CONCATENACIONES: Imparable violencia en Sinaloa

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Fernando Irala

Mientras en Estados Unidos, el todavía presidente Joe Biden reconoció y agradeció la estrategia aplicada en México por la presidenta Clauida Sheinbaum, que llevó al mayor decomiso en la historia de tabletas de fentanilo, más de una tonelada, veinte millones de dosis que habrían podido matar a uno de cada siete norteamericanos, calculó el mandatario del vecino país, en Sinaloa la ola de violencia cumple tres meses sin parar.
En ese lapso, se han acumulado más de medio millar de asesinatos y una cifra similar de desaparecidos, así como un sinnúmero de negocios, casas y vehículos ametrallados, incendiados, vandalizados.
La violencia, atribuida a los enfrentamientos entre los cárteles, luego de la aprehensión del Mayo Zambada en Estados Unidos en julio pasado, no sólo no amaina, sino que muestra signos de escalar en su intensidad.
La explosión de una camioneta, prontamente negada como la detonación de un carro bomba, o la emboscada a una caravana de patrullas estatatales en la carretera que conduce al aeropuerto de Culiacán, son muestra de esa escalada.
De poco ha servido la llegada a la entidad de miles de refuerzos federales, soldados e integrantes de la Guardia Nacional; ni siquiera el traslado temporal a esos lares del secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, ha causado el repliegue de verdaderos ejércitos privados que combaten día con día en las calles de Culiacán y en otros parajes de la zona.
Es que los criminales le han perdido todo respeto a la autoridad, sin importar su nivel; años de tolerancia les dieron la oportunidad de armarse y organizarse, crecer y adueñarse no sólo de territorios y caminos, sino penetrar y dominar estructuras policiacas y de gobierno, amedrentar a la sociedad, convertirse en el verdadero poder, en esa y otras regiones de nuestro país.
Ahora, hacerlos retroceder será mucho más complejo y costoso, en terminos económicos, sociales y de vidas humanas.
También está claro que esa tolerancia ya terminó. Pero apenas empiezan a dimensionarse los daños causados por la estrategia de ofrecer abrazos y no balazos.
Reducir la criminalidad y la violencia a niveles aceptables para la tranquilidad y la seguridad de la población, se llevará todo el sexenio y más. En Sinaloa y en el resto del territorio nacional.

 

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