CONCATENACIONES: Tequila

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Fernando Irala

La detención junto con sus principales colaboradores del alcalde de Tequila, la emblemática población que le da nombre a la bebida nacional, acusados de ser parte de un cártel, y de esquilmar y aterrorizar a los lugareños con métodos delincuenciales, muestra hasta qué punto el crimen organizado domina en amplias zonas del territorio nacional, y cómo se ha apoderado de las instituciones de gobierno.
Resulta notable que la noticia no ha despertado mayor sorpresa ni conmoción, no es novedad, no es algo inesperado.
Durante años, los medios de comunicación, los del país y los del extranjero que de cuando en cuando voltean a ver nuestra realidad, han denunciado y con frecuencia documentado el fenómeno, que afecta a muchos municipios y a entidades completas a lo largo y ancho de nuestro país.
El año pasado, la aprehensión del exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco puso al descubierto un esquema similar, que para peor, operó en la tierra del expresidente de la nación mientras él estaba en el poder. Como él mismo decía, no hay negocio chueco del que no esté enterado el presidente; menos aún si es en su patria chica, habría que añadir.
Detrás de esa penetración del crimen organizado en las estructuras del poder en México, se encuentra el factor fundamental de la violencia desatada y del drama de inseguridad que hemos vivido a lo largo del siglo, que no será nada fácil remontar.
En Palacio Nacional se presume con machacona regularidad la disminución de la ola de muertes, medida por días, por meses, por año. En sentido contrario, lo que no deja de crecer es la cifra aterradora de desapariciones, lo que a los expertos en la materia sólo les deja una explicación posible: los criminales no han dejado de matar gente, lo que pasa es que ahora esconden los cadáveres.
Lo que acaba de descubrirse en Sinaloa, en un lugar que como ironía trágica lleva el nombre de Concordia, apunta en ese sentido, luego de la desaparición hace un par de semanas de un grupo de ingenieros mineros, al menos uno de los cuales ha sido encontrado en una fosa clandestina donde hay decenas de cuerpos.
Tampoco sorprende. Es que en esa materia ya casi nada impresiona.
Por ello, la aseveración reciente del diario estadounidense The New York Times, resulta incontestable: La red de colusión política de las estructuras gubernamentales con la delincuencia, impide enfrentar a ésta con eficacia.
Y esta historia va para largo.

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