LIBROS DE AYER Y HOY: POLICLETOS O POLICÍAS FILÓSOFOS

0
60

Teresa Gil

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

La sátira de Gilbert K. Chesterton en El hombre que fue jueves  representa el ideal del personaje que puede cuidar la seguridad ciudadana: poetas, científicos, escritores, filósofos. Obra en la que Alfonso Reyes, traductor y autor del prólogo, se debe de haber divertido de lo lindo si es que no se cimbraba  de la risa. En la disyuntiva militares o policías, los que están por la segunda opción no aspiran a tanto como en la famosa obra del inglés. Con que les presenten  a cuerpos policiacos eficientes  y honestos es más que suficiente. El recuerdo -que ya lo he mencionado alguna vez-, del antiguo policía que recorría los barrios y colonias y se hacía amigo de vecinos y parroquianos, ha pasado a la historia con el crecimiento de las ciudades. Lo que se acercaba eran los policletos, policías a los que la verba alburera calificó así porque andaban en bicicleta. En mi colonia yo contemplaba desde la ventana, los chalecos antibalas tendidos en los árboles porque se habían mojado con la lluvia. El aprecio se esfumó cuando vi a uno de de ellos persiguiendo a balazos a un ladronzuelo que se robaba la batería de un carro. Una bala le pasó rozando a mi hija. Ante la rapidez con la que se pretende legalizar la participación del ejército en la seguridad interior, surgen  preguntas también urgentes: ¿que pasará con la policía? Con la presión militar que se ha dado, ¿qué papel están jugando las cabezas de las corporaciones policiacas, cuál es su postura y que va a pasar con ellos que deben de ser  los que realmente se encarguen de nuestra seguridad interior? Con el reforzamiento que hizo la jefatura de gobierno de la CDMX en enero pasado de todos los artilugios del llamado parque vehicular y  el equipo que usan las fuerzas policíacas – patrullas, armas, chalecos antibalas, motocicletas, camiones, ambulancias, cascos, escudos, etcétera-, Miguel Ángel Mancera hizo una declaración que se espera no haya sido demagógica: “No queremos al Ejército patrullando la Ciudad de México, ni a la Marina, ni a la policía federal. Aquí tenemos a nuestra policía que es la que se encarga de cuidarnos”. El hombre que fue jueves (Losada S.A., producida por Editorial Oceano de México S.A. De C.V. 1998) aborda la doblez  que  hace coincidir las verdaderas intenciones de distintos grupos humanos. Los personajes, presuntos anarquistas que luchan para destruir a un gobierno establecido, son en realidad policías  de ese gobierno, miembros de Scotland Yard, que se han disfrazado de anarquistas. En la vida real pasa mucho, sobre todo con esos demagogos que escuchamos a diario ofreciendo maravillas al pueblo, cuando los resultados son otros.  El gran Chesterton, que en realidad era un  cínico católico, juega con esa visión doble de lo que representa la seguridad en un gobierno establecido. Situación que vislumbramos y sufrimos a diario en México en el que sectores que deberían de cuidarnos, son aliados de la delincuencia, torturadores y violadores constantes de los derechos humanos. Pero el escritor trata de idealizar lo que sería una verdadera policía, al describir guardias egresados de las mejores universidades de Inglaterra, con títulos de filósofos  y otras especialidades.  Muchos mexicanos que quieren al ejército en los cuarteles y se pronuncian por una policía bien preparada, no esperan que ésta, como en la obra de Cherterton, puedan “hojeando un libro de sonetos, adivinar un crimen futuro…”. O que, “asistiendo a los tes artísticos para descubrir pensamientos pesimistas”,  deban “remontar hasta el origen de esos temerosos pensamientos que conducen a los hombres al fanatismo intelectual, al crimen intelectual”. Y tampoco creen que los policías mexicanos puedan algún día para evitar un asesinato, “comprender plenamente el sentido de un tresillo musical”. Pero algo será algo.

Comentarios

comentarios