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Hubo muchos niños entre las víctimas. Cifra oficial: 32 muertos, cifra extraoficial: más de 100. A esconder sus muertos para poder seguir trabajando

                                                                               José SÁNCHEZ LÓPEZ

En el mercado de juegos pirotécnicos más seguro del mundo, según las autoridades, era otro día más. Si acaso tenía algo de especial era el esperado arribo de los payasos “Los Destrampados” del programa “Venga la Alegría” de TV Azteca, que ofrecerían un show y darían autógrafos en uno de los puestos del tianguis.

 Esa  era la causa de la presencia de muchísimos niños, más que en un día común, en el tianguis “San Pablito” del pueblo de Tultepec, denominado “La Capital Nacional de la Pirotecnia”, donde los “cueteros” pensaban vender al menos 100 toneladas de artefactos pirotécnicos durante la temporada decembrina.

 La cita de “Los Destrampados” estaba programada para el mediodía, pero llegaron después de ocurridas las explosiones que destruyeron 250 de los 300 puestos que conformaban el mercado de cohetes “más seguro de Latinoamérica”, según Juan Ignacio Rodarte Cordero, director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia.

 El pasado 5 de agosto, el funcionario declaró públicamente que el tianguis de pirotecnia de “San Pablito” era el más seguro en Latinoamérica, con puestos perfectamente diseñados y con los espacios suficientes para que no se diera una conflagración en cadena en caso de un chispazo”.

 La atroz realidad fue otra.

 Hasta el momento no se sabe cuál fue la causa que originó la conflagración, ocurrida a las 14.50 horas de ayer, que dejó un saldo mortal de 32 personas muertas, muchos de ellos niños; 71 lesionados, de los cuales 10 de extrema gravedad, con quemaduras en un 80 por ciento y más de medio centenar de desaparecidos.

 Una versión de los mismos coheteros, hasta el momento no confirmada, señala que uno de los tantos niños visitantes, jugaba con unas piedras y unos cuetes que traía en las manos, cuando repentinamente saltó la chispa y prendió los cohetes, mismos que, espantado, arrojó el menor y fueron a caer en uno de los puestos.

 Ello fue el inicio de cuando menos una serie de seis explosiones, que originaron enormes llamas, mismas que arrasaron con los cientos de puestos que estaban atiborrados con toda clase de explosivos.

 En cuestión de segundos, dicen algunos de los visitantes y puesteros que resultaron ilesos,  entre ellos la señora Crescencia Francisco García,  la situación de tornó dantesca.

 “Todo estaba prendido. Todo estaba explotando, las piedras salían volando, pedazos de tabique, todo estaba volando”, dijo.

 El sitio se llenó de truenos, llamas y humo. La desbandaba fue general. Todo mundo trataba de ponerse a salvo, incluso se veía a gente que corrían en llamas, desesperados, que se arrojaban al suelo tratando de apagarse ellas mismas.

 Los estallidos se escucharon a kilómetros de distancia  y las gigantescas columnas de humo se podían apreciar desde muy lejos, a la vez que se cimbraban los vidrios y paredes de las construcciones cercanas.

 Las explosiones fueron de tal dimensión, que derrumbaron por completo los puestos y calcinaron varios automóviles estacionados en la zona. Entre los escombros y a la luz del día, era posible no sólo apreciar cuerpos sin vida, sino restos mortales esparcidos a lo largo y ancho de un área de 500 metros.

 Bastaron unos cuantos minutos para que los cuerpos de emergencia médica y personal de la Base de Operaciones Mixtas (soldados, marinos, federales, estatales y municipales), cientos de socorristas, rescatistas, médicos y policías llegaran al lugar a prestar auxilio.

 El lugar fue declarado zona de desastre y se acordonó, cerrando las vialidades, de tal manera que el paso de vehículos, lo mismo de emergencia que de vigilancia se dificultó y con ello el auxilio a los afectados.

 Simultáneamente la ciudadanía también reaccionó, como en todos los casos de desastre y vecinos de las colonias, comunidades y desarrollos cercanos y otros no tanto, comenzaron a llegar y a colaborar en el auxilio y rescate de las víctimas.

 Conforme transcurrieron las horas el número de víctimas fatales fue aumentando.

 En el lugar, fue posible localizar a 26 personas que habían muerto a causa del siniestro, mientras que muchas otras fueron llevadas a los hospitales más próximos.

 Los heridos quedaron internados en nosocomios de Lomas Verdes, Tultitlán, el Hospital de Especialidades de  Zumpango, la Cruz Roja de Polanco, en la Ciudad de México, entre otros.

 Más tarde se sabría del deceso de seis personas más y que tres menores, debido a la gravedad de sus quemaduras, serían trasladados al hospital de especialidades Shrines, en Galveston, Texas, gracias a la fundación Mcihou y Mau, de Virginia Sendel de Lemaitre, para que puedan recibir una mejor atención médica.

 Con el paso de las horas llegó la obscuridad y se dificultó más aún el auxilio y rescate de las víctimas.

 Miembros del Consejo de Participación Ciudadana de diversas juntas de vecinos, entre ellos de la Región 27, Hacienda del Jardín Segunda y Tercera, se sumaron para ayudar.

 Entre ellos las señoras Katy, Norma, don Miguel y otras personas más, así como varias chicas de un autolavado de dichos fraccionamientos, se dieron a la tarea de reunir agua, alimentos, vendas, gasas, alcohol, medicinas y todo lo que pudiera ser de ayuda para los afectados.

 Para llegar más rápido al lugar del siniestro, se tuvo que cortar la malla ciclónica, hacer un hueco y de esa manera cruzar al otro lado del Circuito Mexiquense y poder hacer constantes viajes en motos.

 Por ese hueco comenzaron a cruzar decenas de vecinos a sumarse al auxilio de las víctimas.

 La obscuridad y las llamas daban un aspecto siniestro al lugar y las y los voluntarios, algunos con lámparas, caminaban entre los escombros tratando de localizar a más personas.

 -La sensación era horrible, dijo Norma, una de las voluntarias, pues lo mismo caminábamos pisando ladrillos, piedras, que fierros retorcidos y a veces “algo blando que no sabíamos que era”.

Dijeron que les parecía escuchar sollozos, quejidos, llantos, pero la obscuridad les impedía caminar entre los escombros, por lo que no pudieron hacer más.

 De manera oficial se habla de 32 personas muertas, 71 lesionados y 51 desaparecidos, aunque para el secretario de gobierno del Estado de México, José Manzur Quiroga, no hay desaparecidos, “pues las personas que se reportaban como desaparecidas, fueron localizadas por sus familiares en hospitales de emergencia”, aseguró.

 Al respecto, lugareños de Tultepec dedicados a la pirotecnia, cuyos nombres pidieron guardar en el anonimato, dijeron que el número de muertos y desaparecidos es mayor al que dicen las cifras oficiales.

 

Explicaron que cada vez que ocurre un siniestro (en este año van cuatro en dicho tianguis y son ya tres veces las que, prácticamente ha desaparecido el mercado luego), los mismos puesteros se llevan a sus heridos y a sus muertos, antes de que lleguen las autoridades, sobre todo de la Secretaría de la Defensa Nacional.

 Lo que pasa, detalló uno de los entrevistados, es que lo primero que hacen, luego de identificar al lesionado o al fallecido, es tomar nota para anular el permiso y así no podemos seguir con nuestro oficio que es la principal fuente de trabajo, por eso preferimos cargar con nuestros muertos y seguir trabajando, puntualizó.   

 Hasta el momento, continúan los montones de escombros, pero ya nadie busca, solamente esperan el arribo de la maquinaria pesada para remover las ruinas y dar por terminado el fatal siniestro.

  Por su parte, el gobernador Eruviel Ávila Villegas y Armando Portuguez Fuentes, alcalde de Tultepec, se presentaron al lugar para declarar que lamentaban lo ocurrido, dar su pésame a los deudos, garantizar que los gobiernos estatal y municipal correrían con toda clase de gastos y asegurar que se llegaría “hasta las últimas consecuencias para encontrar al culpable de la tragedia”.

 Irónicamente, en el lugar de la tragedia lo único que quedó en pie y en alto, entre pilas de escombros, es un poste con un letrero en el que advierte: ¡No fumar!

AM.MX/fm

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