sábado, abril 13, 2024

TEXTOS EN LIBERTAD: Cerró por 14 años el museo, pero están los libros

José Antonio Aspiros Villagómez

 

En noviembre y diciembre próximos, se cumplirán 45 años de que este tecleador visitó por primera vez tierras germanas invitado por el gobierno de Alemania Federal. Cuando fuimos, existía simultáneamente en parte de su territorio la República Democrática Alemana, controlada por la URSS desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.

Nuestra estancia de 16 días incluyó actividades en Frankfurt, Bonn, Colonia, Hamburgo, Hanover, Wolfsburg, Berlín y Múnich, y algunos traslados fueron en un espléndido ferrocarril de pasajeros, un  servicio de cuyo retorno a todo México tiene planes nuestro gobierno y esperamos con ansiedad.

Hemos escrito mucho acerca de aquella primera visita a Alemania y a otros países en diversos momentos, pero nos faltaba referirnos al impresionante y ya centenario Museo de Pérgamo, que conocimos en Berlín oriental, al otro lado del Muro. Tal vez convenga recordar que entre 1961 y 1989 la actual capital alemana estuvo dividida por un grotesco muro prácticamente carcelario, construido por los soviéticos, y que la Puerta de Brandemburgo, donde también estuvimos con un permiso especial, ahora es un ícono del fin de la Guerra Fría.

El Museo de Pérgamo, que estará cerrado durante 14 años a partir del 23 de octubre de 2023 debido a una remodelación, es en realidad un conjunto de tres museos, entre ellos el del Cercano Oriente que fue el que conocimos y está catalogado en su sitio web como “uno de los museos de antigüedades orientales más importantes del mundo”1 junto con el Louvre y el Británico, tal vez por la cantidad e importancia de los expolios que exhiben, y que en algunos casos se niegan a devolver a los países de origen.

Los otros dos museos son el de Antigüedades Clásicas con objetos griegos, etruscos, chipriotas y romanos principalmente, y el de Arte Islámico, con obras de esa cultura procedentes de diversas regiones desde España hasta India, con énfasis en Medio Oriente, Egipto e Irán.

Se llama Museo de Pérgamo porque del antiguo reino llamado así y que estuvo en parte de la actual Turquía, en 1879 un ingeniero alemán que construía caminos sacó con permiso del gobierno otomano el impresionante altar de Zeus que, ya reconstruido, pudimos admirar en Berlín hace 45 años.

Gracias al libro Pérgamo (RBA Editores México, 2018), escrito por Juan Piquero Rodríguez para la National Geographic, sabemos que Carl Humann, el ingeniero mencionado, se enteró por casualidad que los lugareños usaban el mármol de los vestigios arqueológicos para fabricar hornos de cal, y se propuso rescatarlos. Consiguió apoyo financiero de su país y se llevó en barco frisos y estatuas hasta Berlín, donde a su regreso fue recibido como héroe.

Pérgamo fue en el Mundo Antiguo un centro cultural helénico donde estuvo custodiado un tesoro a la muerte de Alejandro Magno, y es una zona rica en vestigios arqueológicos que siguieron explorándose. Para rehacer pieza por pieza el altar de Zeus, el gobierno alemán dispuso construir el Pergamonmuseum, que pudo ser inaugurado hasta 1930, años después de la Primera Guerra Mundial (1914-1919).

El texto de Juan Piquero explica que, para asegurar la integridad de esos vestigios, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fueron trasladados a San Petersburgo.

TAMBIÉN MESOPOTAMIA

         Otro de los diversos tesoros que admiramos en aquella inolvidable visita al multicitado museo, fue la puerta de Ishtar, procedente de Babilonia en la Mesopotamia. Fue construida por disposición del rey caldeo Nabucodonosor II entre los años 605 y 562 a.C., y descubierta por el arqueólogo alemán Robert Koldewey en 1902.

Nabucodonosor, gobernante durante 43 años,  también construyó los Jardines Colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo, pero no en Babilonia como se nos ha enseñado, sino en Nínive, según nos ilustra el experto en antigüedad histórica J. M. Sadurní en un artículo al respecto para National Geographic, como en el caso anterior.2

De Babilonia tenemos varios conocimientos, algunos de ellos míticos gracias al primer libro de la Biblia, el Génesis, y a los autores clásicos, pero fue a raíz de los hallazgos arqueológicos desde finales del siglo XIX cuando comenzó a construirse la fascinante historia que corroboró o modificó aquellos relatos.

En el caso de la puerta de Ishtar, el experto Juan Luis Montero dice en el libro Babilonia –para seguir con uno de los muchos títulos que sobre arqueología publicó hace pocos años National Geographic (RBA Editores México, 2019)– que era la entrada principal a la ciudad considerada por sus habitantes como “capital de un imperio universal”, y que Nabucodonosor consagró a la diosa del amor, la guerra, la vida y la fertilidad.

Esa puerta, que ya no podrá verse sino a partir de 2037 cuando reabra el Museo de Pérgamo, está decorada con toros, dragones y ladrillos de adobe y cerámica lapislázuli, que Koldewey desmontó y sacó rumbo a su país a través del río en –dice Sadurní– fragmentos escondidos en barriles de carbón.

Una vía procesional con grandes muros a los lados cruzaba la puerta de Ishtar y también fue reproducida en el Museo de Pérgamo entre 1929 y 1930, pero con dimensiones menores a las originales y unas almenas de cuya existencia en el pasado no hay testimonios, lo cual provocó la inconformidad de Walter Andrae, en ese tiempo arquitecto de la misión germana en Babilonia.

Dice Montero en su libro que, en 1978, por sus “delirios de grandeza” el presidente de Irak, Sadam Husein, emprendió un “desacertado intento” de reconstruir Babilonia, aunque que su información no va más allá que decir que se trató de un “ambicioso proyecto” para convertir la antigua ciudad en “un símbolo del nacionalismo iraquí”.

Pero se supo que tras un embargo a causa de su invasión a Irán, Husein tuvo que abandonar aquel plan con el que buscaba “construir un culto a la supremacía iraquí con él a la cabeza”, como lo mencionó en 2018 Paul Cooper en un amplio artículo histórico divulgado por la BBC de Londres.3

No encontramos noticias de que los fanáticos fundamentalistas del Estado Islámico hayan dañado Babilonia cuando destruyeron sitios históricos de Siria e Irak en la década pasada, pero sí que en el remoto pasado los asirios buscaron arrasar con todo lo habido cuando invadieron Mesopotamia, el lugar donde nacieron la historia y la civilización, así como varios relatos bíblicos.

Hay mucha historia detrás de estos sitios y bastantes tesoros dentro del Museo de Pérgamo, de todo lo cual estos párrafos sólo son un pálido esbozo con la esperanza de interesar a los lectores a que le busquen más por su cuenta. Hay libros.

1https://www.museumsportal-berlin.de/de/museen/vorderasiatisches-museum/

2https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cinco-cosas-que-tal-vez-no-sabias-puerta-ishtar

3https://www.bbc.com/mundo/vert-cul-43971404

 

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