MADRID, ESPAÑA.- Según el Ministerio de Cultura de España, desde 2012 los libros de más de 500 páginas han caído 44,6%, mientras que los de menos de 100 páginas subieron 14,5% y pasaron a representar el 40% de lo publicado en 2024. Un estudio de The New York Times sobre 3.444 títulos del “top 3 semanal” entre 2011 y 2021 concluye que “los bestsellers nunca han sido tan cortos”.
Lo que antes parecía una rareza editorial se ha convertido en paisaje habitual: volúmenes de 11 × 17 centímetros, unas cien páginas, PVP entre 8 y 10 euros, colocados estratégicamente donde antes solo había marcapáginas o postales. La pregunta ya no es si existen estos libros diminutos, sino cuánto han crecido como segmento de mercado y por qué las editoriales los multiplican.
El fenómeno tiene nombre propio: tiny literature. Pero el término abarca más que simple brevedad textual. Celia González (FUTURO Imperfecto, Lorca) y Pablo Cerezo (codirector de Pérgamo, Madrid) describen un patrón de comportamiento recurrente en punto de venta: compra por impulso en caja, similar a la lógica de productos pequeños en la fila del supermercado. El minilibro opera como objeto “comprable” porque su formato físico (11 × 17 cm, entre 4 y 5 centímetros menos de ancho y alto que el estándar editorial) evita que una obra breve “parezca un panfleto”.
En 2017, el lanzamiento de Nuevos Cuadernos de Anagrama recuperaba un formato de los años noventa. Ocho años después, “prácticamente todas las casas” tienen una línea equivalente. Los ejemplos concretos ilustran posicionamientos diversos por sello: Altamarea con una línea de minilibros de mujeres y pensamiento político, La uña rota con teatro, Libros del KO con Hooligans ilustrados, Periférica con “grandes longsellers” en formato reducido, Taurus también, Poesía Portátil con poesía, Acantilado con tradición de pequeño ensayo, Niños gratis con colección Asterisco. Libros del Asteroide inauguró su colección a partir de El accidente de Blanca Lacasa, propuesto y encajado por tamaño según Luis Solano, editor del sello.
El empuje no se limita a narrativa breve. También aparece un auge del “miniensayo” como producto especialmente oportuno. El caso de Endebate, colección de pensamiento de Debate lanzada hace poco más de un año. El beneficio productivo es la velocidad: tiempos de producción más cortos permiten responder a temas de relevancia inmediata.
El minilibro encaja en esa lógica de consumo orientada a volumen. Leer cien páginas permite marcar un título como “terminado” sin la fricción temporal que supone un ensayo de cuatrocientas páginas. La pregunta abierta es si estos lectores vuelven después al “catálogo profundo” que promete el miniensayo, o si el formato acaba operando como sustituto permanente de la lectura más densa.
Si el minilibro reemplaza permanentemente la lectura densa en lugar de complementarla, la estrategia editorial puede generar ingresos inmediatos pero erosionar la capacidad de construir lectores con paciencia para obras de mayor extensión y complejidad argumental
AM.MX/fm
