martes, febrero 27, 2024

Última frontera del gran nómada mesoamericano

Adrián García Aguirre / Zamora Pico de Oro, Chiapas

* Persecución y acoso a las grandes especies.
* Dudas y preguntas sobre el trazo del Tren Maya.
* La autoridad no se ha acercado para exponer el proyecto.
* No han llegado las campañas de información de ningún tipo.
* El jaguar está entre las víctimas del avance ferroviario.

En medio de la oscuridad de la noche selvática que cae sobre los expedicionarios que conduce Daniel Saturnino Moreno Guzmán, aparece un debate lejano, y es que entre los defensores del jaguar, el Balam de los aborígenes, han surgido divergencias.
Una minoría asegura que supondrá más recursos y vigilancia para el bienestar del felino, otros defienden que después de la deforestación, el tráfico y el desarrollo urbano, las vías del tren se convertirán en otra frontera, quizás la última, para el gran nómada de Mesoamérica.
Un defensor del Tren Maya entre los activistas del jaguar es el más célebre de ellos es Gerardo Ceballos González, quien con visión de negocios participa en el proyecto diseñando los pasos de fauna a lo largo de mil 500 kilómetros de recorrido.
Ceballos ingresó como “asesor voluntario” en enero de 2019 y, un año después, obtuvo un contrato a título personal por casi diez millones de pesos para la elaboración del estudio técnico.
La decisión de Ceballos, según varias fuentes consultadas, no le pareció “positiva” a la mayor parte de los miembros: “Somos varios los que no estamos de acuerdo”, dice uno de ellos de manera anónima para evitar represalias profesionales.
El mal llamado Tren Maya es una iniciativa arrancada desde la transición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con el objetivo de “mejorar la calidad de vida de las personas, cuidar el ambiente y detonar el desarrollo sustentable”.
El papel para este megaproyecto consiste en coordinar las estrategias económicas, sociales, ambientales y culturales; aunque se define como un “instrumento estratégico para el desarrollo de la inversión turística”.
Al frente del plan ferroviario está Rogelio Jiménez Pons, proyectado desde 2018, y quien a finales de ese año sostuvo una reunión para escuchar y explorar las propuestas de Gerardo Ceballos, mal vistas por los genuinos ambientalistas y defensores de los bienes, entre otros el jaguar y más especies de mamíferos mayores que habitan los territorios propiedad de los habitantes originarios de la nación.
A diferencia del león africano o el tigre asiático, la panthera onca no acostumbra atacar a los visitantes, sino que observa desde lo alto, en un punto lejano a quienes entran en sus dominios.
Si el guardian de la selva, Daniel Saturnino, se ha cruzado por casualidad con dos jaguares en menos de veinte años, era improbable que en esta ocasión su caravana lo hiciera en pocos días; pero lo inaudito de estos encuentros, es también lo que los hace memorables.
Daniel Saturnino compartía las impresiones de esas ocasiones en el que Balam, “el señor de la selva”, da permiso para mirarlo cara a cara, a veces con muestras explícitas de que se sabe el rey, como cuando se activó una trampa de lazo que instaló cuando llegó con su equipo.
El amigo de la montaña dice que el jaguar más que rugir, ronronea en la noche para comunicarse, como si pidiese a los humanos alejarse de su territorio, que dejen de interrumpir su ciclo de vida.
El monarca de la espesura, como ha dicho Daniel Saturnino Moreno, quiere seguir representando a la selva de Mesoamérica invadida sin su permiso; pero al cuidado de personajes que la hacen grande, defendida por seres nobles como él y las etnias vigilantes.

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