El asesinato de Chico Méndes, defensor de la Amazonia
Luis Alberto García / Río de Janeiro, Brasil
*Así murió el líder a manos de terratenientes.
*Evocación desde la ex capital carioca.
*Su homicidio estremeció al ecologismo mundial.
*Los hechos ocurrieron en Xapurí, en la Amazonia.
*La vida del cauchero o seringueiro se resumió en su lucha.
El 22 de diciembre de 1988 -mientras escuchábamos embelesados el canto místico de Roselí Prado en el restaurante Garota do Flamengo, en el barrio del mismo nombre en Río de Janeiro- el líder sindical y activista ambiental era asesinado en su casa de Xapurí, al noroeste de la gran Amazonia de Brasil.
La función musical se interrumpió, y dimos paso a la tertulia, cuyo tema obligado fue lo ocurrido momentos antes, enmarcándose en la lucha de Francisco Méndes contra la deforestación, convirtiéndose desde en símbolo mundial de la defensa ambiental y campesina.
“Al principio pensó que estaba luchando para salvar los árboles de caucho; pero seguramente luego pensó que estaba luchando para salvar la selva amazónica. Ahora nos damos cuenta de que estaba luchando por la humanidad”, reflexionó uno de los comensales, José Cortés, funcionario gubernamental de Minas Gerais.
En esa frase, pronunciada poco después que Chico Méndes muriera, se resumían las vidas enteras de resistencia de los que, como él -un recolector de caucho-, habían nacido en el corazón de la Amazonia, que abarca el 57 % de los ocho millones de kilómetros cuadrados de la enormidad territorial brasileña.
Ahí, Chico aprendió desde niño que el bosque no era un recurso sino un hogar, y que defenderlo era también defender a quienes vivían de él.
Convertido en sindicalista y activista ambiental porque aprendió a mirar todo lo que pasaba a sus costados, enfrentó a terratenientes y ganaderos que avanzaban con machete y fuego sobre la selva.
Como otros pobladores de las selvas latinoamericanas, Méndes proponía un camino alternativo —las reservas extractivas— y logró que una lucha local se transformara en una causa internacional, sin que ni siquiera los reconocimientos mundiales, incluido el Premio Global 500 de la ONU, lo protegieran de las amenazas.
Su voz incomodaba a los poderes políticos y económicos acostumbrados a la impunidad, acusó José Cortés, con quien, al día siguiente, nos enteramos por la prensa diaria que, pasadas las 18:30 del 22 de diciembre de 1988, Chico Méndes había muerto por un disparo de escopeta en el pecho cuando salía por la puerta trasera de su casa, en Xapuri.
La crónica de O Globo consignó que iba a bañarse y que llevaba en las manos la toalla nueva que su esposa le había regalado por su cumpleaños. Así ocurrió su muerte, que estremeció al mundo y reveló el costo humano de la destrucción de las florestas.
Desde entonces es recordado como Patrono del Medio Ambiente de Brasil y como un mártir de una lucha que sigue abierta, cuya voz perdura en canciones escritas en su honor y como la promesa de que mientras haya quienes defiendan la tierra, la selva y la dignidad humana, Chico seguirá vivo.
Chico Méndes nació el 15 de diciembre de 1944 en un seringal -espacio dedicado a la extracción del caucho- llamado Puerto Rico, en el estado brasileño de Acre, en el corazón de la Amazonia.
Hijo de Francisco Méndes, descendiente de migrantes del nordeste secularmente pobre -cuna de Virgulino Ferreira, el cangaceiro Lampiao, legendario bandido justiciero del sertao desértico aparecido en la década de 1930, originario de los estados de Sergipe y Bahía- creció sabiendo cómo es la vida dura y silenciosa de la mata verde indomable.
A los diez años, ya había comenzado a trabajar como recolector de caucho y a los catorce aprendió a leer y a escribir, en un contexto donde la supervivencia cotidiana dejaba poco espacio para la educación formal.
Fue trabajador del caucho antes que dirigente y conoció desde adentro la precariedad de quienes vivían buscando animales para comer, entre la precariedad y la recolección del látex.
Con el tiempo, todo lo que había aprendido como trabajador casi esclavizado se transformó en conciencia política y social.
Luchador nato, desde joven se pronunció de manera incansable en defensa de los trabajadores de la selva, en un período en el que Brasil era gobernado por la dictadura militar impuesta el 1 de abril de 1964 y sus políticas de Estado preveían entregar vastas extensiones de la Amazonia a terratenientes para la ganadería extensiva.
