CIUDAD DE MÉXICO.- Un equipo de investigadores ha identificado en el cerebro humano un mecanismo que actúa como un auténtico interruptor del sistema de navegación, responsable de distinguir entre entornos conocidos y espacios nuevos. El hallazgo, publicado en Nature Communications, aporta claves para comprender por qué la desorientación espacial figura entre los primeros síntomas del alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas.
El estudio muestra que orientarse no es un proceso automático, sino el resultado de un ajuste continuo de la actividad cerebral. Cuando una persona se mueve por un lugar familiar, el cerebro utiliza referencias ya consolidadas. Sin embargo, al explorar un entorno desconocido, se activa un sistema distinto que prioriza la atención y la percepción para construir nuevos mapas mentales.
Un experimento con realidad virtual
Para analizar este fenómeno, los científicos diseñaron un experimento basado en realidad virtual. Un total de 56 voluntarios sanos, con edades comprendidas entre los 20 y los 37 años, recorrieron un paisaje digital abierto mientras localizaban varios objetos. Durante la prueba, su actividad cerebral fue registrada mediante resonancia magnética funcional, lo que permitió observar los cambios neuronales asociados a la navegación.
Los investigadores se centraron en el hipocampo, una región esencial para la memoria y la orientación. Esta estructura alberga las conocidas células de lugar, neuronas que se activan en función de la posición en el espacio. Estudios previos ya habían demostrado que el hipocampo organiza la información desde referencias generales hasta ubicaciones muy concretas.
El gradiente que regula la orientación
La principal aportación del trabajo es la identificación de un gradiente funcional dentro del hipocampo. Según los resultados, la zona anterior se activa principalmente en espacios familiares, mientras que la posterior responde con mayor intensidad ante lugares nuevos. Entre ambos extremos existe una transición progresiva que regula la sensación de novedad o familiaridad.
Este enfoque ayuda a explicar por qué investigaciones anteriores ofrecían conclusiones aparentemente contradictorias. No se trata de áreas aisladas dedicadas a la novedad o al recuerdo, sino de un sistema continuo que ajusta su respuesta según la experiencia previa del individuo con el entorno.
Implicaciones para la detección del alzhéimer
El análisis también reveló que la corteza cerebral participa en este proceso mediante una organización jerárquica similar. Las zonas centrales muestran preferencia por entornos conocidos, mientras que las áreas periféricas se activan ante la novedad. Además, navegar por lugares familiares o desconocidos activa redes cerebrales distintas, relacionadas con la memoria o con la atención.
Desde el punto de vista clínico, estos resultados resultan especialmente relevantes. Las regiones implicadas en este sistema de navegación se encuentran entre las primeras afectadas por el alzhéimer. Por ello, comprender cómo el cerebro gestiona la orientación espacial podría facilitar la identificación temprana del deterioro cognitivo y mejorar la autonomía de las personas en fases iniciales de la enfermedad.
AM.MX/fm
