Sochelnik, la Nochebuena que celebran los rusos

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Luis Alberto García / Moscú

*Moscovitas asisten a la ceremonia del templo de Cristo el Salvador.

*Koliadki, bellas canciones eslavas de felicitación navideña.

*La Iglesia ortodoxa rusa impuso el Adviento, estricta costumbre religiosa

*Los estatutos eclesiásticos prohibían algunos alimentos y bebidas.

*Hay juegos campesinos tradicionales, de los mujiks del pasado.

*Pequeñas detalles que de una época sentida para los devotos.

La Navidad rusa, proscrita por el régimen soviético durante los siete decenios que se prolongaron a partir de 1917, retomó presencia, así como las antiguas tradiciones introducidas por el zar Pedro el Grande en sus afanes europeizantes en el siglo XVII.

Fue poco antes de la desaparición de la Unión Soviética. en 1991, cuando, como en el pasado, la devoción religiosa también retornó al entrar nuevamente el misticismo en el alma enigmática de un pueblo que, decía, jamás dejó de creer en Dios.

Como antaño, la Iglesia ortodoxa rusa impuso otra vez el periodo de abstinencia del Adviento como una de las más estrictas costumbres religiosas del año, en los días navideños, además de que, en los estatutos eclesiásticos, se prohibía el consumo de algunos alimentos y bebidas.

Es en casi un mes y medio de abstinencia en que no se pruebas lácteos o carnes, aceites y vinos -los lunes, miércoles y viernes-, permitiendo la comida sin aceites solamente después de la llamada misa de Vísperas.

Se puede acompañar la comida con aceite -los martes, jueves, sábados y domingos-, y el pescado está permitido los sábados y domingos solamente, y en las grandes fiestas religiosas, si éstas caen en martes o jueves; pero la dieta física se combina con un ayuno espiritual, lapso en que los fieles deben rezar, confesarse, “abstenerse de pasiones y vicios” –recomiendan los popes-, y no participar en ningún tipo de diversiones.

El 6 de enero los creyentes hacen ayuno durante todo el día y, a las diez de la noche, acuden al templo de Cristo el Salvador, construido, destruido y reconstruido en los siglos XIX y XX –cuando son de Moscú-, para celebrar la Nochebuena, el 6 de enero, no el 24 de diciembre, como en Occidente.

Esto ocurre solamente después de que aparezca la primera estrella, como símbolo de la estrella de Belén, y se puede comer el sóchivo, platillo especial del que proviene Sochelnik, nombre en ruso de la Nochebuena.

El sóchivo se prepara con granos de trigo y amapola, nueces y miel y cada alimento tiene su propio sentido simbólico: los granos de trigo se asocian con la Resurrección, la miel con la salud y una vida dulce y los granos de amapola con una vida de abundancia para toda la familia.

Otra particularidad de la Navidad a lo largo de los siglos, consiste en que los rusos han celebrado la Navidad con misterios y cantos públicos; sin embargo -asunto aparte- otros entretenimientos populares son los pugilatos, pleitos públicos a puñetazos, dedicados a la celebración de la Natividad de Jesucristo.

En la Rusia prerrevolucionaria esta lucha era una parte integrante de las fiestas públicas y hoy no se limita solamente a las peleas, sino que también se puede participar en juegos tradicionales de los campesinos, los mujiks: concursos de equilibrio, agilidad y potencia física, combates en grupos, y muchos otros, sin que después de esas luchas festivas, canten antiguas canciones populares rusas.

Las representaciones de los misterios navideños, que aparecieron en Rusia a mediados del siglo XVII, ocuparon sólidamente una de las posiciones principales en los festejos de esta época del año, y los organizadores de los espectáculos tratan de ser fieles a las tradiciones.

El tema principal de los espectáculos es, naturalmente, la historia del nacimiento del Niño Jesús, representada en teatro de marionetas que se representa en un foro de madera de dos pisos, que se parece por su estructura a los guiñoles de los títeres marionetas medievales.

Los mismos espectáculos son diferentes; pero su parte más importantes siempre se nutre de los cuentos acerca de cómo se celebra la Navidad por todo el mundo: en Francia, España, Italia, Polonia, Austria, Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca u otros países de Europa oriental y occidental.

Sin embargo, a los rusos siempre les agradó el koliadki, palabra original rusa que da nombre a un tipo de canción eslava, que consiste en felicitar cómicamente a los seres querido, entonados durante la Nochebuena, y en la Rusia precristiana, esa tradición se vinculaba con la fiesta pagana de Koliada, que se celebraba el 21 de diciembre; pero como en países cristianos, la tradición de celebrar el solsticio de invierno fue sustituida por las fiestas navideñas.

A pesar de estar en el siglo XXI, en algunos barrios de Moscú, en vísperas de la Navidad se puede encontrar a gente vestida con tradicionales, bellos y antiquísimos trajes eslavos que alaban a Dios en sus koliadki.

Desde que empezaron a rescatarse esas costumbres navideñas, hace relativamente pocos años, en el centro de Moscú se celebra una feria benéfica, donde se venden dulces, juguetes de madera –sin que falten las “matruskas”- barro, fotografías antiguas y películas de Navidad, además de que también se organizan conciertos festivos a favor de los discapacitados y los veteranos de guerra.

El príncipe Rajak Kadjieff –originario del Cáucaso, de donde son los cosacos de los ríos Volga y Don- contaba que la Navidad era una época especial en Rusia, con sus propias tradiciones, alguna comida, algún tipo de música, algún “ritual”, pequeñas cosas que hacen que esa época del año sea tan sentida sus habitantes, y algo que los distingue cuando se encuentran lejos de él.

“Esas costumbres y tradiciones, con las que se crece –decía el noble cosaco-, son las que se quedan arraigadas en el corazón y enamoran de una nación como la mía, en la que nací, y es lo que le da la identidad y la hace especial y única en el mundo”.

Bien se sabe que Rusia es un país cargado de tradiciones, muchas de ellas hermosas como la Navidad, época en la que el ambiente alegre y festivo se siente en cada hogar, porque, al igual que en la mayoría de los países del mundo, en ese enorme país la casa se decora de una manera especial, con adornos de fabricación artesanal.

Incluso son piezas de colección que, entre más antiguas sean, son más valiosas y a través de ellos se puede conocer la historia nacional, y esto se debe a que, cuando se hacían las series, era algo temático, con posibilidad de encontrarlas en el extraordinario y majestuoso Metro de Moscú, anteriores a la época soviética.

Son famosas las colecciones de adornos de Navidad rusos, ya que estos se volvieron también parte de una tradición familiar que va de generación en generación, con espacial dedicatoria a los niños que las disfrutan mucho, en una época que, para ellos, se convierte en la mejor del año.

Santa Claus, Papá Noel o Ded Moroz, en ruso, es uno de los personajes más esperados en muchos países, pues llega cargado de regalos, aunque en la mayoría de los países latinos, con fuerte influencia cristiana, se espera al niño Jesús o al niño Dios, a quien le atribuyen esta misión de repartir presentes.

Kadjieff hacía notar que los tradicionales villancicos de los países de occidente ya eran sustituidos a mediados del siglo XX por las koliadki, las canciones eslavas de felicitación navideña y era común encontrar personas vestidas con trajes regionales cantándolas por las principales calles de las urbes rusas, donde se podían adquirir objetos para esa celebración, tan importante para sus habitantes que, desde el remotísimo pasado, guardan sus traiciones como pocos en el mundo.

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