampoco de parte de nuestro vecino del norte, cabría especular, veían con buenos ojos ese activismo político ni los apoyos y facilidades del gobierno mexicano para su promoción e intento de retomar su carrera política, ni menos la calificación de víctima de golpe de estado, que le reconocía nuestro gobierno. Pues para el presidente Donald Trump, no había existido tal golpe de estado y la renuncia de Evo Morales la había considerado como “un momento significativo para la democracia en el Hemisferio Occidental”, que además enviaba un fuerte mensaje a los regímenes de Venezuela y Nicaragua, de que la democracia siempre prevalece.

Así que, la coincidencia de la partida de Evo Morales el mismo día en que Donald Trump decide posponer la designación de los cárteles de narcotraficantes en nuestro país como organizaciones terroristas extranjeras, da lugar al sospechosismo de que pudieran estar relacionados uno y otro, y que, la repentina salida del boliviano, fuera el efecto de una negociación muy conveniente, por cierto, para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que, sin Evo en casa, hasta su popularidad mejoraría, pues según estadísticas, el asilo político y sus excesos, no fueron del agrado del pueblo bueno y sabio.

Y es que, desde la oferta de asilo, las cosas no salieron como se esperaban. En primer lugar, nunca quedó claro el golpe de estado, pues, Evo Morales dejó el poder por renuncia. Lo que sí está claro, según se desprende del Informe Final de la Auditoría Integral elaborado por la OEA, es que en la elección presidencial del 20 de octubre en Bolivia, hubo violaciones graves a la integridad del proceso electoral, como manipulación de la infraestructura informática, alteración de actas, falsificación de firmas, interrupción de la Transmisión de Resultados preliminares y otras irregularidades que hicieron imposible validar los resultados emitidos originalmente por las autoridades electorales.

Una elección fraudulenta, pues, con la que Evo Morales pretendía asumir la presidencia por cuarta ocasión, tras 14 años en el poder y después de haber desconocido un referéndum, en 2016, en el que la mayoría de los electores habían rechazado una propuesta de reforma constitucional para que pudiera reelegirse. Así que víctima de un golpe de estado, con estos antecedentes resulta difícil de aceptar. Rebelión popular y repudio a la prolongación de mandato sin límite, lo más probable. Por lo pronto, su ausencia despresurizará el ambiente diplomático de nuestro país.

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